jueves, 7 de mayo de 2015

CONSEJERIA PASTORAL.MINISTERIO A LOS AFLIGIDOS


La crisis más grande de la vida es la muerte. Agita las emociones como ninguna
otra experiencia. Su fuerza poderosa es descrita en una sola relación en las
siguientes palabras:
La muerte hace a una relación lo que Dios no permite que ningún hombre haga.
La muerte separa. Cuando esto sucede, la aflicción es inminente como una
crisis dolorosa. El matrimonio hace de un hombre y una mujer una carne. La
muerte rompe esa unidad. La muerte de uno deja al otro como un mero
fragmento de una persona. Esa experiencia de fragmentación es conocida por
nosotros como aflicción.f101
El presente estudio está interesado en las reacciones de los que quedan
después de la muerte de un amigo o un ser querido. Uno no debería estar
interesado solamente por la adecuada y apropiada disposición de los restos
físicos de la persona que ha muerto, sino también por un ministerio adecuado
para los que están afligidos.
Definición del dolor
La forma en que una persona reacciona ante la muerte de alguien que ha sido
importante en su vida es comúnmente llamado sentimiento de duelo o dolor.
Esta reacción puede variar de una angustia extrema del espíritu, en la que la
persona llora libremente, o puede ser un sollozo ahogado. A veces hay
personas que no manifiestan dolor. El dolor ha sido descrito como ansiedad
por una pérdida significativa.f102
Otros se refieren al dolor como una fuerza destructiva que es violenta en sus
ataques e inflexible en su persistencia.f103 Esto envuelve la separación de los
seres queridos, que causa una pérdida profunda que la persona siente por un
largo período.
Síntomas de dolor
El dolor tiene síntomas o manifestaciones tanto físicos como emocionales.
Quizá el estudio más completo en esta área ha sido logrado por Erich
Lindemann, un siquiatra de Boston, que estudió las reacciones de dolor en las
personas cuyos familiares y amigos perecieron en un accidente que destruyó el
Club Nocturno Coconut Grove en 1942.f104 Lindemann dice que los síntomas
más severos de aflicción vienen de diez días a dos semanas después de una
tragedia.f105 Los síntomas físicos son una sensación de estrechez en la garganta,
ahogo con dificultades en la respiración, suspiros, una sensación de vacío en el
estómago y una falta de fuerza muscular. Los disturbios respiratorios resultan
frecuentemente cuando la persona es alentada a hablar acerca de su pérdida.
Algunos se quejan de que no tienen apetito y que tienen que forzarse para
comer. Dicen que la comida no tiene sabor o que sabe a arena.
Freud realizó estudios de las reacciones del dolor y enumeró las características
emocionales de la aflicción como
(1) una melancolía profundamente dolorosa,
(2) la anulación de los intereses en el mundo exterior,
(3) la pérdida de la capacidad para amar, y
(4) la inhibición de toda actividad.f106 Estas reacciones serán
mencionadas más detalladamente en las páginas siguientes.
El propósito del dolor
La mayoría de las personas están muy perturbadas durante el proceso de la
aflicción porque tienen muy poco control sobre la expresión de sus emociones.
No pueden entender qué les está sucediendo. Temen poder estar perdiendo la
cordura. Algunos se esfuerzan por retener las lágrimas, aunque les gustaría
realmente permitir que salieran.
La investigación moderna en el área de las reacciones del dolor nos ha ayudado
a ver que hay una cierta cantidad de “trabajo de dolor” que una persona tiene
que hacer después de experimentar una pérdida por la muerte. Es a través de
esta experiencia que una persona se libera a sí misma de la relación íntima que
ha existido y vuelve a invertir su capital emocional en nuevas y productivas
direcciones para la conservación de la salud y bienestar de su vida futura en la
sociedad. Las lágrimas son “válvulas de presión” de la naturaleza y tienen el
efecto de aliviar y calmar al doliente.f107 La descarga lacrimal puede resultar del
dolor emocional tanto como del dolor que evoca el derramamiento de lágrimas.
