martes, 6 de diciembre de 2016

DDC Noticias y articulos sobre Cuba


MUERTE DE FIDEL CASTRO

De lo sublime a lo ridículo no hay más que un jeep

EUGENIO YÁÑEZ | Miami | 4 de Diciembre de 2016
En la Cuba castrista, versión de Macondo en tiempo real, puede suceder cualquier cosa. Hasta que el jeep conduciendo las cenizas de Fidel Castro se haya descompuesto a la entrada de Santiago de Cuba, y los solemnes custodios de la urna hayan tenido que descender del vehículo para empujarlo.
De manera que el supuestamente invicto Comandante, que fue capaz de sobrevivir a más de 600 atentados organizados por "el imperialismo", según la fantasiosa y tramposa versión que cuentan sus alabarderos sin aportar pruebas incontrovertibles y convincentes (porque tales "atentados" son inventados), no fue capaz de superar normalmente el recorrido La Habana-Santiago, porque entrando en "la cuna de la Revolución" falló el jeep ruso que transportaba las sublimes cenizas.
Naturalmente, el transporte utilizado para ese movimiento podría haber fallado en cualquier momento por su siempre cuestionable calidad, siendo de los tipos de equipos que desde el inicio de su gobierno impuso el dictador, que prefirió traerlos desde la Unión Soviética y "el campo socialista" al despreciar, desde antes de que se impusiera el embargo, los transportes y repuestos fabricados por "el imperio", aunque a él personalmente siempre le gustaron y utilizó para sus traslados las marcas "capitalistas" Oldsmobile, Alfa Romeo y Mercedes Benz. El ineficiente y protocolar Chaika blindado soviético que utilizaba a veces era solamente para guardar las formas con sus amigos de la KGB.
Además de la poca confiabilidad del vehículo ruso utilizado para trasladar los restos, es evidente la falta de preparación y capacidad de los encargados del mantenimiento y puesta a punto del transporte en el país, si incluso cuando están transportando las cenizas del Magno Cadáver se pueden producir fallos como ese. ¿Qué hubiera sucedido si la supuesta "agresión enemiga" que caricaturescamente se ensayó en el recién concluido Bastión 2016, hubiera sido un evento real? ¿Hubiera estado en condiciones el transporte "revolucionario" para enfrentar un ataque enemigo en gran escala, cuando incluso el jeep con las cenizas de Fidel Castro se encangreja en medio de la ciudad y hay que bajarse a empujarlo? ¿Era realmente un jeep, o un carretón disfrazado?
Si algo así hubiera sucedido en África o en América Central se hablaría del subdesarrollo, del colonialismo que esquilmó a los pueblos del Tercer Mundo, o de cualquier otro de los temas favoritos de la izquierda violenta para justificar su ineficiencia y corrupción.
Pero tratándose de un país donde, según declaró muy recientemente Raúl Castro, su ya fallecido hermano enseñó a los cubanos durante toda su vida que todo lo que se le ocurriera se podría lograr, es bochornoso, y hasta patético, que entre las cosas que no se puedan culminar esté el transportar las cenizas del —según ellos— difunto más importante del país sin que el vehículo que las traslada tenga desperfectos mecánicos.
Por cierto, la frase de "Sí se puede" que tanto repitió Raúl Castro en la ceremonia funeral final en Santiago de Cuba, y que mecánicamente coreaban como focas amaestradas los participantes, fue la misma que utilizó el presidente Barack Obama durante toda su campaña presidencial en el 2008. Era de pensar que los verdaderos revolucionarios serían capaces de imaginar consignas movilizadoras diferentes a las que utilizan los gobernantes "imperialistas".
Otro elemento a tener en cuenta es que cuando los custodios de la urna tuvieron que bajar del vehículo para empujarlo, en cierto sentido patinaron los mecanismos de la seguridad personal, pues debieron abandonar momentáneamente la función de custodiar para empujar, convirtiendo el jeep en uno de pilas, porque hizo falta una "pila de gente" para moverlo y echarlo a andar nuevamente.
Se dice que en Santiago de Cuba muchos cubanos que adoran dioses diferentes a los hermanos Castro ya han comenzado a señalar que el desperfecto del jeep fue una clara señal de que esa "tierra caliente" no deseaba recibir los despojos del dictador, y que tanto al difunto como a su hermano debería gritárseles como gritaba Fidel Castro a los cubanos que en 1980 abandonaban el país por El Mariel: "No los queremos, no los necesitamos".
De cualquier forma, Raúl Castro debería tomar medidas para que durante sus propios funerales no ocurriera lo mismo en el traslado de sus restos hasta el Mausoleo del Segundo Frente donde radica su nicho mortuorio.
La solución es muy sencilla. Que dejen guardados los ineficientes "yipis" rusos y utilicen para remolcar la urna marcas "imperialistas" reconocidas por su calidad, eficacia, solidez  y prestaciones, como Jeep, Land Rover, Mercedes, BMW, Nissan, o cualquier otra.
 
