jueves, 3 de marzo de 2016

EL CORAZÓN DE LA BÍBLIA JUAN 3: 16










Por Pr Manuel A Morejón Soler -El Vedado, La Habana.
 
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)
El corazón de la Biblia
Todo el evangelio se centra en este versículo. El amor de Dios no es estático ni egoísta, sino que se extiende y atrae a otros. Dios establece aquí el verdadero molde del amor, la base de toda relación de amor. Si uno ama a alguien profundamente, está dispuesto a entregarle su amor a cualquier precio. Dios pagó con la vida de su Hijo, el más alto precio que se puede pagar por la humanidad. Jesús pagó el precio de nuestros pecados y luego nos ofreció una nueva vida que nos compró con su muerte.

Miserables ricos y miserables pobres
Hay personas se echan a morir porque viven una vida miserable, aunque la miseria humana nada tiene que ver con el dinero. Hay muchos ricos miserables que viven una vida existencialista porque creen que después de esta vida no hay nada más y otros que rechazan la idea de la eternidad porque han vivido una vida triste y miserable.
La vida eterna no es la extensión de la vida miserable del hombre, vida eterna es la vida de Dios encarnada en Cristo, que se da a todos los que creen como garantía que vivirán ricos en Cristo para siempre. En esta vida no hay más muerte, ni sufrimiento, ni dolor, ni demonios. Cuando no conocemos a Cristo tomamos decisiones pensando tan solo en lo que tenemos.
Creer, creer y creer para no perder
Creer es más que una reflexión intelectual de que Jesús es Dios. Significa depositar nuestra confianza en Él, como nuestro único salvador. Es poner a Cristo en todos nuestros planes presentes y en nuestro destino eterno. Creer es confiar en su Palabra y depender de él para cambiar.

Si nunca ha creído en Jesucristo haga suya esta promesa de vida eterna y dejará de tener una vida miserable.

@AlianzaCristian



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Cuaresma


La cuaresma (latín: quadragésima, «Cuadragésimo día (antes de la pascua)», )? es el periodo del tiempo litúrgico (calendario cristiano) destinado por la iglesia Católica Romana y la Iglesia ortodoxa, además de ciertas iglesias evangélicas, aunque con inicios y duraciones distintas, para la preparación de la fiesta de Pascua.
Contenido
La cuaresma
La cuaresma comienza oficialmente el miércoles de ceniza y termina antes de la misa de la cena del Señor el jueves santo. Son 40 días de preparación para la Pascua. La duración de cuarenta días proviene de varias referencias bíblicas y simboliza la prueba de Jesús al vivir durante 40 días en el desierto previos a su muerte y resurrección. También simbolizan los 40 días que duró el diluvio, además de los 40 años de la marcha del pueblo Judío por el desierto y los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto. A lo largo de este tiempo, los fieles católicos son llamados a reforzar su fe mediante diversos actos de penitencia y reflexión. La Cuaresma tiene cinco (5) domingos más el Domingo de Ramos (seis en total), en cuyas lecturas los temas de la conversión, el pecado, la penitencia y el perdón, son dominantes. No es un tiempo triste, sino más bien meditativo y recogido. Es, por excelencia, el tiempo de conversión y penitencia del año litúrgico. Por eso, en la misa católica no se canta el “Gloria” al final del acto penitencial (excepto el jueves santo, en la misa de la cena del Señor), ni el “Aleluya” antes del evangelio. El color litúrgico asociado a este período es el morado, asociado al duelo, la penitencia y el sacrificio a excepción del cuarto domingo que se usa el color rosa y el Domingo de Ramos en el que se usa el color rojo referido a la Pasión del Señor.
Desarrollo histórico
En los primeros años de la Iglesia, la duración de la cuaresma variaba. Finalmente alrededor del siglo IV se fijó su duración en 40 días. Es decir, que ésta comenzaba seis semanas antes del domingo de Pascua. Por tanto, un domingo llamado -precisamente- "domingo de cuadragésima". En los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal, presentándose un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó en domingo por ser día de fiesta, la celebración del Día del Señor. ¿Cómo hacer entonces para respetar el domingo y, a la vez, tener cuarenta días efectivos de ayuno durante la cuaresma? Para resolver este asunto, en el siglo VII, se agregaron cuatro días más a la cuaresma, antes del primer domingo, estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto. Son exactamente cuarenta los días que van del Miércoles de Ceniza al Sábado Santo, sin contar los domingos.
