El "Calendario de la comunidad judía alemana"
para el año 5591 (1831), que incluía "todas las festividades, ayunos y
plegarias, así como las ferias de los estados de
Brandeburgo y
Silesia" - Berlín, 1831.
El
calendario hebreo es un
calendario
lunisolar, es decir, que se basa tanto en el ciclo de la
Tierra alrededor del
Sol (año), como en el de la
Luna al rodear a la Tierra (mes).
La versión actual, por la que se rigen las festividades judías, fue
concluida por el sabio Hilel II hacia el año
359. Este calendario se basa en un complejo
algoritmo, que permite
predecir las fechas exactas de luna nueva, así como las distintas
estaciones
del año, basándose en cálculos
matemáticos y
astronómicos, prescindiendo desde aquel momento
de las observaciones empíricas de que se valieron hasta entonces.
En su concepción compleja tanto solar como lunar, el calendario
hebreo se asemeja al
chino, sin que se sepa de influencia alguna
que haya tenido el uno sobre el otro; y también al calendario utilizado
por los pueblos de la península arábiga hasta la aparición del
Islam, en el
siglo VII de la
Era cristiana.
En cambio, se distingue del
calendario gregoriano de amplio uso
universal, basado exclusivamente en el ciclo solar-anual; y también del
que
rige al mundo musulmán desde
Mahoma hasta nuestros días, que es puramente lunar.
El calendario hebreo comienza con la
Génesis del mundo, que aconteció, según la tradición
judía, el día domingo
7 de octubre del año 3761 a. C.; fecha equivalente al 1 del
mes de
Tishrei del año 1.
De esta manera, el año gregoriano de
2011 equivale al año hebreo de 5772 (que comenzó al
atardecer del 28 de septiembre del 2011 y finalizará el 16 de septiembre
2012). Para convertir un año del calendario gregoriano a su
correspondiente hebreo, basta con sumar o restar la cifra de 3760 (2011 +
3760 = 5771).
Los
fundamentos del calendario hebreo
El día judío
El
día, en el calendario
hebreo, comienza con la salida de 3 estrellas, y culmina con el
ocaso. En esto se diferencia del
día según el calendario gregoriano, que discurre exactamente de
medianoche a medianoche.
La costumbre de ver al día comenzar con la caída del crepúsculo es
tan antigua como la
Biblia
misma, y se basa en el texto bíblico del
Génesis 1:5, que al
cabo de cada día comenta
"Y fue la tarde, y fue la mañana...", de
lo que se entiende que cada uno de los días de la creación comenzaba
por la tarde. Más explícitamente aún, al prescribir la Biblia el ayuno
del Día del Perdón, el
Yom
Kipur:
"El día décimo de este séptimo mes será el día de la
Expiación... Será para vosotros día de descanso completo y ayunaréis; el
día nueve del mes, por la tarde, de tarde a tarde, guardaréis descanso"
(
Levítico 23:27-32).
Desde entonces, es práctica corriente y antiquísima, que las
festividades
judías comiencen al caer el sol. Y no sólo ellas: la consabida
costumbre de comenzar la celebración de la
Navidad con la cena de
Nochebuena, tiene sus raíces en tal milenaria
usanza hebrea.
Cabe destacar, no obstante, que estudios arqueológicos han revelado
que también en la antigua
Babilonia
se señalaba el comienzo del día al atardecer, y se estima que es ese el
origen de la costumbre.
El mes hebraico
El
mes en el calendario hebreo
se basa en el ciclo que cumple la Luna al circunscribir por completo a
la Tierra, captando el ojo humano desde nuestro planeta 4 diferentes
estados principales de la Luna, a saber:
Luna nueva,
Cuarto creciente,
Luna llena o
plenilunio, y
Cuarto menguante. Tal
ciclo dura aproximadamente 29 días y medio. Resulta asombroso comprobar
que ya los antiguos sabios hebreos supieron calcular la duración exacta
de tal ciclo, estimando de acuerdo con sus conocimientos astronómicos
que el periplo del
satélite en torno al planeta Tierra tenía
una duración de '29 días, 12 horas, y otras 793/1080 de hora' (o sea,
otros 44 minutos y 3.33 segundos), siendo su error de cálculo de medio
segundo. Debido a que la cantidad de días en un mes debía ser exacta, el
calendario hebreo estipuló meses de 29 y de 30 días, intercaladamente.