 
MUERTE DE FIDEL CASTRO

Mitos de la Antigua Cuba

JORGE SALCEDO | Boston | 4 de Diciembre de 2016
En la mitología de la Antigua Cuba, a Fidel Castro, el dios de la Revolución, se lo representa como un joven guerrero empuñando un fusil de mira telescópica, saltando de un tanque de guerra o avanzando sobre la tribuna, la diestra en alto, el índice extendido, conduciendo, instruyendo o amonestando a los cubanos.
En el reino vegetal, se lo asocia con el caguairán, árbol autóctono, de madera muy recia, también con el cocotero, el marabú y la guayaba. Entre los animales, se le consagran el caballo, las vacas ubérrimas, el cerdo, la rata y los tiburones. Se lo invoca popularmente con los números uno, 13, 26 y 59; aunque sus cifras secretas son el cero, el infinito y el número ocho. Sus colores distintivos son el rojo, el negro, el verde y el verde oliva, generalmente combinados en pares alternos: rojo y negro, verde y rojo.
Fidel aparece en varios cultos universitarios como una encarnación de la Justicia Social, la Revolución Socialista, la Revolución y la Soberanía de los Pueblos. La doble asociación con la Revolución Socialista y la Revolución a secas probablemente se deba a la contaminación mitológica del culto fidelista con cultos anteriores o contemporáneos al suyo que, al igual que el cristianismo, el comunismo y el fascismo, influyeron decisivamente en la religiosidad latinoamericana.
En algunas tradiciones tropicales y subtropicales, Fidel aparece como alegoría de nociones abstractas del siglo XX tardío, principalmente del Tercermundismo y la No-Alineación (o No-Alimentación, dependiendo de la fuente), que no tuvieron continuidad.
De sus relaciones con Mirta, Natalia y Dalia, nacieron sus hijos mortales; de sus relaciones con Hatuey, Céspedes, Maceo y Martí, nacieron los cubanos; de su relaciones con la prensa, nació la Revolución. También se le atribuye la paternidad de Daniel, Hugo, Dilma, Evo, Cristina, Rafael y otros dioses menores de la Gran Amazonía.
Innumerables leyendas y episodios bélicos dan cuenta de la astucia y valentía de Fidel, rasgos que algunos historiadores, sobre todo los más jóvenes, reclaman también para la figura histórica. En batalla desigual, Fidel destronó al tirano Batista, erradicó las plagas de analfabetismo, cerdos y vacas que asolaban los campos de Cuba, y las de prostitución y edificios, que asolaban sus ciudades. Pero su hazaña mayor fue la expulsión de los yanquis. Los "yanquis" fue el sobrenombre que Fidel dio a los súbditos y asociados del Imperio, su principal enemigo. Fidel enfrentó y derrotó a los yanquis en todos los rincones del mundo —el Caribe, Centro América, las selvas asiáticas y africanas, el Medio Oriente, los Andes, Hollywood y Naciones Unidas—. También frustró sus más de 600 intentos por recuperar las empresas que les había confiscado.
Mención aparte merecen los incesantes y peculiares enfrentamientos de Fidel con los gusanos —un caso mitológico único—, pues él vivía obsesionado con esta plaga que brotaba sin cesar de la tierra, probablemente a causa de la humedad del trópico y de la fertilidad de su suelo. Fidel derrotó a los gusanos en tantas ocasiones y de tan diversos modos que aquella guerra, en un comienzo cruenta y riesgosa, se convirtió con el tiempo en una fastidiosa rutina. Las invariables y contundentes victorias de Fidel contra Batista, el Imperio y los gusanos le ganaron el epíteto de "Nuestro Invicto Comandante en Jefe", y su culto se extendió a todos los rincones del mundo.
Fidel tenía el don de la locuacidad y el poder de la magia. Su presencia emanaba un magnetismo tan intenso que perturbaba las telecomunicaciones, la órbita de los satélites y la estabilidad del planeta. Su palabra podía aniquilar ciudades, borrar industrias, tradiciones artísticas y periodos históricos, con todos sus eventos y personajes célebres incluidos. Con su sola presencia, hacía aparecer y desaparecer a Cuba, in situ o en otras partes, por lo que muchos estudiosos insisten en considerar a ese país como un atributo suyo. La hipótesis no es descabellada. En las excavaciones realizadas en los estratos rocosos de la Isla que corresponderían a la dinastía castrista, se han encontrado restos de fortificaciones españolas adornadas con plomo, carrocerías inmaculadas de autos americanos, fusibles gigantescos de televisores URSS, pero ninguna evidencia material de los cubanos.
A Fidel se le atribuyen los milagros de la educación y la salud gratuitas, la mortalidad infantil negativa (-255 cubanos por cada 1000 nacidos vivos) la apertura de las aguas del Golfo y el generoso desvío de las tormentas tropicales hacia su propio territorio —para evitar, según decía, víctimas en los países más pobres, todos bajo su protección—. En Haití se le considera un dios fuerte, y se le guarda el mayor respeto.
Cuenta la leyenda que, al morir, Fidel Castro tenía 900 años. A sus funerales asistieron todos los hombres y mujeres honrados del planeta, excepto Barack Obama. La ceremonia, multitudinaria y austera, fue organizado por Raúl Castro, su hermano, y por Bernarda Alba, una hermana de la orden franciscana social. Llevaban llorándolo 33 días y sus noches cuando, de repente y a la vista de todos, el cuerpo inmortal de Fidel se desprendió de su cadáver y ascendió hacia lo alto a través de un pasaje hacia lo desconocido, que los allí presentes describieron entonces como una "súbita y espléndida pirámide de cristal", un "torbellino de palabras gastadas" o "un rabo de nube de cono invertido". Aquel cuerpo inmortal de Fidel, visible e invisible como el vapor de agua que asciende del asfalto, era también la imagen viva del guerrillero glorioso que entró en La Habana c. 1960.
Anonadados, aunque no sorprendidos —él los tenía acostumbrado a estas cosas—, los cubanos presenciaron la ascensión de Fidel como quien ve el cumplimiento de una vieja profecía, su cuerpo luminoso hecho uno con el Sol, la estrella principal y la más cotidiana, la más cercana y la más cálida. Nadie reparó en su cuerpo mortal, consumiéndose en el suelo como un fuego fatuo.
Raúl recogió las cenizas mortales de su hermano, las depositó en un cofre de cedro, se ató el cofre a la cintura y fue arrastrándolo penosamente por los pueblos y ciudades del país hasta llegar a Santiago de Cuba, en una peregrinación que duró nueve meses, seis horas y tres minutos. En el cementerio de Santa Ifigenia, tomó en sus manos las cenizas de Fidel, las mezcló con los restos mortales de Martí, y musitó para la Historia: "De aquí, ciudad de héroes, saldrán los nuevos inmortales. De aquí, ciudad gloriosa, saldrán los nuevos cubanos". Pensó añadir un exaltado "¡Patria o muerte!" y "¡Hasta la victoria siempre!" para animar a los presentes, pero, por primera y única vez en su vida, le ganó un extraño deseo de no repetir a los otros.
Los habitantes de la Cuba actual viven una existencia regalada, tranquila, más o menos burguesa; sin objetos, ritos, monumentos ni símbolos que aludan a los mitos de la Antigua Cuba. Pero, si les preguntan, ellos aseguran que Fidel Castro está allí, en lo más alto, como siempre, iluminando sus vidas, y que sienten su presencia todos los días del año; especialmente en agosto, mes oficial de su culto, cuando le elevan encendidas plegarias, himnos y alabanzas.