Cuando los estímulos de aflicción, decepción, enojo o gozo abrumadores
exceden la tolerancia del organismo, el estado resultante de tensión es aliviado
por una liberación de energía de varios órganos o sistema de órganos que
anulan la tensión.”f108
EL PROCESO DEL DOLOR NORMAL
Jackson establece que las reacciones del dolor pueden estar condicionadas en
cuatro formas:
(1) por la estructura de la personalidad del individuo;
(2) por los factores sociales que están en función con relación al
individuo;
(3) por la importancia del difunto en la vida del sobreviviente; y
(4) por la estructura de los valores del individuo.f109
Es posible predecir cómo alguien va a reaccionar al dolor por el tipo de
personalidad que se tiene. “La persona que es inmadura y dependiente, en su
esfuerzo por compensar sus sentimientos de insuficiencia personal, exagera su
inversión en las emociones para apoyar a otros, y es así más vulnerable
emocionalmente a la pérdida de su objeto amado.”f110
Etapas en el proceso del dolor
Depresión. La depresión es usualmente el primer enemigo amenazante para los
dolientes cuando viene la pérdida. Tendrán tiempo para sentarse y pensar en el
ser querido que se ha ido de esta vida. Se sentirán muy solos, especialmente si
están jubilados y tienen mucho tiempo disponible. Son frecuentemente los casos
en que el cónyuge puede intentar el suicidio con el fin de estar con la persona
querida que ha muerto. Cuando el pastor visita la casa de estas personas,
puede sentarse y hablar con ellas acerca del ser querido que se ha ido. Algunas
veces las personas querrán hacer preguntas acerca de la muerte, el cielo y la
vida en el más allá. Ellos pueden querer simplemente participar en
reminiscencias con el pastor acerca de las experiencias de años anteriores. El
pastor deberá sentir que este tiempo está bien invertido, porque está ayudando
a esas personas a que regresen a su vida normal.
Anhelo. Por el anhelo nosotros queremos decir que la persona desea revivir el
pasado o pasar largos períodos de tiempo pensando en que quiere ir a estar
con el ser querido que ha muerto. Son incapaces de hacer planes por sí mismos
para el futuro, porque la vida ha perdido su sentido para ellos. Esto está
relacionado estrechamente con la depresión. Las personas mayores tienden a
pasar más tiempo en esta etapa que las personas jóvenes. Los jóvenes y los
adultos jóvenes, más que las personas mayores, tienden a tener más habilidad
para involucrarse en su trabajo, lanzarse a nuevas aventuras en sus negocios y
establecer nuevas amistades.
Hostilidad. Una parte del proceso del dolor es la expresión de cólera que las
personas tienen por la muerte de alguien importante en sus vidas. Este enojo
puede manifestarse hacia los médicos y enfermeras, el empresario de las
funerarias o cualquier otra persona que tuviera algo que ver con el paciente en
los últimos días de su vida. El pastor escuchará acerca de los errores del
cirujano, del cuidado deficiente de las enfermeras en el hospital y las otras
formas en las que las personas no llegaron a la altura de las expectativas. El no
deberá tratar de defender a estas personas, más bien simplemente reconocerá
que es la forma del doliente para adaptarse a su pérdida.
A veces la persona está furiosa con el difunto. El esposo puede sentir que su
esposa lo ha abandonado dejándole con dos o tres hijos para educar. La
esposa puede sentir que su difunto esposo no hizo la adecuada preparación
para su familia en caso de muerte, o que sus negocios no estuvieran en orden.
Algunas veces las personas tienen dificultad en expresar su ira hacia la persona
que ahora está muerta. Cuando el matrimonio se ha caracterizado por
conflictos, la persona puede sentir que Dios lo está castigando debido a la
actitud expresada hacia el cónyuge mientras que estaba vivo. Los niños tienden
a sentirse culpables si han estado disgustados con un padre que muere de
repente. Sentirán que han contribuido a su muerte. Los padres a veces se
sienten culpables cuando un niño muere, porque tienden a sentir que no hicieron
todo lo posible para prevenir la muerte.
El pastor debe escuchar activamente a aquellos que comparten con él sus
sentimientos interiores. No debe tratar de persuadirlos a no sentirse así. La
mejor terapia es ayudarles a exteriorizar sus sentimientos. Cuando el pastor
comunica el mensaje a las personas de que él los acepta con sus sentimientos
negativos, esto facilitará que ellos confíen en él.