Al último de un mes hebreo, la Luna está completamente a oscuras, y
no es visible desde la Tierra. Al despuntar el Cuarto creciente, se
alcanza a ver apenas a la Luna como una finísima guadaña, que desaparece
en el horizonte minutos después del ocaso: es el comienzo del mes
hebreo. Con el correr de los días, crece paulatinamente la parte
iluminada de la Luna que se aprecia desde la Tierra, hasta llegar al
plenilunio que marca exactamente la mitad del mes. A partir de ahí,
vuelve la Luna a menguar con el discurrir de los días, hasta desaparecer
por completo, culminando también del mismo modo el mes del calendario
hebreo.
Los nombres de los meses hebreos, tal como los conocemos en nuestros
días, tienen sus orígenes en la antigua Babilonia, de donde fueron
adoptados por los judíos allí desterrados por el rey
Nabucodonosor
II, exilio que duró 70 años (
586 a. C. -
516 a. C.). Más antiguamente, los meses eran
denominados tan sólo por su orden numérico, comenzando en la primavera
(boreal) por el mes primero,
Nisán,
y culminando con el duodécimo,
Adar.
En el
Pentateuco se
menciona a Nisán como el primer mes del año, al haber sido aquél en que
el pueblo de
Israel se
liberó de la esclavitud de los faraones de
Egipto:
"Este mes os será principio de los meses;
para vosotros será éste el primero en los meses del año" (
Éxodo 12:2). Otros
nombres de meses mencionados en ciertos libros de la Biblia,
especialmente en el
Libro de los Reyes, como el
"mes de
Ziv" (
1Reyes 6:37), o
"el
mes de Bul, que es el mes octavo" (
1Reyes 6:38), y también
"el mes de Eitanim, que es el mes séptimo" (
1Reyes 8:2), fueron
seguramente tomados de nombres de meses
fenicios, ya que son mencionados en el contexto de
las relaciones comerciales entre el
Rey Salomón y el Rey
Hiram de Fenicia. Los nombres babilónicos, que
han llegado hasta nuestros días, aparecen por primera vez en el
Libro de Ester
y en los de
Esdras
y
Nehemías,
y fueron adoptados asimismo por otros idiomas, como el turco moderno (
Nisan
= abril;
Temmuz = julio;
Eylül = septiembre;
Şubat
= febrero).
La duración de los meses hebreos oscila entre los 29 y los 30 días,
de la siguiente forma:
- Tishrei (30 días)
(תשרי) - cae aproximadamente en septiembre u octubre
- Jeshván (29 ó 30
días) (חשוון, llamado también Marjeshván - מרחשוון) - octubre o
noviembre
- Kislev (30 ó 29 días)
(כסלו) - noviembre o diciembre
- Tevet (29 días) (טבת) -
diciembre o enero
- Shevat (30 días) (שבט) -
enero o febrero
- Adar (29 días) (אדר) -
febrero o marzo
- Nisán (30 días)
(ניסן) - marzo o abril
- Iyar (29 días) (אייר) -
abril o mayo
- Siván (30 días)
(סיוון) - mayo o junio
- Tamuz (29 días) (תמוז) -
junio o julio
- Av (30 días) (אב) - julio o
agosto
- Elul (29 días) (אלול) -
agosto o septiembre
El
año hebreo, según la
cuenta bíblica, comenzaba con el mes de Nisán, llamado en la Biblia
"el
mes primero" (
Éxodo 12:2), y concluía
en el mes de Adar; mientras que más adelante primó la concepción del
comienzo del año en el mes de Tishrei, con la festividad de
Rosh Hashaná
(ראש השנה, literalmente "cabeza de año"), culminando el año en el mes
de Elul, tal como rige el calendario hebreo hasta nuestros días.
Desde el punto de vista religioso, el calendario hebreo cuenta con 4
diferentes "cabezas de año", siendo cada una de ellas el comienzo de la
cuenta anual para diferentes finalidades:
- 1 de Nisán, es el principio de año de acuerdo a la cuenta bíblica,
al conmemorar la salida de Egipto; y era el principio del año para los
reyes: de tal modo, aun si un rey de Israel asumiera el trono el 29 del
mes de Adar, ya al ser el día siguiente el primero de Nisán, se
consideraba su segundo año de reinado.
- 1 de Elul, el principio del año para realizar la cuenta del diezmo
de ganado a apartar según las prescripciones religiosas.
- 1 de Tishrei, el principio del año según el calendario hebreo
moderno, conmemorando el aniversario de la Creación del mundo, y era la
fecha en que comenzaba la cuenta de los años, los años sabáticos (cada
séptimo año, en que las tierras quedaban incultas y en barbecho), y los
jubileos (cada 50 años, en que prescribían las deudas y los esclavos
quedaban libres).