MUERTE DE FIDEL CASTRO

Todo lo que no se puede preguntar en Cuba tras el entierro de Castro

CARLOS ALBERTO MONTANER | Miami | 4 de Diciembre de 2016
Casi nadie sabe cómo fueron sus últimas horas. ¿Murió, súbitamente, de un paro cardíaco, agonizó durante varios días, o se ahogó por una obstrucción en la garganta, como se rumora en La Habana sotto voce?
¿Por qué la prisa en cremarlo? ¿No querían que su última imagen fuera la de un ancianito frágil y empequeñecido con cara de loco? ¿Por eso hicieron desfilar al pueblo frente a una fotografía del Comandante heroico en la Sierra Maestra? Hay una vieja tradición de coquetería revolucionaria. Una de las últimas peticiones de Stalin fue que le arreglaran el bigote.
¿Por qué guardaron las cenizas en una urna en la Sala Granma del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, lejos de la multitudinaria presencia del pueblo? ¿Temían el escenario improbable de que se desbordaran las pasiones? ¿O solo querían que sus ancianos camaradas de armas, como Ramiro Valdés, pudieran despedirse íntimamente del caudillo y jefe que los guió hasta la victoria y los convirtió en personajes importantes, aunque odiados y temidos?
¿Es verdad que los restos mortales del Comandante no viajaron en ese precario jeep que supuestamente los trasladaba hasta su última morada para no arriesgarlos en la aventura de una carretera desguazada por la incuria gubernamental? ¿Prevaleció la idea de darles a los cubanos una despedida simbólica? ¿Qué importaba que el vehículo cargara arena o las cenizas de otro cadáver si se trataba de un acto puramente ritual? Si Raúl jugó con el cadáver de Hugo Chávez, ¿por qué no haría lo mismo con el de su propio hermano?
¿Es cierto que planeaban dar el cambiazo de cenizas en la madrugada del domingo, poco antes de la inhumación? Usar dobles fue una treta que Fidel Castro utilizó frecuentemente en vida, ¿habrá continuado la costumbre tras su muerte? ¿Es una muestra de la astucia revolucionaria de la que tanto se ufanaba cuando habitaba en este valle de lágrimas?
¿Por qué no entrevistaron a su viuda oficial y a los cinco hijos que tuvo con ella?  ¿Por qué los periodistas no registraron las reacciones de los otros diez herederos extraoficiales —vástago más, vástago menos— que se le conocieron o se le intuían, o a la otra decena de madres dolientes y presumiblemente desesperadas que alguna vez amaron al Máximo Líder y se animaron a parirle un hijo?
¿Es verdad que entre la familia de Raúl y la de Fidel apenas hay vasos comunicantes? ¿Es cierto que los herederos de Raúl se consideran revolucionarios dedicados y perciben a sus primos como bonvivants despreciables que malgastan insensiblemente los recursos que les entregan en los pecados de la dolce vita, mientras ellos engrandecen el legado de sus mayores en tareas patrióticas?
¿O se trata, tal vez, de la variante doméstica y familiar del enfrentamiento entre fidelistas y raulistasque, afirman los entendidos, existe en la raíz de la cúpula gobernante desde que en el 2006, precipitadamente, Raúl llegó al poder colgado de los intestinos de Fidel severamente afectados por la diverticulitis?
¿Cómo se siente, realmente, Raúl Castro tras la desaparición del hermano mayor que le dio las ideas, el impulso vital, la estructura de valores, lo convirtió en Comandante, en Ministro, luego en Presidente, y le regaló un país para que hiciera o deshiciera a su antojo, sin dejar de hacerlo sentir a cada momento que era un pigmeo intelectualmente inferior, sin imaginación, lecturas o carisma?
¿Raúl es víctima del amor-odio y de la admiración-rechazo que provocan las relaciones en las que una parte se sabe a remolque de la otra? ¿Resiente más las humillaciones recibidas o le agradece que le haya fabricado una vida notable? La gratitud es la emoción más difícil de manejar por la mayor parte de los seres humanos.
¿Está Raúl consciente de que la adhesión juvenil sin fisuras que le despertaba el hermano-héroe se fue transformando en la evaluación crítica del hermano-loquito, con más sombras que fulgor, que vivía en un universo de palabras o de iniciativas desquiciadas —vacas enanas, siembras de moringa y otras mil tonterías— que fueron destruyendo paulatinamente la base material que sustentaba la convivencia de los cubanos?
Y queda, por supuesto, la más importante de todas las preguntas: ¿qué ocurrirá en el futuro, ahora que Fidel Castro yace en el cementerio de Santa Ifigenia, bajo una pesada lápida, cerca de la tumba de José Martí? Ese será el tema de un próximo artículo.
 