Calendario
La Pascua tiene mucha relación con el calendario agrícola y el tiempo de renovación de la tierra. Para calcular su celebración se toman en cuenta el sol y la luna (sol de primavera y luna llena). En ese sentido, se debe buscar el primer domingo posterior a la primera luna llena de primavera. Una vez encontrada la Pascua, son contados cuarenta días hacia atrás para fijar el primer día de la cuaresma, es decir, el correspondiente al llamado "miércoles de ceniza" (los domingos, según se explica arriba, no son tomados en cuenta para hacer este cálculo).
Práctica
La práctica de la Cuaresma data del siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.
Según San León, la Cuaresma es “un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales con la purificación del corazón y una práctica perfecta de la vida cristiana” (Esta definición es deducida del análisis del sermón 42).
Se trataba, por tanto, de un tiempo, introducido por la imitación de Cristo y de Moisés, en el que la comunidad cristiana se esforzaba en realizar una profunda renovación interior. El Catecismo de la Iglesia Católica retoma esta idea y la expresa de la siguiente manera: “La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto” (n. 540).
"Miércoles de ceniza"
El "miércoles de ceniza", el anterior al primer domingo de Cuaresma, se realiza el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente de los fieles católicos. La ceniza representa la destrucción de los errores del año anterior al ser éstos quemados. Mientras el sacerdote impone la ceniza dice una de estas dos expresiones: "Arrepiéntete y cree en el evangelio" ( Mc 1,15) o "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Gén 3,19)
Categoría: Año litúrgico

EL MODELO DE ANTIOQUIA. CARACTERÍSTICA 3: LA ORACIÓN QUE CONECTA CON DIOS

Por Ken Hemphill
OCHO CARACTERÍSTICAS
DE UNA IGLESIA EFECTIVA

El papel de la oración en el crecimiento de la iglesia
Si el elemento más crítico del crecimiento de la iglesia es la investidura
sobrenatural del poder, entonces el combustible para todo crecimiento es la
oración poderosa. Esto es tan obvio que parece trivial. Sin embargo, el pastor
o el miembro promedio tiene dificultad en creer que esto es cierto. Podemos
quizá decirlo de los labios para afuera. Podemos hasta creer que es la verdad,
pero la práctica y los programas de la mayoría de las iglesias indican que en
verdad no creemos que la oración sea necesaria para el crecimiento genuino de la iglesia.
Considere el culto típico de oración en nuestras iglesias. Ha llegado a ser un
poco más que un recital de “órganos”, letanía de oraciones por los órganos del
cuerpo que están fallando: “El hígado de la tía Susana, los pulmones del tío
Juan, los riñones de Federico.” No estoy haciendo chiste de la oración
intercesora por la sanidad divina para los males físicos. Sin embargo, la verdad
es que pasamos más tiempo orando por los santos moribundos (quienes están
preparados para morir e ir al cielo), tratando de detenerlos más tiempo aquí en
la tierra, que el tiempo que invertimos orando por los pecadores para que no
vayan al infierno. Hay poca pasión en nuestras oraciones y poca confianza en
su eficacia. Podemos opinar en forma distinta, pero el poco tiempo invertido en
la oración y los pocos que asisten a los cultos de oración dicen lo contrario.
Cuando nos enfrentamos a algún obstáculo para nuestro crecimiento, nuestro
primer pensamiento gira hacia los programas, métodos y modelos. Estamos
seguros de que un mejor programa de visitación a los miembros en perspectiva
daría resultados en lograr más bautismos. Si pudiéramos lograr que la gente
cantara coritos, eso atraería a los modernos. Si tuviéramos más dinero,
dispondríamos de mejores medios y equipos, un nuevo autobús..., y la lista no
tiene fin, de los aparatos y los equipos que creemos necesarios para que la
iglesia crezca. Escúchenme bien, no estoy en contra de los métodos ni
organizaciones. Una iglesia no sobrevive por mucho tiempo si no tiene estos
elementos, pero no podemos depender de la fuerza humana y la metodología
para hacer que la iglesia crezca. Tenemos que experimentar la investidura
sobrenatural del poder, y para lograrlo tenemos que dar prioridad a la oración.