Culpa. Ya hemos mencionado la culpa en la sección anterior, porque algunas
veces la culpa viene inmediatamente después de la cólera. Los sentimientos de
culpa aparecen en la mayoría de las personas durante el proceso de resolver el
dolor. Se sienten culpables porque no hicieron lo suficiente por la persona en
los últimos días antes de la muerte. Hablan diciendo: “Ojalá hubiera llamado al
doctor o a la ambulancia antes.” Pueden mencionar una discusión que tuvieron
con el difunto en los años anteriores y que aún los hace sentirse culpables. El
pastor no tratará de persuadir a las personas a no sentirse culpables. En vez de
eso, contestará con empatía y les indicará que él entiende los sentimientos que
ellas están expresando. Hará respuestas que indican que está prestando toda
atención a la línea de pensamiento del que está hablando. Puede señalar las
cosas que la persona hizo, las que representaron interés, amor y servicio.
Aceptación de la pérdida y la reafirmación de la vida. La etapa final del
proceso del dolor es la de la aceptación. La persona con el tiempo se da
cuenta de que la vida continúa. Lentamente el afligido archiva los recuerdos de
las relaciones pasadas con la persona que ha muerto. Se aleja de la tristeza que
ha prevalecido desde el momento de la muerte. La persona separa los
sentimientos emocionales de la experiencia de la pérdida. Así, él o ella
comienza a hacer planes para el futuro que no incluyen a la persona muerta. La
persona puede hablar de mudarse a otra casa o hasta a otra ciudad e iniciar
nuevos negocios y aventuras sociales. El estímulo de lo nuevo es terapéutico
para ella.
Las personas que han estado casadas y han perdido a su cónyuge pueden
comenzar a hablar acerca de la posibilidad de desarrollar amistades con
personas del sexo opuesto. Pueden hacer referencias a su interés en encontrar
la oportunidad de conocer a nuevas personas. Deben ser animadas por el
pastor y otros que trabajen con ellas en los programas de la iglesia. Para
muchos la oportunidad de casarse de nuevo nunca llegará. En algunas culturas
puede ser considerado más bien inapropiado el que la viuda piense en el
matrimonio, mientras que se espera que el viudo se case después de un tiempo
prudente a la muerte de la esposa.
La aceptación de la pérdida sucede paulatinamente. La persona llega a
agradecer a Dios por la relación que tuvo en el pasado, pero reconoce que ya
no perdura esta relación. Algunos hacen una visita final y decisiva al cementerio
y expresan allí sus últimas manifestaciones del dolor. Un amigo mío me dijo que
hubo algo final y decisivo en su visita al cementerio dos años después del
entierro de su primera esposa. A los pocos meses él estaba casado de nuevo y
avanzando en nuevas direcciones en su vida.
Se dice que el proceso del dolor termina cuando la persona renuncia a su
anhelo por la persona desaparecida y acepta el mundo real sin ese ser querido.
El o ella se involucra en las actividades diarias sin pensar constantemente en la
persona que ya no estará presente. Afirma que la vida es buena y desafiante y
avanza hacia el futuro con una actitud de confianza.
Indicaciones anormales de dolor
Si una persona no es capaz de resolver su dolor en un período de seis meses a
un año, entonces hay la posibilidad de que el dolor se ha convertido en algo
patológico y destructivo.f111 La ausencia de manifestaciones de dolor y la
aflicción prolongada son ambas indicaciones de una necesidad de ayuda en el
manejo de la situación.
Una indicación del dolor anormal es cuando el afligido se rehúsa a reconocer la
pérdida. Se han reportado casos en que el doliente prepara un lugar en la mesa
a la hora de comer, para la persona que ha muerto, o rechaza prescindir de la
ropa y otros artículos del difunto. Algunos han escrito cartas al difunto,
actuando como si él estuviera de viaje. Otros van al cementerio diariamente; se
sientan y conversan con el difunto.
Otra manifestación de duelo anormal es cuando una persona se casa de nuevo
rápidamente. El viudo puede casarse con una buena amiga de la difunta, a fin
de pasar mucho tiempo conversando acerca de la persona que ha partido.