MUERTE DE FIDEL CASTRO

Luces, cámaras y micrófonos, esas otras armas del castrismo

ALBERTO MÉNDEZ CASTELLÓ | Puerto Padre | 4 de Diciembre de 2016
El mundo ve cómo un cortejo fúnebre con las cenizas de Fidel Castro rueda sobre un armón acristalado por las carreteras de la Isla, donde a la vera, miles de cubanos, como actores en el camerino, aguardan para salir a escena.
Permanecen apostados junto al badén, esperando ver los restos del Comandante pasar, para sollozar compungidos o exclamar la última consigna: "¡Yo soy Fidel!".
Han sido llevados desde cualquier lugar donde alguien ordena, ya sea una escuela, un hospital o una fábrica, luego volverán a casa y muchos encontrarán la cazuela vacía.
El guion es viejo, viejísimo, lo esbozó el propio Fidel Castro hace ya 57 años, el 8 de enero de 1959, a su entrada a La Habana.
Salvo reacomodos de utilería o retoques en los tiempos escénicos, el argumento de lo que hoy vemos ya estaba escrito. Luces, cámaras y micrófonos, esas otras armas del castrismo, y de cualquier dictadura, nunca pertenecieron al arsenal de retaguardia, y con frecuencia, cumplieron su misión en la vanguardia, antes que los soldados con plomo o los policías con rejas.
Como respuesta al ametrallamiento aéreo del 21 de octubre de 1959, que en La Habana causó dos muertos y 43 heridos (quienes antes ponían bombas a cuenta de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio ahora combatían a Fidel Castro), fue convocada una concentración frente al Palacio Presidencial. Pero un obstáculo arquitectónico interrumpía la imagen continua de la multitud congregada desde la terraza norte del Palacio Presidencial hasta el Malecón: la entrada al túnel de la bahía.
La solución del inconveniente fue encomendada al entonces subsecretario de Obras Públicas, ingeniero Gerardo Pérez-Puelles Ezpeleta, quien, contratando carpinteros a toda prisa, construyó entre sábado y domingo un puente de madera sobre la entrada del túnel.  
Al volante de un jeep, en la madrugada del domingo 26 de octubre, Fidel Castro inspeccionó la obra. El ingeniero le aseguró que estaría lista para la concentración, pero, no contento con haber salvado aquel obstáculo, Fidel sugirió "retirar provisionalmente" los árboles de la Avenida de las Misiones para lograr una "completa visibilidad" de la multitud.
Fue preciso convencer al Comandante de que tal operación, difícil de ejecutar, podría conducir a la muerte de los árboles.
Cabe apuntar que en aquella concentración del 26 de octubre de 1959, pronunció su último discurso el comandante Camilo Cienfuegos, quien desaparecería misteriosamente dos días después. Desde la madrugada del 21 de octubre Huber Matos ya se encontraba preso.  
Que Fidel Castro, ya en 1959 ordenará construir puentes y trasplantar árboles con el solo propósito de mostrar por televisión imágenes de personas concentradas, aplaudiendo sus discursos, no es raro. En Cuba se derrocharon millones de toneladas de combustible llevando gentes a las plazas con un solo fin: aplaudir, mostrar al mundo que en Cuba todo es unidad.
¿Unidad en Cuba? Nada más distante de la realidad. Con cámaras, luces y micrófonos, y por supuesto, con las cárceles y el paredón de fusilamiento, Fidel Castro consiguió una imagen de unidad de los cubanos, esa que vemos ahora en sus funerales.
Pero esa imagen de unión nacional es escénica, teatral. La cubana es una sociedad murmurante, doble: el cubano que aplaude en las plazas es uno; el que en la soledad de su casa se enfrenta a la cazuela vacía, es otro.
Existen los cubanos cuyas imágenes vemos ahora ante las cámaras. Pero para saber de las otras caras de los cubanos, debemos estar con ellos, a la hora de cocinar, incluso, irnos a la cama con ellos y junto a ellos soñar.  
 