¡Cuán fascinante es el hecho que algunos que intentaron entender o imitar el
crecimiento tremendo de muchas iglesias en Corea han optado por copiar su
estilo de adoración o el uso de células! Estas actividades pueden ser dignas de
imitar, pero escasamente son la fuente del crecimiento fenomenal. Para
entender el crecimiento de las iglesias en Corea o la cosecha evangelística
extraordinaria que está aconteciendo en muchos países del Tercer Mundo, hay
que notar su dependencia en la oración. Muchos coreanos llegan temprano en
la madrugada a la montaña de la oración. La historia de la iglesia cristiana
verifica que hay un hilo común en todo crecimiento de la iglesia en cada
generación: la oración, concertada, enfocada y sobrenatural, es la clave. Los
métodos y los modelos tal vez varían, pero la oración ha sido y será constante.
Thom Rainer en su libro sobre el crecimiento de la iglesia llama a la oración el
poder detrás de los principios.
EL PATRÓN BÍBLICO
Las promesas de las Escrituras concernientes a la oración son bien conocidas
por la mayoría de los cristianos.
* Juan 15:7: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid lo que queráis, y os será hecho.”
* 1 Juan 3:22: “Y cualquier cosa que pidamos, la recibiremos de
Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son
agradables delante de Él.”
* Santiago 4:2b: “No tenéis, porque no pedís.”
Es obvio que Dios quiere contestar las oraciones de su pueblo, y podemos
tener la confianza de que estamos orando de acuerdo con su voluntad cuando
oramos acerca del crecimiento evangelístico de la iglesia. ¿Podría ser que la
razón principal que tan poquitas iglesias están creciendo es una falta de
oración? ¿Será simplemente que no hemos pedido? ¿Habremos descuidado
sus condiciones referentes a obedecer su Palabra y la vida santa que resulta de
ello?
Dios está buscando a un pueblo por el cual pueda demostrar su gran poder
(Efesios 3:10). Para experimentar el crecimiento sobrenatural de la iglesia
necesitamos tener avivamiento. Las condiciones de Dios para el avivamiento no
han cambiado. “Si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, si
oran y buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré
desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra. Ahora mis ojos
estarán abiertos y mis oídos atentos a la oración hecha en este lugar” (2
Crónicas 7:14,15). ¿Deseamos el avivamiento tan intensamente que estamos
dispuestos a hacer de la oración la prioridad en nuestro horario personal y el de
la iglesia?
Nótese que Dios no solamente llama a su pueblo a la oración. Dios busca a un
pueblo humillado que se incline ante él en forma humilde, reconociendo su
propia indignidad y la majestad de Dios y su grandeza. Dios espera un pueblo
que lo busque con todo corazón y rendición total. Nuestra meta no es lograr un
crecimiento; más bien es buscarlo a él. Finalmente, para experimentar la
investidura plena del poder de Dios, tenemos que abandonar nuestros malos
caminos. Dios quiere obrar por medio de vasos puros. ¡Demanda la santidad!
La pureza es de mayor importancia en el crecimiento de la iglesia que cualquier
nuevo diseño de programas.
Tal vez la naturaleza crítica de la oración se sintetiza en dos versículos. “Todo
lo puedo, en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). “Yo soy la vid,
vosotros las ramas. El que permanece en mí y yo en él, éste llevará mucho
fruto. Pero separados de mí, nada podéis hacer” (Juan 15:5, itálicas del
autor). ¿Cuánto se puede lograr por medio de la investidura sobrenatural del
poder de Cristo? ¡TODAS LAS COSAS! ¿Qué se puede lograr si no hay la
investidura sobrenatural de Cristo? ¡NADA! No es que estemos capacitados
para lograr algunas cosas sin la oración; es que no podemos lograr nada de
significado eterno. La cima de la carnalidad es guardar una forma de santidad,
pero negar el poder de ella (2 Timoteo 3:5). Cuando intentamos desarrollar
una iglesia sin contar con la oración, “adoptamos” una forma de santidad, pero
estamos negando el poder sobrenatural que nos es disponible.