Puede buscar a alguien que se asemeje físicamente a la persona que ha muerto
o a alguien que esté comprometido en el mismo tipo de trabajo. Todas estas
acciones son indicaciones de que no ha resuelto su aflicción adecuadamente.
Otro indicio de duelo no muy sano es llegar a estar involucrado en una aventura
comercial muy súbita tomando riesgos innecesarios.
Las reacciones de la aflicción pueden ser retrasadas por varios meses. Cuando
una segunda persona de importancia en la vida del doliente muere, hay una
expresión excesiva de lágrimas y otras formas de dolor. En este caso la
persona está doliéndose de la primera pérdida en vez de la segunda. Algunas
veces se les dice a los cristianos erróneamente que ellos no deberán llorar si el
ser querido era un creyente, porque él se ha ido a un lugar mejor. Esta
enseñanza reprime la aflicción y hace necesario un trabajo de dolor en el futuro.
De otra manera el doliente puede manifestar síntomas sicosomáticos de
enfermedad.
Lindemann menciona nueve alteraciones en la conducta de la persona doliente a
las que llama “reacciones distorsionadas”.f112 Estas son:
(1) Hiperactividad, sin manifestar un sentido de pérdida;
(2) la adquisición de síntomas pertenecientes a la enfermedad del
difunto;
(3) una enfermedad médica reconocida, de naturaleza sicosomática, tal
como la colitis ulcerosa, la artritis reumatoide y el asma;
(4) una alteración en su relación con amigos y parientes;
(5) hostilidad furiosa contra personas específicas, posiblemente el
doctor o el cirujano;
(6) una alteración de la conducta que asemeja proporciones
esquizofrénicas;
(7) la pérdida por demasiado tiempo de patrones de interacción social;
(8) actividades que son perjudiciales a la existencia social y económica
de uno; y
(9) depresión excesiva con tensión, agitación, insomnio, sensaciones de
inutilidad, autoacusación severa, y una necesidad abierta de castigo.
Tales personas pueden intentar suicidarse.
Necesitan la compañía de amigos o familiares por un tiempo o ayuda
profesional para superar esta etapa de su dolor.
El papel del ministro con el doliente
La oportunidad de ayudar. El doctor Lindemann sugiere que la persona que
sufre una pérdida por muerte ordinariamente necesita de seis a doce horas del
tiempo de alguien para hablar acerca de su pérdida y adaptarse nuevamente a
la vida normal sin ese ser querido. El siente que el colaborador debe ser el
médico, pero reconoce que es imposible en la mayoría de los casos, porque los
médicos no disponen de tiempo. Los ministros y trabajadores sociales pueden
desempeñarse adecuadamente con los casos ordinarios del dolor y remitir los
casos más serios a un siquiatra.
Michaelson enfatiza el papel del ministro en esta circunstancia, en la siguiente
declaración:
¿Quién de todas las personas profesionales puede ayudar a un hombre
a bien morir? El médico, por supuesto, puede ayudarlo antes de la
muerte, pero al morir, es demasiado tarde. ¿Quién está allí para
administrar el bálsamo que puede reducir la picadura de la muerte? El
empresario de la funeraria puede poner cosméticos en la cara del
difunto y hacerlo parecer como si estuviera durmiendo. El médico
puede anestesiar a la persona y reducir el dolor de los últimos suspiros
del moribundo, y en esta forma reducir el aguijón de la muerte. Pero,
¿quién puede desafiar la cara de la muerte misma? Yo digo, con toda
posibilidad de ser acusado de orgullo profesional, que hay solamente
uno: el ministro. Solo él tiene lo que la Biblia llama “las palabras de la
vida eterna”, las cuales son al final, lo que el moribundo necesita.f113
Kean sugiere que el ministro no deberá esperar a ser consultado en casos del
dolor.f114 El deberá, más bien, tomar la iniciativa para ministrar, aunque las
personas pueden tratar de esconder sus sentimientos.