MUERTE DE FIDEL CASTRO

La burocracia fidelista eterniza el mito para evitar los cambios

PEDRO CAMPOS | La Habana | 3 de Diciembre de 2016
"Siempre seremos Fidel." "Fidel por siempre." "Fidel es socialismo." "Fidel simboliza la paz, la solidaridad, la patria." Esas y otras consignas por el estilo, despliega la prensa fidelista en la Isla a propósito de la muerte de Fidel Castro, en lo que pareciera un maratón urgente para elevar a planos infinitos el culto a la personalidad del líder y tratar de eternizar el mito que se esfuma por imperio de la naturaleza.
Se trata de una necesidad del modelo burocrático centralizado y personalista de gobierno desarrollado por el caudillo durante más de medio siglo que, sin él, no tiene sentido. Él habló de una revolución democrática y socialista, pero en verdad cada vez fue siendo más "su" revolución, en la cual él tomaba todas las decisiones importantes y menos importantes, desde lo que debía comer la gente y el color de los uniformes escolares hasta lo que debía legislarse o la instalación de cohetes atómicos rusos para "poner de rodillas al Imperio".
Hasta que él mismo, sus seguidores y no pocos cubanos y extranjeros llegaron a confundir nación, patria, bandera, revolución y socialismo con su nombre y su figura. "Yo soy Fidel" ha sido el colmo del absurdo.
En más de una ocasión fue advertido el peligro que ello entrañaba para el futuro del proceso revolucionario, pues con él podría morir su revolución, pero él se empeñó en esa identificación a tal punto que siempre eclipsó o desplazó y separó de sus cargos a todos los revolucionarios que estuvieron cerca de él, podían hacerle alguna sombra o simplemente contradecirlo.
Paralelamente se cuidaba de no dar señales de la inmensa exaltación de su personalidad mesiánica que fomentaba sofisticadamente, al impedir que se diera su nombre a lugares históricos o públicos o se le hicieran bustos o monumentos, al estilo de Stalin; pero por medio de la televisión, la que usó como ninguna otra figura de su época, se encargaba de estar varias horas de visita todos los días, en cualquier momento, por cualquier motivo, y sin ser invitado, en todas las viviendas, oficinas y lugares públicos, donde tampoco impidió que abundaran sus fotos "heroicas".
Sus largos discursos con poses, movimientos y oratoria bien estudiados copaban además de la televisión, las estaciones de radio, los periódicos y revistas. Él siempre fue único discursante, el que daba las orientaciones directamente al pueblo, el que dialogaba e intercambiaba frases prediseñadas con las multitudes. Pero eso "no era culto a la personalidad", "era uso de los medios masivos de comunicación para educar al pueblo".
Toda la obra de la "revolución", en verdad resultado del trabajo y el sacrificio de los trabajadores y profesionales cubanos, era presentada como la obra personal de Fidel Castro. Desde el arreglo de un bohío tumbado por una ráfaga de viento, pasando por la salud y la educación para todos, a costa del trabajo del pueblo cubano y del esfuerzo de médicos y maestros, hasta el intento de construir una planta termonuclear, por suerte desechada, o la desaparición del apartheid en Sudáfrica.
De esa manera la revolución, que una vez fue prácticamente de todo el pueblo cubano por derrocar la dictadura de Batista y restaurar la institucionalidad democrática, se fue convirtiendo cada vez más en la revolución de Fidel Castro. Así, se hizo tan fidelista, se identificó tanto con él que dejó de ser la revolución popular de todos primero, y luego cada vez de menos cubanos hasta que se convirtió en la revolución personal de Fidel Castro: su "revolución".
Esto se hizo muy visible en el 2005-2006, en pleno "Periodo Especial", en vísperas de su enfermedad y operación que lo sacaron transitoriamente del poder efectivo, cuando llegó a reconocer que la revolución estaba en peligro por el burocratismo y la corrupción y pasaba horas en la televisión explicando su plan energético y todo el mundo, menos él se daba cuenta del hueco en que habíamos caído y las ridiculeces y desfases de sus intervenciones.
Hasta su hermano Raúl, al recibir el poder, lo dijo: estamos cerca del abismo, y rápidamente empezó a hablar de la necesidad de cambios, tuvo un discurso esperanzador y empezó a mover fichas y a tomar una serie de decisiones que claramente apuntaban al desmantelamiento de muchos de los absurdos del fidelismo, llegando a promover el llamado proceso de "actualización", para algunos un intento disimulado de perestroika tropical cuidadosamente estudiado.
En la medida en que fue mejorando y saliendo de su operación, se vio de nuevo a Fidel Castro tratando tomar las riendas del poder y abundan las señales de claras diferencias con lo que venía haciendo su hermano. El acercamiento a EEUU, al parecer iniciado con su anuencia, se convirtió en su pesadilla.
En vida del campeón del antimperialismo mundial de todas las épocas, la visita del representante principal del Imperio, del Presidente de EEUU a Cuba, su discurso democrático y su acercamiento al pueblo cubano, no pudo ser resistida y con aquella tristemente célebre reflexión "El hermano Obama", inició su "última batalla contra el imperialismo" y de paso contra la política de acercamiento de su propio hermano.
Pretendió lo inevitable, que Cuba y EEUU vivieran en paz y como buenos vecinos cooperaran, bajo el supuesto de que todo era un plan para destruir lo que él mismo nunca fue capaz de construir por su personalismo: la Cuba próspera que necesitamos todos los cubanos. Hoy, sus más fieles seguidores pretenden convertirlo en valladar contra los inevitables cambios.
Pero su desaparición física quizás posibilite que finalmente Cuba pueda emprender la senda de las transformaciones necesarias. Y parafraseando su concepto de revolución firmado por seis millones de cubanos, ya es imprescindible, llegó el momento de "cambiar todo lo que debe ser cambiado".
 