Las costumbres de Cristo concerniente a la oración
Nuestra consideración de la oración no sería adecuada sin mencionar las
costumbres de Jesús referente a la oración. Esta escena en el evangelio de
Mateo nos es conocida: “Una vez despedida la gente, subió al monte para orar
a solas; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mateo 14:23). Las
demandas constantes del ministerio son agotadoras tanto en el sentido físico
como en el espiritual. Nuestro Señor reconoció el efecto de estas demandas
sobre su vida y en forma regular encontró tiempo para la renovación por medio
de la oración. La razón por la que Cristo hizo de la oración una prioridad tan
alta llega a ser obvia cuando miramos su confesión en Juan 14:10: “¿No
crees que yo soy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo,
no las hablo de mí mismo; sino que el Padre que mora en mí hace sus obras.”
Nótese que Jesús no hizo nada por su propia iniciativa o poder. Si el perfecto
Hijo de Dios fue totalmente dependiente del Padre para dirección y poder,
entonces ¿cuál será nuestro nivel de necesidad?
Una ilustración más puede ayudarnos. El Evangelio de Marcos es uno de
actividad continua y de velocidad agotadora. La palabra “inmediatamente” es
característica de este Evangelio. En los primeros veintiocho versículos del
capítulo uno, Marcos relata estas experiencias: La predicación de Juan el
Bautista, el bautismo de Jesús, su tentación y su ministerio en Galilea. Pero su
ritmo no cambió. En Marcos 1:29 dice: “En seguida, cuando salieron de la
sinagoga, fueron con Jacobo y Juan a la casa de Simón y Andrés.” Aquí Jesús
sanó a la suegra de Simón, creando tanto alboroto que toda la ciudad salió
para observar este milagro (v. 33).
Este contexto hace que el próximo acto de Jesús adquiera más significado.
Habiéndose levantado muy de madrugada, todavía de noche, Jesús salió y se
fue a un lugar desierto y allí oraba” (Marcos 1:35). Aquella misma mañana
la multitud regresó, y los discípulos se pasmaron cuando vieron a la
muchedumbre, pero no al Sanador. Tal vez había un poco de reclamo en la voz
de Pedro cuando al fin encontró a Jesús. “Todos te buscan” (Marcos
1:37). La respuesta de Jesús no la esperaba Pedro, y tal vez nos sorprende a
nosotros: “Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que predique
también allí, porque para esto he venido” (Marcos 1:38).
¿Por qué quería irse Jesús cuando todas las multitudes se habían reunido en la
casa de Simón? Nuestro ego (toda la ciudad estaba allí) y nuestro deseo de
hacer bien (¿qué de los enfermos?) nos hubiera forzado a muchos de nosotros
a regresar a la ciudad. Sin embargo, Jesús no vaciló; sabía que su tarea
principal era predicar el evangelio. Jesús pasó tiempo en la oración no
solamente para experimentar la investidura plena de poder del Padre, sino
también para tener un sentido claro de la dirección de su Padre. Jesús podía
haber experimentado una popularidad extraordinaria y logrado mucho bien, si
hubiera pasado su tiempo aquí en la tierra sanando a los que tenían
enfermedades. Viendo las grandes necesidades humanas, fue tentado a hacer
eso. Pero en el torbellino de mucha actividad constante, Jesús guardó su
perspectiva, pasando tiempo a solas en la oración.
No es solamente que somos dependientes de la oración para la investidura de
poder, sino que también nos falta la dirección diaria que se encuentra allí.
Cuando su iglesia experimenta el crecimiento, usted será tironeado en muchas
direcciones distintas simultáneamente. Después de nuestro primer año de
crecimiento en Norfolk, fuimos inundados con peticiones para ministrar.