- 15 de Shevat, el año nuevo de los árboles, siendo ésta la fecha de
su despertar luego del letargo invernal.
El año judío
Celebración de la Pascua judía,
Pésaj, en torno a la
mesa del tradicional
Séder.
Un año hebreo incluye un ciclo completo de las cuatro estaciones del
año, y, a su vez, debe contar con un número exacto de meses lunares. De
esta manera, el año hebreo puede tener tanto 12 meses (año simple), como
13 (año
bisiesto,
o en hebreo שנה מעוברת, "año preñado").
Hoy en día es sabido que las
estaciones
del año se deben a la
traslación de la Tierra en torno al Sol, ciclo
denominado en astronomía "
año trópico" (365 días, 5
horas, 48 minutos y 44 segundos). Al ser el año trópico sensiblemente
más largo que el año lunar de 12 meses (354 días, 8 horas y 49 minutos),
se iría corriendo la Pascua judía indefectiblemente hacia el invierno,
contrariamente al precepto bíblico, si el año hebreo durase 12 meses de
manera constante. Para evitarlo, se agrega un décimotercer mes a fin de
año, cada vez que la diferencia acumulativa entre el año solar y el
lunar, de unos 11 días por año, alcanza a formar un mes entero. .
El año
bisiesto, embolismal o "preñado"
El año hebreo
bisiesto es un año de 13 meses, denominado en
hebreo
"shaná me'ubéret" (שנה מעוברת, "año preñado" o
embolismal), metaforizando al mes agregado cual si fuera el feto de una
mujer embarazada; y de aquí que los métodos de institución de tal año,
se llamen
"ibur" (del hebreo עיבור, "preñamiento"); y en
castellano,
embolismo. El embolismo del calendario hebreo,
consiste en la duplicación del mes de Adar, de manera que se intercala
un nuevo mes de 30 días, llamado Adar "A" (אדר א, "Adar álef"), antes
del mes de Adar original, que pasa a ser Adar "Bis" (אדר ב, "Adar bet").
La principal razón por la que fue elegido justamente el mes de Adar
para su duplicación es por ser el mes inmediato anterior a Nisán, el mes
de la primavera, el de la salida de Egipto y en el que cae la Pascua
judía, "
Pésaj" (פסח),
según indica la Biblia:
"Guardarás el mes de Aviv (= primavera), y
harás pascua a Yahveh tu
Dios; porque en el mes de Aviv te sacó Yahveh tu Dios de Egipto" (
Deuteronomio 16:1).
Otro motivo radica en que Adar era antiguamente el último mes del año, e
históricamente se prefería hacer el agregado a fin de año. Ello se
asemeja a lo ocurrido con el
29 de febrero, agregado justamente allí porque
antiguamente era febrero el último mes del año
romano.
El método original de embolismo, desarrollado alrededor del
siglo
VI a. C., establecía que habría de agregarse un mes más, en tres
años de cada ciclo de ocho. Ya en el
siglo V a. C.,
se perfeccionó el sistema, estipulándose de ahí en adelante que el
agregado habría de hacerse en siete años por cada ciclo de diecinueve.
Se estima que dichas técnicas tienen sus raíces en los conocimientos de
astronomía de los
babilonios, muy
adelantados para su época, y del astrónomo griego
Metón (siglo V a. C.), y son
aceptadas hasta el día de hoy. El Diccionario de la
Real Academia Española define
ciclo lunar, llamado
también
ciclo decemnovenal o
decemnovenario, como el
"período
de 19 años, en que los novilunios y demás fases de la Luna vuelven a
suceder en los mismos días del año, con diferencia de hora y media
aproximadamente"; en tanto el ciclo cuádruple de 76 años, es llamado
calípico. De esto se deduce que cada 19 años coincidirán entre
sí las fechas del calendario hebreo y el gregoriano; aunque puede
existir un desfase de uno o dos días, debido a movimientos efectuados en
el calendario hebreo por motivos religiosos (ver más adelante,
"la semana en el calendario hebreo").