Algunos ministros encuentran dificultades en tratar con personas que sufren de
dolor. Cuando este es el caso, el ministro necesita hacer un estudio
concienzudo de su propia salud emocional. Posiblemente tiene problemas
latentes que necesitan ser tratados. Un ministro rehusó hacer varias visitas en el
hospital debido a sus reacciones emocionales severas en tales circunstancias.
Algunos pastores hacen arreglos para el funeral por teléfono y aparecen en la
escena justo a tiempo para el servicio. Luego desaparecen tan pronto como el
servicio ha finalizado. Estas son indicaciones de que el ministro necesita pasar
algún tiempo hablando acerca de sus propias dificultades relacionadas con la
muerte y el dolor.
El mensaje del funeral. Caben unas pocas sugerencias para el pastor con
relación al mensaje del servicio fúnebre. El ministro debe hacer un esfuerzo
para que a través del servicio fúnebre ayude a las personas a enfrentar la
realidad de la muerte y sus efectos. Declaraciones tales como: “El no está
muerto; se ha ido por un tiempo”, son inapropiadas. El pastor tampoco deberá
identificar la muerte como la “voluntad de Dios”. El objetivo primario del
mensaje funeral es ofrecer consuelo al afligido. Deberá ser una afirmación de
nuestras creencias cristianas en la vida después de la muerte y en el cielo como
morada de los creyentes por toda la eternidad. No necesita ser largo. Puede
referirse brevemente a la vida del desaparecido. Las referencias deberán ser
verídicas. Si la persona no vivió una vida ejemplar, no deben hacerse
referencias a este caso. El pastor hará bien en citar abundantemente la Biblia,
utilizando los pasajes que ofrecen esperanza en la vida futura.
El tiempo después del funeral. El período inmediato después del servicio
fúnebre ofrece oportunidades al pastor para servir como consejero. El ministro
debe mostrar interés genuino y comprensión. Debe facilitar la expresión libre de
cualquier emoción que tienen los dolientes.f115 También, puede ser dañino si les
dice a las personas que pongan manos a la obra, que dejen sus preocupaciones
atrás y que enfrenten el futuro valerosamente.f116 Generalizaciones como: “Todo
el mundo se recupera del dolor”, “De aquí a seis meses te sentirás diferente”, y
A su tiempo lo olvidarán”, no dan consuelo. Otra declaración que
comúnmente se escucha es: “Ella no está muerta de verdad. No la has perdido,
sino que la has ganado.” Intentos como estos para tranquilizar a la persona
tienden a hacerle sentir más el vacío.
El pastor debe darse cuenta de sus propias limitaciones al tratar con el doliente.
Debe estar consciente de la tendencia que las personas tienen de llegar a ser
demasiado dependientes de él. No debe cortar su relación con el doliente
repentinamente, pero tampoco deberá alimentar la dependencia de las personas
sobre él. Cuando visita a los que están en dolor, les puede decir que su visita
semanal será reducida a una visita cada dos o tres semanas, porque otras
personas están demandando su tiempo también.
EL MINISTERIO CON LOS QUE AMENAZAN SUICIDARSE
¿Quiénes intentan suicidarse?
Los estudios muestran que hay ciertas condiciones que viven las personas, que
hacen que los intentos de suicidio sean más frecuentes. Mencionamos algunas
de estas condiciones con el fin de que el ministro esté alerta a las cosas que
representan señales de alarma.
Aquellos que han experimentado el duelo recientemente. Las estadísticas
muestran que hay un número mayor de intentos de suicidio entre aquellos que
han perdido un padre o un cónyuge dentro de los dos años anteriores, que
entre la población en general. Los estudios también indican que hay cinco veces
más intentos de suicidio entre aquellos que experimentan el dolor que entre la
población en general.
Una de las razones para esta situación parece ser la falta de sistemas de apoyo
para ayudar a aquellos que han experimentado una muerte. Esto señala la
necesidad de que el pastor y las personas de la iglesia sean más agresivos en
ofrecer ayuda para aquellos que están en dolor.