¡Comencemos un ministerio con los marineros! ¡Con tres grandes universidades
cercanas, nos falta un ministerio a favor de los estudiantes! ¿Qué de un
ministerio con los soldados? ¡Hay que hacer algo para ayudar a los que viven
en la calle! La lista no tenía fin, y todas las sugerencias eran buenas. Después
vinieron llamadas de gente de fuera de nuestra iglesia que querían una parte de
mi tiempo o los recursos de nuestra iglesia. Todas las peticiones eran válidas y
yo quería atender a todos. Sin las instrucciones claras del Padre, hubiera
montado en mi caballo para salir corriendo en toda dirección a la vez, y hubiera
logrado muy poco.
Si nuestro Señor Jesús no pudo hacer nada aparte de la investidura de parte del
Padre, ¿cuánto podemos hacer nosotros? Si Jesús necesitaba la dirección
diaria del Padre, ¿cuán grande es nuestra necesidad?
La petición de los discípulos
Si usted tuviera el poder de reproducir una sola actividad del ministerio de la
vida terrenal de Jesús para facilitar el crecimiento de su iglesia, ¿cuál sería? ¿Se
sentiría tentado de pedir el poder para sanar? Con los efectos desastrosos de
las enfermedades de hoy, ciertamente podría hacer impacto para el bien. Piense
también en la publicidad que recibiría de los medios de comunicación. Personas
con SIDA, cáncer, y toda otra forma de enfermedad harían colas largas en las
puertas de su iglesia todas las horas del día y de la noche.
¿Qué acerca de la capacidad de hacer milagros? Piense en el milagro de
alimentar a los cinco mil en una escala mucho mayor. Podría ser instrumento
para acabar con el hambre, y eso sería sólo el principio. Tal ministerio atraería
la atención del mundo a la iglesia. Ciertamente podría servir de catalizador para
el crecimiento.
Ambas capacidades son tentadoras, pero creo que yo tal vez pediría el don de
enseñanza, como el que tenía Jesús. Cada vez que él se detenía para enseñar,
grandes multitudes le rodeaban, parados o sentados por horas. Enseñaba con
tanta autoridad que la hora del almuerzo parecía ser una impertinencia
innecesaria. ¡Esto está muy lejos del clamor de la gente de mi iglesia al
mediodía los domingos! Si me paso cinco minutos de la hora, la gente comienza
a sacudir sus relojes para ver si están funcionando. Si tuviera el don de
enseñanza de Jesús, podría lograr que mi iglesia creciera mucho.
¿Cuál fue la petición singular de los discípulos? “Aconteció que, estando Jesús
orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: ‘Señor,
enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos’” (Lucas
11:1). Recuerde que esta petición vino de hombres judíos, quienes habían
estado orando desde la niñez. Sin embargo, se dieron cuenta de que la oración
de Jesús era cualitativamente diferente a las de ellos. El oró con intimidad y
fervor. Sabían que él estaba en diálogo constante con el Padre, y que recibía la
dirección y la investidura del poder del Padre. Se dieron cuenta de que su
costumbre de orar era la clave para todo lo demás que observaban de su vida
y su ministerio.
Si pudiera hacer una petición para su ministerio y su iglesia, ¿sería sinceramente:
Enséñanos a orar”?
El patrón de los Hechos
La mayoría de nosotros estaríamos de acuerdo en que los Hechos de los
Apóstoles es el texto para el crecimiento de la iglesia. No es sólo que
muchísimos estaban siendo añadidos a la iglesia diariamente, sino que el número
de iglesias estaba aumentando constantemente. Los Hechos en verdad es la
segunda parte de una obra en dos secciones que principia con el Evangelio de
Lucas. Por eso, para entender los primeros capítulos de Hechos, hay que
principiar con el último capítulo de Lucas. “Y vosotros sois testigos de estas
cosas. He aquí yo enviaré el cumplimiento de la promesa de mi Padre sobre
vosotros. Pero quedaos vosotros en la ciudad hasta que seáis investidos del
poder de lo alto” (Lucas 24:48, 49). La comisión está ligada al mandato de
esperar. No debe iniciarse ningún ministerio hasta no ser investido del poder.
El libro de los Hechos continúa este tema. Hechos 1:4,5 repite el énfasis
sobre el esperar la investidura del poder. En el versículo 8 esta investidura se
especifica: “Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo haya venido sobre
vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta
lo último de la tierra.” Esta investidura para cumplir la Gran Comisión es la
investidura también para el crecimiento de la iglesia. Dicho crecimiento es el
cumplimiento fiel de la Gran Comisión en su propio contexto y con una visión
para el mundo.