En el año
359, perfeccionó el
sabio Hilel II los cálculos y métodos conocidos, y estableció los
mecanismos de embolismo del año utilizados hasta el día de hoy, que han
sido corroborados por las últimas y más modernas observaciones
astronómicas. Dichos cálculos ya eran conocidos desde cientos de años
atrás, pero hasta aquellos tiempos se preferían los
métodos empíricos para establecer el comienzo
del mes —dos testigos que habían de atestiguar ante el gran
Sanedrín que habían
visto el naciente de la Luna— y el comienzo de la primavera, basándose
en la maduración de las mieses y a la llegada del
equinoccio de primavera
(el
20 de marzo
en el hemisferio norte), que es la fecha en que el día y la noche
tienen la misma duración; mientras que el almanaque era utilizado en
caso de impedimentos, como días nublados.
Se cree que la razón por la cual publicó Hilel II el calendario
hebreo tal como se utiliza desde sus tiempos hasta nuestros días,
proviene de una de las decisiones tomadas por el
Cristianismo en el
primer
Concilio
de Nicea, celebrado el año
325,
a instancias del emperador
Constantino I el Grande. Según la tradición
cristiana,
Jesús de Nazaret fue crucificado el
Viernes Santo,
coincidente con el viernes de la
Pascua
judía. El Concilio decidió desvincularse del judaísmo también en este
aspecto, y prescindir de la necesidad de averiguar año tras año, la
fecha exacta de la Pascua judía. A tal efecto, se estipuló que el primer
día de la Pascua cristiana, el
Domingo de Pascua o de
Resurrección, se celebre el primer domingo después de la luna llena,
inmediatamente luego del equinoccio de primavera. Cabe destacar que al
independizar al calendario litúrgico cristiano del hebreo, perdió el
primero la flexibilidad y el equilibrio que caracterizan a este último,
lo que terminó causando, con el correr de los siglos, el corrimiento de
la Pascua cristiana hacia el invierno, desfase que hubo de ser corregido
al cabo de un milenio por el papa
Gregorio XIII, por medio de su
calendario
gregoriano. De todos modos, la decisión de Nicea despertó el temor
entre los judíos de la época, que los cristianos les prohibiesen
anunciar los comienzos de mes y los embolismos de cada año,
indispensables para el normal discurrimiento de la vida judía; y de ahí
la necesidad de un calendario preestablecido de antemano y aceptado por
todas las diásporas del pueblo judío. Mientras en la Biblia Mateo 28:1.
Encontramos que el primer día de la semana revisaron donde estaba,
siendo domingo, el fue crucificado el miércoles.
Un
año trópico, o circunvolución de la Tierra en
torno al Sol, conlleva en sí 12,368 ciclos lunares, o vueltas que
efectúa
Selene alrededor de
nuestro planeta. Esto implica que 19 años trópicos, equivalen a 234,992
ciclos de la Luna, un número prácticamente entero. Desde esta base se
establece que cada 19 años, habrá de haber 235 meses, o 12 años comunes
(de doce meses), y 7 años embolismales o "preñados", con trece meses
cada uno: los años número 3, 6, 8, 11, 14, 17 y 19 de cada ciclo
decemnovenario. Para saber si determinado año hebreo es o no bisiesto,
hay que dividirlo por el número 19: si el cociente obtenido luego de la
división, nos deja un resto luego del entero con uno de los siguientes
guarismos: 0, 3, 6, 8, 11, 14 ó 17, estamos ante un año de 13 meses.
Así, el año hebreo de 5765, equivalente al gregoriano de 2005, al
dividirlo por 19 nos da 303 enteros, y un resto de 8 (5765/19 = 303
8/19). Por ende, el año de 5765 fue bisiesto, y se le agregó como tal el
mes de Adar "A" antes del último mes del año, el mes de Adar "Bis".
La
semana en el calendario hebraico
Judíos rezando en la
sinagoga en Yom Kipur
(1878), pintura del pintor judío polaco Maurycy Gottlieb (1856-1879).
El calendario hebreo no solamente combina entre el año solar y el mes
lunar; sino que ambos ciclos complementados, han de convivir
exitosamente también con otro de los legados del calendario de los
judíos al resto del mundo: el ciclo
semanal de siete días.