Aquellos cuyos padres se han divorciado. El suicidio entre los adolescentes
es la segunda causa más frecuente de muerte violenta en los Estados Unidos,
después de accidentes automovilísticos y de motocicletas. Los estudios
muestran que una de las causas más frecuentes de intentos de suicidio entre los
jóvenes es el divorcio de los padres. El doctor Perry Gross, un cirujano en una
gran ciudad, declara que los jóvenes pueden ser lo suficiente inteligentes para
lograr entrar en universidades privadas, pero no pueden entender todo lo que
está en juego cuando sus padres les informan que están considerando el
divorcio. Esto crea tanta turbación en algunos de ellos, que creen que no hay
razón para continuar viviendo.
Los que tienen ciertas tendencias de la personalidad. Hay ciertas
características de la personalidad que parecen indicar una gran tendencia al
intento de suicidio:
(1) La personalidad obsesiva es una cuyo mundo tiene que funcionar en una
manera muy rígida y organizada. Si no lo hace, tiende a ser incapaz de
adaptarse. No tolera incertidumbre y flexibilidad.
(2) La persona con un historial de depresión emocional frecuentemente intenta
el suicidio. Esta persona vive bajo una nube oscura donde quiera que vaya.
Algún día puede actuar por sus emociones, e intentar ponerle fin a su vida.
(3) Otros intentan el suicidio debido a un sentimiento extremo de amor u odio
hacia otro. Leemos frecuentemente en los periódicos la cantidad de damas
jóvenes que se suicidan porque su enamorado las rechaza por otra. Se ha dicho
que el suicidio es el último acto de la cólera y la venganza.
Verdades y falsedades acerca del suicidio
E. S. Shneidman y N. L. Farberow han realizado investigaciones extensas con
personas que amenazan con el suicidio, y escribieron un libro definitivo sobre el
tema, titulado The Cry for Help (El Grito de Ayuda). Ellos registraron un
número de verdades y de falsedades de las personas que consideran intentar
quitarse la vida. Primero, hay un dicho común que dice que quienes hablan de
matarse nunca lo harán. Los hechos muestran que ocho de diez personas que
se suicidan previamente han dado pistas y advertencias acerca de sus planes.
Por lo tanto, debemos tomar una amenaza como algo serio. Segundo, la
persona que amenaza con el suicidio está jugando con la muerte, con la
esperanza de que alguien escuchará su grito de ayuda. Realmente, ellos no
quieren matarse. Tercero, las personas pasan por la etapa de pensar en
suicidarse. Cuando la crisis ha pasado, tienden a adaptarse de nuevo y
encaminarse en la vida con un propósito. Por lo tanto, nuestra tarea es
ayudarles a pasar la crisis inmediata que están enfrentando. Cuarto, el suicidio
no es más frecuente entre los ricos que entre los pobres. Los estudios muestran
que personas de todos los niveles socioeconómicos intentan quitarse la vida.
No es la enfermedad del hombre rico ni la maldición del hombre pobre.
Quinto, la tendencia a contemplar el suicidio no es heredada, como algunos
pretenden creer. Hay casos en los cuales varios miembros de una familia han
intentado el suicidio, pero no significa que sea una enfermedad o algo heredado
dentro de la familia. Sexto, la persona que intenta suicidarse no es un enfermo
mental necesariamente. Los estudios de casos de suicidio indican que la
mayoría de las personas que intentan suicidarse son miserablemente infelices,
pero no necesariamente están enfermas mentalmente.f117
El cuidado pastoral para la persona que intenta el suicidio
Esté alerta a las señales. Cuando el pastor está involucrado en sus visitas
rutinarias entre aquellos que están pasando por el dolor, entre los que están
deprimidos y los que tienen otras dificultades, debe estar alerta para captar
cualquier señal que indique que quizá la persona está contemplando la idea de
quitarse la vida. Contrariamente a la opinión popular, la persona no está
usualmente temerosa de hablar acerca de sus pensamientos. Recibe
gustosamente la oportunidad de compartir su agitación interior y está esperando
que esta persona intervenga de alguna manera para impedir su intento.