Nótese que la primera actividad de los discípulos fue orar. “Todos estos
perseveraban unánimes en oración junto con las mujeres y con María la madre
de Jesús y con los hermanos de él” (1:14). Este no era un culto breve de
oración; estaban continuamente dedicados a la oración. Por lo tanto, no nos
sorprende encontrar que la iglesia primitiva se caracterizó por esta misma
dedicación a la oración. “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la
comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones” (2:42). Los resultados
de tales oraciones incluyeron milagros, señales sobrenaturales de parte de los
apóstoles, la repartición de los bienes para atender las necesidades, una
singular comunión, alabanza gozosa, y aumentos diarios al número de personas
que se añadían a la iglesia. Es una descripción del crecimiento que nos
encantaría experimentar en nuestras iglesias. No fue resultado de ningún
programa específico, sino que fue el resultado directo de las oraciones
sobrenaturales. Nuestros programas y métodos simplemente son una manera
de organizarnos para acomodar los resultados que Dios nos da por medios
sobrenaturales.
El modelo se continúa durante todo el libro de los Hechos. Nótese el capítulo
4. Pedro y Juan fueron puestos en la cárcel por haber predicado la resurrección
de los muertos. Al comparecer ante las autoridades, quienes habían observado
la confianza de Pedro y Juan, “y viendo la valentía de Pedro y Juan, y teniendo
en cuenta que eran hombres sin letras e indoctos, se asombraban y reconocían
que habían estado con Jesús” (4:13). Cuando libraron a Pedro y Juan con una
leve reprensión, estos comenzaron a alabar a Dios (v. 24). Su única petición
era: “Concede a tus siervos que hablen tu palabra con valentía” (v. 29). En
respuesta a sus oraciones el lugar fue sacudido, y hablaron la Palabra de Dios
con valentía.
El ejemplo de Pablo
Pablo es considerado uno de los más grandes expertos en cuanto al
crecimiento de la iglesia de todas las épocas. ¿Qué consideró necesario para el
crecimiento sano de las iglesias que estableció? Vamos a mirar los comienzos
de varias de las epístolas de Pablo.
* Gracias doy a mi Dios siempre en cuanto a vosotros por la gracia de
Dios que os fue concedida en Cristo Jesús (1 Corintios 1:4, itálicas
del autor).
* Por esta razón, yo también, habiendo oído de la fe que tenéis en el
Señor Jesús y de vuestro amor para con todos los santos no ceso de
dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones (Efesios
1:15,16, itálicas del autor).
* Por esta razón también nosotros, desde el día en que lo oímos, no
cesamos de orar por vosotros y de rogar que seáis llenos del
conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y plena comprensión
espiritual (Colosenses 1:9, itálicas del autor).
* Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo
mención de vosotros en nuestras oraciones (1 Tesalonicenses 1:2,
itálicas del autor).
Pablo evidentemente creía que la acción más significativa que podía tomar a
favor de las iglesias que amó era la oración constante.
¿Cuál, pues, era el contenido de sus oraciones? Si pudiéramos encontrar un
factor común, nos ayudaría para orar por las iglesias. Permítame resumir estas
oraciones en mis propias palabras.
Efesios 1:17-24
Que Dios pueda darles un espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento
de Él para que puedan reconocer:
a. La esperanza de su llamado.
b. Las riquezas de la gloria de su herencia en los santos.
c. La grandeza de su poder que es investido en nosotros los que creemos.
Efesios 3:14-20
Por esta razón, me arrodillo ante el Padre ... que él pueda concederles:
a. Ser fortalecidos con poder en el hombre interior.
b. Que experimenten al Cristo que vive dentro de cada uno.
c. Que conozcan el amor de Cristo con todos los santos.
d. Que sean llenos de la plenitud de Dios.
Bendición: Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más
abundantemente de lo que pedimos o pensamos, según el poder que actúa
dentro de nosotros, a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús, por todas
las generaciones de todas las edades, para siempre. Amén.