Los días de la semana hebrea se basan en los seis días de la
Creación, según relata el primer capítulo del libro del
Génesis, siendo su
nombre el mismo que les adjudica la
Biblia, que son simplemente los nombres de los
números ordinales en hebreo, del primero al sexto —denominación que se
conserva en el
idioma portugués, salvo el
domingo; pero que se ha perdido en la mayoría de las
lenguas occidentales, que adoptaron nombres de deidades paganas para
los días de la semana— y en el séptimo día, en el que
Dios descansó de su labor (
Génesis 2:1-3): el
Shabat, del
hebreo שבת,
shabbat, descanso; nombre que fue adoptado por una
buena parte de las lenguas (castellano
sábado, francés
samedi, italiano
sábato,
portugués
sábado, catalán
dissabte, alemán
Samstag,
polaco
sobota, griego
sávvato, árabe
asSabt,
indonesio
sabtu, rumano
sâmbătă). Así pues, y basándose en
el relato bíblico, comienza la semana hebrea el día domingo (יום ראשון,
"yom rishón", "el día primero"), y no el lunes como en la
sociedad occidental, y culmina el sábado, el día consagrado al descanso.
Actualmente en algunos países como el Reino Unido y también en los
calendarios cristianos se suele tener el domingo como el primer día de
la semana, siguiendo ésta tradición hebrea, aún dando importancia a este
primer día, en especial en los calendarios litúrgicos al conmemorar la
Resurreción de Jesús de Nazaret.
El ciclo hebdomadario, y muy especialmente la santidad de la
festividad del Sábado —que es considerada la más sagrada de las
celebraciones judías, superada tan sólo por el
Yom Kipur o Día del
Perdón, precisamente denominado también "Sábado de Sábados"— impone otra
serie de ajustes al calendario hebreo, que debe de adaptarse a las
necesidades derivadas del Sábado en primer lugar, y luego de otras
fiestas y ritos judíos.
De esta manera, se propone el calendario hebreo impedir que ciertas
celebraciones, se superpongan o hasta se contradigan entre sí. El primer
caso sería la gran inconveniencia que acarrearía el coincidir el
Sábado, en el que se prohíbe cocinar, e inmediatamente luego o antes de
él, el Yom Kipur, en el que los feligreses observan un rígido ayuno. Ya
en el terreno de las contradicciones, no sería aceptable que el último
día de la Fiesta de las Cabañas (סוכות,
Sucot), uno de cuyos preceptos es agitar
vigorosamente las ramas de
aravá o
sauce, cayese en Sábado, en que
esta actividad está expresamente prohibida, por ser una de las 39
actividades prohibidas el séptimo y último día de cada semana (
Mishná, Tratado del
Shabat, 7:2).
Cumpliendo con el precepto de sacudir las
ramas de aravá en la festividad de Sucot
Este difícil pero fundamental equilibrio, se obtiene mediante
cálculos que prescriben en cuál de los días de la semana podrá caer el
primer día del año judío (según la usanza de nuestros días), que es
también el primer día de la festividad de Rosh Hashaná, el Año Nuevo
judío. Así, las reglas del calendario hebreo estipulan que en ningún
caso, podrá el primer día de Rosh Hashaná y del año —el primer día del
mes de Tishrei— coincidir un domingo, o un miércoles, o un viernes.
Para compensar el desfase que la imposición de esta regla puede
conllevar en el delicado equilibrio del calendario; y una vez culminado
el mes de Tishrei, durante el cual se suceden las principales fiestas
judías, y especialmente aquellas que acarrean los problemas que el
almanaque debe resolver
(Rosh Hashaná, Yom Kipur, Sucot), se vuelve a equilibrar el calendario,
agregando uno, dos o tres días en los dos meses posteriores a Tishrei:
los meses de Jeshván y Kislev.
De esta regla surge, que existen tres tipos de año en el calendario
hebreo:
- "Año faltante" (שנה חסרה, "shaná jaserá"), en cuyo caso tanto
el mes de Jeshván como el de Kislev tienen 29 días cada uno, de lo cual
resulta que dicho año contará con 353 días.
- "Año normal" (שנה כסדרה, "shaná kesidrá"), en cuyo caso
Jeshván traerá 29 días en tanto Kislev vendrá con 30, de lo cual resulta
un total anual de 354 días.
- "Año completo" (שנה שלמה, "shaná shelemá"), en cuyo caso
tanto Jeshván como Kislev cuentan cada uno con 30 días, y por lo tanto
se trata de un año con 355 días en su total.
Los años bisiestos respectivos a cada uno de los tipos de años
detallados, tendrán a su vez, sumado el mes agregado de Adar "A" que
siempre cuenta con 30 días, 383, 384 ó 385 días.
El calendario hebreo vuelve a repetir su ciclo, tomando en cuenta las
variaciones en días, meses y años, una vez cada 247 años, con una
pequeña diferencia de 50 minutos entre ambos. Para que la repetición
entre dos años hebreos sea perfecta, tienen que transcurrir entre uno y
otro nada menos que 689.472 años.