MUERTE DE FIDEL CASTRO

Juanita Castro: Fidel 'sembró mucho odio'

DDC | Miami | 4 de Diciembre de 2016
Fidel Castro "sembró mucho odio", comenta su hermana Juanita en una entrevista con el Diario Las Américas. "Yo no lo haría, pero comprendo y respeto a los que celebran por su muerte porque él hizo mucho daño", añade.
"Es triste, pero eso fue lo que él sembró", insiste Juanita Castro, quien vive con dolor desde Estados Unidos el fallecimiento de su hermano.
En la entrevista, Juanita Castro cuenta cómo las aspiraciones del joven Fidel Castro crearon una gran fisura familiar.
"Sacrificó a todos por sus planes" y la falta de afecto que mostró hacia la familia provocó malestar en el hogar materno, dice.
A pesar de que había grandes diferencias entre el modo en que él y Raúl Castro se relacionaban con sus hermanos y padres, "Raúl siempre sintió por Fidel una adoración y eso lo llevó a que se unieran de manera incondicional", dice.
Juanita relata cómo durante el primer año de la Revolución participó en trabajos sociales que su hermano "apoyaba con recursos".
"Cuando me quejaba de las cosas que estaban pasando en el país, me decía 'no te preocupes, Juanita, todo se va a arreglar, las cosas van a ir bien'", recuerda.
Sin embargo, en aquellos momentos estaban en marcha los fusilamientos en la fortaleza militar de La Cabaña, bajo las órdenes de Ernesto Che Guevara.
"Aquello me volvió loca. Al primero de los revolucionarios que le enfoqué los cañones fue al Che Guevara, por sus injusticias", asegura Juanita. "Había personas que habían tenido como medio de vida un trabajo con el Gobierno de Batista, que no tenían culpa de nada, incluso soldados que pertenecieron al ejército anterior, sin ningún rango; fusilaban a cualquiera, no sé si para impresionar al mundo o por venganza. No sé qué movía al Che Guevara para hacer tanto daño de gratis. Eso me envenenó la vida".
"Al principio, de forma ingenua, pensé que Fidel no lo sabía; después me di cuenta de que a mí también él me estaba engañando y entonces comencé a tratar de sacar de las prisiones a lo que arrestaban por sus ideas políticas, a quienes finalmente habían sido traicionados por Fidel y el régimen que estableció", dice.
Juanita Castro partió a México a mediados de 1964 con la decisión de no volver.
"Igual que fui la más identificada de mis hermanas con la Revolución, así me separé por razones políticas", señala.
A su juicio, el régimen que consolidó Fidel Castro estaba planeado desde antes de 1959.
"Ellos ya tenían diseñado ese fenómeno (…) para mí, todo eso estaba planeado desde la Sierra Maestra. No fue por casualidad que pasaron esas cosas".
Aunque admite que se ha sentido mal por no haber visto nunca más a sus hermanos, incluso cuando han estado enfermos, aclara que ha sido por su propia voluntad: "Nadie me ha presionado para que vaya a Cuba o para que no lo haga, fue una decisión que tomé. Siempre he sabido que las cosas allí están iguales o peores que como las dejé, mi vida se termina aquí, donde voy a estar hasta que Dios disponga".
"Lo que más siento de todo es el país que destruyó y la oportunidad que se perdió de hacer algo maravilloso", afirma en la entrevista.
Agrega que no renuncia al sueño de una Cuba mejor, "en la que queden atrás los resentimientos y el odio, y seamos capaces de hacer algo por alcanzar la verdadera libertad", pero se muestra escéptica con la posibilidad de que la desaparición física de Fidel Castro signifique un cambio.
"Aún quedan muchos en el Gobierno que durante todos estos años se han beneficiado, satélites que lo que han hecho es aprovecharse. Además, me imagino que hay varios núcleos internos, los más fuertes, los reaccionarios, los empecinados, los 'odiadores'. Dentro de esa cúpula hay de todo y se mantendrán luchando unos con otros como pasa en todos los grupos de poder", razona.
Juanita ha sido informada de que tiene reservado un nicho en la finca de Birán, en el mausoleo edificado para los Castro Ruz. Pero "tener un espacio en la familia después de la muerte no tiene valor", dice.
"Han sido tantas las cosas tristes y difíciles que cualquier buen recuerdo se ha opacado. Fue demasiado, por eso entiendo la reacción de mucha gente que expresa bailando su rechazo a tanto dolor".