Colosenses 1:9, 10
No hemos cesado de orar por vosotros y pedir que:
1. Seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y
comprensión espiritual, para que:
a. Andéis en una manera digna.
b. Le agraden a Él en todo.
c. Llevéis fruto en toda buena obra.
d. Crezcan en el conocimiento de Dios.
2. Seáis fortalecidos de poder según su glorioso poder, para lograr la
constancia y la paciencia, con gozo dando gracias al Padre.
La oración esencial de Pablo era que los creyentes en las iglesias llegaran a
comprender quiénes eran y qué recursos sobrenaturales estaban disponibles
para ellos. Nótese el énfasis repetido en la comprensión, el conocimiento y la
investidura del poder. La necesidad de la iglesia no es de mayor poder, sino de
una mayor comprensión del poder que ya está disponible para nosotros.
Además él ora por el andar digno de los creyentes para que den fruto personal.
La vida fructífera está ligada directamente a la santidad. Estos serán patrones
efectivos para nuestras oraciones al procurar que nuestras iglesias crezcan.
Pablo enseñó a las iglesias a orar por él y con frecuencia hizo referencia a los
resultados de sus oraciones. En 2 Corintios 1:8-11 Pablo hizo referencia a
una aflicción tan grave que le hizo perder la esperanza de conservar la vida. En
ese contexto agradeció a los corintios por unirse en oración con muchos,
pidiendo su liberación. No es de sorprender, por consiguiente, que con
frecuencia hizo peticiones de oración para su propio bien. Miremos dos de
ellas:
* “Y también orad por mí, para que al abrir la boca me sean conferidas
palabras para dar a conocer con confianza el misterio del evangelio,
por el cual soy embajador en cadenas; a fin de que por ello yo hable
con valentía, como debo hablar” (Efesios 6:19, 20).
* “Por lo demás, hermanos, orad por nosotros para que la palabra del
Señor se difunda rápidamente y sea glorificada, así como sucedió
también entre vosotros; y que seamos liberados de hombres perversos
y malos; porque no es de todos la fe” (2 Tesalonicenses 3:1, 2).
Pablo deseó la oración por la difusión de un evangelio sin tropiezos y por la
protección de los que proclamaban el evangelio. ¿Será que la falta de
resultados evangelísticos no nos indica la necesidad de una nueva herramienta
para evangelizar, sino el retorno a la oración concertada por la presentación
poderosa del evangelio? Nótese que cuando Pablo exhortaba que se hicieran
súplicas, oraciones, intercesiones y acciones de gracias por los reyes y por los
que están en eminencia (1 Timoteo 2:1,3), su preocupación era en cuanto a
propiciar condiciones tranquilas que permitieran que la iglesia proclamara el
evangelio. ¿Por qué? Porque sabía que Dios deseaba que todo el pueblo fuera
salvo y llegase al conocimiento de la verdad (v. 4).
OREMOS POR EL CRECIMIENTO DE LA IGLESIA
¿Será posible, entonces, formular un patrón específico de oración por el
crecimiento de la iglesia hoy en día? Sugiero lo siguiente, basándonos en los
ejemplos bíblicos y las enseñanzas que acabamos de considerar.
1. Ore por personas en autoridad (alrededor del mundo, en nuestra
nación, en las comunidades locales y en su iglesia), para que las
condiciones de paz reinen, y que el evangelio sea esparcido.
2. Por la seguridad y valentía de todos los que están activos en el
programa evangelístico de su iglesia.
3. Por los inconversos, específicamente y por nombre.
4. Ore para que todo miembro de la iglesia llegue a comprender y
apropiarse de todos los recursos disponibles por medio de Cristo.
5. Ore para que todo miembro de la iglesia viva de una manera digna
de su llamado y que se mantenga un espíritu de unidad.
6. Ore al Señor de las mies, envíe, compele a trabajadores a su viña.
7. Ore por las necesidades de crecimiento, nombrándolas
específicamente y haciendo la aplicación apropiada. (Por ejemplo,
Necesitamos cuatro maestros para los preescolares”).