Usualmente, las personas desean que alguien las detenga. English y Pearson
hicieron esta observación acerca de los pensamientos suicidas:
Aunque (el paciente) puede ocasionalmente tenerlos y ocultarlos,
generalmente es muy franco acerca de ellos y recibe con agrado la
oportunidad de hablar acerca de ellos y busca protección de ellos. No
es dañino hablar acerca del suicidio porque la discusión no consiente en
la idea, ni tampoco ofende o hiere el orgullo de la persona. Si la
pregunta es formulada calmadamente y hecha en forma franca y abierta
junto con otras, no tiene significado especial más allá de una búsqueda
racional de información.f118
Ofrezca el cuidado pastoral con empatía. En visitas que el pastor hace entre
los miembros y miembros en perspectiva de la iglesia puede escuchar las
señales que le dan las personas. El siguiente relato muestra cómo una persona
joven habló abiertamente con un estudiante acerca de sus planes para
suicidarse. La madre del joven había estado enferma por algún tiempo. El era el
único medio de sostenimiento para ella y estaba sin trabajo en el momento
actual.
El siguiente relato recoge palabra por palabra el ministerio del estudiante:
Estudiante: Dices que estás sin trabajo.
Joven: Sí. He estado buscando trabajo por varios días ahora, pero
nadie desea contratarme.
Estudiante: Te encuentras muy desanimado debido a la enfermedad de
tu madre y la dificultad en conseguir trabajo.
Joven: Sí. Parece ser que todo y todos están en contra mía en este
momento. No sé qué hacer.
Estudiante: A veces sientes como si no hubiera solución a tus
problemas.
Joven: Sí. En realidad yo he decidido darme por vencido.
Estudiante: ¿Qué quieres decir?
Joven: Bueno, yo he estado conservando estas píldoras por varias
semanas, de las que el doctor le da a mi madre. Ahora tengo suficientes
para terminarlo todo. (Muestra un sobre que contiene píldoras.)
Estudiante: ¿Sientes que tu situación es desesperante?
Joven: Los médicos dicen que mamá no puede vivir mucho más, sólo
unos pocos días. Cuando ella se haya ido, si yo no puedo conseguir
trabajo, voy a tomar un puñado de estas píldoras y decir adiós a este...
mundo.
Estudiante: Bueno, yo sé que has tenido una época difícil con la
enfermedad de tu madre y no has tenido éxito en conseguir trabajo,
pero debes darte cuenta de que nosotros cuidamos de ti aquí.
Trataremos de ayudarte.
Joven: He estado durmiendo en un cuarto de la iglesia. Pero el pastor
me dijo que tenía que desocupar. Trasladé a mi madre la semana
pasada porque los olores de su enfermedad eran feísimos. Ella está
ahora en un hospital de caridad. El pastor dijo que yo era perezoso o
ya habría conseguido trabajo. Pero lo he intentado, realmente lo he
hecho. Ojalá alguien me creyera (empieza a sollozar).
Estudiante: Bueno, Tomás, yo te creo. Permíteme asegurarte que haré
todo lo que esté a mi alcance para ayudarte. ¿Por qué no me das esas
píldoras que tienes y me dejas guardarlas? Hablaré a mis amigos y veré
si pueden ayudarte.
El joven entregó las píldoras al estudiante pastor. Este estudiante y otros
contribuyeron para comprar comida para el joven. Dentro de una semana su
madre murió. Los estudiantes y los profesores le dieron dinero suficiente para
pagar los gastos del entierro de su madre. A los pocos días después del funeral
se fue a otra ciudad con la esperanza de encontrar empleo y estar cerca de
otros parientes.
El relato anterior muestra cómo las personas usualmente hablan abiertamente
acerca de las frustraciones que los fuerzan a contemplar el suicidio. Si el
consejero responde en una manera franca y abierta, sin parecer escandalizado,
la persona se sentirá en libertad y aprovechará la oportunidad de ventilar sus
sentimientos. Si el consejero reacciona con la idea de que este pensamiento es
escandaloso o un pecado grave, entonces la persona probablemente se
abstendrá de dar cualquier detalle adicional acerca de sus sentimientos o
planes.
Dé estimulo positivo realista. El estudiante fue sincero al ofrecer ayuda y lo
hizo. El pastor o auxiliador no debe ofrecer esperanza falsa con promesas no
realistas. Cada pastor necesita un fondo de emergencia de la iglesia que él
pueda administrar y de ese modo ayudar a las personas que están
desamparadas. El estudiante también alistó la colaboración de otros para el
joven y para los gastos del entierro de su madre. Usualmente el pastor puede
encontrar una fuente de esperanza que pueda ofrecer a la persona en crisis.