MUERTE DE FIDEL CASTRO

Mirta Díaz-Balart: 'He rezado por su alma, soy cristiana'

DDC | Madrid | 3 de Diciembre de 2016
"Estoy afectada, sí, y he sentido pena por su muerte, aunque esa historia ocurrió hace más de 60 años. Estos días he rezado por su alma, yo soy cristiana", dijo Mirta Díaz-Balart, exesposa de Fidel Castro y madre de su primogénito.
"Recuerdo mi matrimonio con Fidel como algo lejano", declaró al diario español El Mundo. "Pero también como una etapa muy bonita de mi juventud. Yo nunca le he deseado el mal, siempre le deseé cosas buenas".
Mirta Díaz-Balart, miembro de la alta sociedad cubana, se enamoró de Castro en la Universidad de La Habana, donde ambos estudiaban.
Su padre, Rafael José Díaz-Balart, fue alcalde de la ciudad de Banes, y su hermano Rafael subsecretario de Gobernación de Fulgencio Batista.
Se casó con Castro por la iglesia en 1948, cuando tenía 20 años y él 22. Estuvieron de luna de miel en Miami y Nueva York. Once meses después, nació Fidel Castro Díaz-Balart. La pareja se divorció en 1955.
"Pues por lo de siempre (…) Los hombres, ya se sabe", respondió Mirta al respecto, al parecer refiriéndose a las infidelidades de Castro, aunque la actividad política del futuro dictador también los habría alejado.
"En nuestra separación nunca hubo malas palabras, rompimos civilizadamente. Yo jamás le he deseado ningún mal", añadió, no obstante.
Mirta se casó más tarde con Emilio Núñez Blanco, abogado y notario, hijo de Emilio Núñez Portuondo, embajador cubano en la ONU y adepto a Batista. Ambos se establecieron en Madrid a finales de los 60 con sus dos hijas, Mirta y América Silvia. Fidelito, su hijo con Castro, fue enviado por su padre a estudiar en la Unión Soviética.
En España residían también Waldo (pintor) y Rafael Díaz-Balart (el antiguo alto cargo de Batista), hermanos de Mirta.
Rafael es padre de Lincoln (exrepresentante) y Mario Díaz-Balart, congresista republicano por Florida.
El primogénito de Castro y su madre se han encontrado tanto en España como en Cuba, pero Mirta Díaz-Balart niega los rumores de que estuvo en la Isla en 2006 para despedirse de Castro, después de que este enfermara gravemente y se viera obligado a ceder el poder a su hermano.
"Mi hijo hubiera sido incapaz de pedirme eso. He viajado en varias ocasiones a La Habana para estar con mi hijo, pero me alojaba en su casa, sin trato de favor alguno. Tampoco he vuelto a ver jamás a Fidel Castro ni he hablado con él", aseguró.
Según su versión, tras exiliarse en España el único vínculo que ha mantenido con su primer esposo ha sido el hijo en común.
Marita Lorenz quiere despedirse
Una mujer que corrió una suerte distinta, la alemana Marita Lorenz, examante de Castro que fue enviada por la CIA a La Habana para intentar matarlo, dijo que quiere ir a la Isla a despedirse de él y a buscar al hijo que, asegura, le arrebataron en Cuba.
"Siempre quise verle de nuevo, y lo intenté, pero no pudo ser. Iré próximamente a presentarle nuestros respetos y buscaré a mi hijo", dijo Lorenz a Vanitatis, suplemento de la publicación española Confidencial.
Lorenz, de 76 años, vive hoy en un pequeño piso de Queens. Conoció a Castro con 19 años y vivió con él un romance en La Habana hasta que quedó embarazada.
Según cuenta en su libro Yo fui la espía que amó al comandante, la drogaron para provocarle el parto y luego la enviaron a Nueva York.
"Me dijeron que había sufrido un aborto, pero el ginecólogo de Nueva York me habló de un parto provocado. Lo del aborto era falso. El embarazo estaba casi a término y mi hijo nació cuando yo estaba en coma en Cuba. Es un chico. Creció allí y se llama Andrés Vázquez", dijo Lorenz en septiembre pasado.
Afirmó que pudo ver a su hijo en 1981, cuando Castro aceptó recibirla tras 20 años sin verlo.
"Le supliqué que me presentase a nuestro hijo. Entonces abrió la puerta y apareció Andrés. Se parecía a su padre. Sus manos y su rostro eran idénticos. Le di los regalos que le había llevado. Me dijo que estudiaba Medicina. Mientras, yo no paraba de llorar", contó.
Antes, en 1961, Lorenz viajó a Cuba enviada por la CIA para matar a Castro, pero no fue capaz de hacerlo.
 