ENSEÑE A SU GENTE A ORAR
Hemos llegado a pensar, equivocadamente, que todo cristiano inherentemente
sabe orar. Los nuevos cristianos necesitan recibir las bases fundamentales
sobre la oración como necesidad prioritaria; sin embargo, pocas iglesias
proveen un curso básico sobre los principios fundamentales, incluyendo cómo
orar, cómo estudiar la Biblia y cómo adorar. La necesidad de saber orar
termina para con los recién convertidos; incluye a los que han sido cristianos
durante muchos años. Todo creyente necesita avanzar en la comprensión de las
maneras de orar más íntima y efectivamente.
Si usted es pastor, posiblemente puede comenzar predicando una serie de
mensajes sobre la oración. Esto naturalmente le llevará a organizar un grupo
que enfoque las maneras de orar, utilizando uno de los varios libros que son
buenos sobre la oración, los cuales puede conseguir en alguna librería
evangélica local. No se desanime si asisten pocos a esta primera clase; Dios
con frecuencia obra por medio de un remanente que ora.
Sabiendo que no va a lograr reclutar a todos en la clase de oración,
posiblemente querrá dar a todos un bosquejo sencillo de oración para
ayudarles en su práctica personal. Imprímalo en el boletín semanal y haga uso
de él como bosquejo de su predicación.
Adoración (Salmo 100)
Confesión (<620108>1 Juan 1:8,9, <590408>Santiago 4:8)
Acción de Gracias (<500406>Filipenses 4:6)
Petición (<500406>Filipenses 4:6, <540201>1 Timoteo 2:1)
Mientras que es cierto que debemos suministrar la instrucción amplia sobre la
oración, también debemos reconocer que uno aprende a orar principalmente
por medio de la observación y la participación. Si usted no cree eso, escuche
las oraciones de sus hijos. Con frecuencia ellos utilizarán las mismas
expresiones y matices que usted pronuncia cuando está orando. Esto indica que
debemos asegurarnos de que las oraciones públicas sean dignas de imitación.
Si tiene oportunidad de orar en voz alta en su iglesia, clase de escuela
dominical, o célula, no lo tome en forma ligera. Ore honesta y
transparentemente, no para impresionar, sino para comunicarse con el Padre.
Si tiene la responsabilidad de invitar a otros a orar, invite a los que tienen una
vida de oración ejemplar y poderosa. También, puede asegurarse que se dé a
la oración la prioridad que merece en las varias reuniones de comités y juntas
de la iglesia.
ORGANICE LA IGLESIA PARA ORAR
Una vez establecida la prioridad de la oración y que la membresía esté
entrenada para orar, es beneficioso organizar a la iglesia para hacerlo. Hay
muchas distintas maneras de hacer esto, y tiene que elegir el método que dé los
mejores resultados en su circunstancia. No debe pensar que tiene que copiar el
programa de ministerio de oración de otra iglesia.
He aquí unas cuantas ideas que pueden servir para comenzar:
a. Organice grupos de oración por medio de la escuela dominical o las
células.
b. Utilice cadenas de oración.
c. Señale días para la oración y ayuno.
d. Desarrolle un sistema de compañeros de oración.
e. Tenga ciertos días señalados especialmente para oración concertada.
f. Organice una capilla para la oración que esté disponible durante las
veinticuatro horas.
g. Tenga una línea de oración para emergencias.
Hay varios recursos que le pueden ayudar a comprender las maneras diferentes
de organizar a su iglesia para orar:
* La oración cristiana: Privilegio y responsabilidad, J. D. Crane.
* El secreto de la oración tenaz, J. Bisagno.
* El poder de la oración tenaz, J. Bisagno.
* Cómo orar, R. A. Torrey.
El método que le enseña cómo organizar a la iglesia para orar no es tan
importante como el acto mismo de orar. Cuando su iglesia comienza a orar,
buscando el rostro de Dios, abandonando el pecado, siguiendo la dirección del
Espíritu y experimentando la investidura del poder divino, su iglesia crecerá.
Dios desea que su iglesia crezca y que alcance a los perdidos en el mundo. El
busca un vaso entregado y limpio. Todo crecimiento de la iglesia tiene su origen
en el cuarto de oración. La oración une nuestra impotencia con el poder
omnipotente de Dios. Une los esfuerzos humanos para participar en el
crecimiento de la iglesia con el poder soberano de Dios