Cuando es apropiado el uso de recursos espirituales, no deberá vacilar en
ofrecer la lectura de alguna parte de la Biblia y orar con la persona en crisis.
Deberá también ofrecerse para comunicarse con amigos y parientes y animarlos
a darle un poco de atención especial por un tiempo, hasta que sea capaz de
enfrentar sus problemas. A veces hay grupos especiales en la iglesia a los que
les gusta visitar y ministrar a las personas que tienen necesidades especiales.
Recomiende buscar especialistas cuando sea indicado. A veces es necesario
remitir a la persona a un siquiatra o a una agencia de salud mental con el fin de
prevenir su intento de quitarse la vida. El pastor debe ser capaz de evaluar la
situación y decidir acerca del problema. Si no hay parientes o amigos que estén
disponibles para ayudar a la persona, el pastor puede tomar la iniciativa para
recomendarles que vayan a donde un especialista o a una agencia de caridad en
la comunidad. Cada país tendrá recursos diferentes y programas médicos de
caridad que varían dependiendo de su necesidad. Cobran una cantidad que es
proporcional a los ingresos de la persona o a los ingresos de la familia. Aunque
esta ayuda no es tan amplia como la que recibiría la persona si tuviera los
recursos para un hospital privado o un terapeuta personal, estas agencias
prestan un servicio valioso. Ayudan a la mayoría de las personas a superar la
crisis y enfrentarse con su situación en el futuro.
Qué hacer en caso de un suicidio verdadero
A pesar de todo lo que el pastor y los otros hacen para ministrar a alguien que
amenaza con suicidarse, probablemente el pastor tiene ocasión durante su
carrera para ministrar a los miembros de la familia de uno que se ha quitado la
vida. Pueden haber aparecido como las personas menos indicadas para hacer
semejante cosa y puede que no haya dado indicaciones de su angustia. Lo más
importante para hacer bajo estas condiciones es estar presente con los
sobrevivientes con el fin de que ellos puedan ventilar sus propias emociones.
Sorpresa, pena, ofensa, culpa, cólera, pueden mezclarse todos juntos y
demorar meses para disolverse. Estos parientes necesitarán varias horas del
tiempo del pastor u otras personas con el fin de que ellos se adapten a los
efectos de experiencia tan trágica. El pastor debe alistar laicos para ayudar que
deben ser entrenados para escuchar y participar en este ministerio. Debe
entrenarlos por unas semanas. Esto se puede hacer mientras los laicos
acompañan al pastor en las visitas que hace entre los miembros de su
comunidad.
El pastor debe ayudar a la familia que ha experimentado el suicidio animándola
a enfrentar su dolor abiertamente y sin tratar de esconder la verdad. El ocultar
información de esta naturaleza causa un efecto negativo sobre los miembros de
la familia. Ellos siempre se preguntan si la gente sabe la verdad cuando hablan
acerca de la muerte de su ser querido. Es mejor promover la salud mental y
espiritual admitiendo y enfrentando abiertamente lo que ha sucedido. En una
conferencia que dio una siquiatra en un hospital general, ella compartió
abiertamente la información que su primer esposo se había quitado la vida.
Luego, mencionó en privado que se sentía mucho mejor y dijo que en el futuro
ella tenía menos que ocultar. Esto provocó franqueza entre todos los miembros
del grupo.
A veces los miembros sobrevivientes de la familia tienen sentimientos intensos
de culpa acerca de sus fallas hacia aquel que se ha quitado la vida. Pueden
tener ira intensa, la que limita su eficacia en su trabajo. En este sentido
podemos decir que el suicidio logra su meta, porque trae sufrimiento a los que
sobreviven. Un buen ministerio pastoral ayuda a estas personas a lograr la paz
con ellas mismas y con el difunto y les anima a comenzar nuevas experiencias
estimulantes en el futuro. La mejor ayuda que puede dar el pastor es estar
dispuesto a escuchar y responder con empatía a los que comparten su culpa y
su enojo.

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