 
POLÍTICA

'Yo sé matar, tú no', dijo Castro al diplomático que gestionó la crisis de la Embajada del Perú

DDC | Lima | 5 de Diciembre de 2016
"Yo sé matar, tú no", dijo Fidel Castro al diplomático peruano Ernesto Pinto-Bazurco Rittler en abril de 1980, cuando negociaban una salida a la crisis creada por la entrada de casi 11.000 cubanos a la embajada de Lima en La Habana, informa el diario El Comercio.
Pinto-Bazurco, el entonces embajador, contará detalles no conocidos de esos días en el libro Diplomacia y libertad, que se publicará próximamente.
El diplomático, que finalmente consiguió los salvoconductos para que los refugiados en la legación peruana pudieran abandonar el país, dijo en una entrevista con El Comercio que acogió a los cubanos porque "no le tenía miedo al régimen".
"Actué de acuerdo con mis convicciones y con los intereses del Perú. En la Constitución del 79 el Perú se obligaba a dar asilo y protección", añadió.
Pinto-Bazurco dijo que en la embajada llegaron a acumularse 10.834 personas. "Para tener una visión de cómo era la situación, había cinco personas por metro cuadrado. Ello era una señal de que había una enorme presión social y una enorme necesidad por salir del país", añadió.
El diplomático afirmó que negoció directamente con Fidel Castro, primero por teléfono y luego en el auto del dictador. Era "una persona inteligente con poder, con capacidad de decisión".
"Una de las circunstancias más difíciles fue cuando Castro, luego de plantearle el asunto desde el punto de vista jurídico, me dijo: 'Bueno, pero hay una diferencia bien grande, yo sé matar, tú no'", relató Pinto-Bazurco. "Ese era el poder real".
"Me quedé muy conmovido con esa frase y, después de unas horas, volví a retomar la negociación y se me ocurrió la respuesta. Le dije: 'Mire, matar es muy fácil, hasta los animales matan, pero mantener a una persona con vida es mucho más complicado'", recordó.
Según Pinto-Bazurco, las exigencias a Lima durante la negociación venían más bien del entorno de Castro y consistían en que la legación peruana entregara a algunos de los refugiados.
"En las dictaduras son los entornos los que quieren ser fuertes, hacen méritos", razonó el exembajador. "Yo los escuchaba con paciencia, pero ya nos habíamos entendido con Castro".
La segunda parte de las negociaciones transcurrió en el auto que utilizaba Castro. "Él apareció solo, entonces la cosa fue mucho más fácil, entendió las cosas desde el punto de vista político y jurídico", señaló el diplomático.
Castro se acercó de madrugada a la embajada. "La escena fue dramática, porque se apagaron todas las luces del sector. Pensé en dos posibilidades: o venía la fuerza a atacar o venía Castro. Estaba preparado para lo peor, pero vino lo mejor", recordó Pinto-Bazurco.
"Cuando se acercó sigiloso para que no lo vieran, lo invité a pasar, pero no aceptó. 'Más seguro es mi auto', dijo. Nos fuimos a dar vueltas en el Malecón. Fue una conversación seria, profunda, por momentos dramática. Pero se solucionó porque hubo la garantía de que a esta gente no le iba a pasar nada".
"Una de las cosas que me dijeron [los funcionarios cubanos] es que yo no estaba en la capacidad física ni económica de alimentar a las 10.000 personas. Nosotros repartimos agua y puse de mi bolsillo para comprar galletas", aseguró Pinto-Bazurco. "Ese fue uno de los instrumentos de presión que tuve con Castro. 'Yo no tengo cómo alimentar a la gente —le dije—, esto se tiene que solucionar hoy, porque si no vas a ser responsable de que la gente se muera'".
El diplomático dijo que la clasificación de los refugiados en la embajada fue "un tema complejo".
"Algunos calificaban para asilados, otros para refugiados. Pero para evitar complicaciones parte de la negociación con Castro fue calificarlos como ingresantes".
Todos los cubanos salieron con un salvoconducto, "menos tres personas que habían sido sindicadas de haber cometido delitos mayores y que se quedaron hasta nueve años en la embajada", precisó.
Al final esos tres cubanos también "lograron salir" de la Isla. "Uno de ellos era un policía de tránsito que se llamaba Ángel Gálvez. Ingresó a la embajada simulando que traía una correspondencia y no salió. Entonces, el Gobierno lo calificó como desertor y miembro del Ministerio del Interior y le correspondía la pena de muerte. No calificaba para el salvoconducto", detalló Pinto-Bazurco.
El segundo era un chofer que estrelló su autobús contra la embajada para ingresar en el recinto, y a quien las autoridades cubanas acusaban "de ser el responsable indirecto de la muerte de uno de los custodios que falleció cerca del lugar".
"La otra persona se quedó por miedo", dijo el diplomático. "Posiblemente, era un agente del Ministerio del Interior".
Pinto-Bazurco dijo que su relación Fidel Castro en esos días fue "siempre fue muy profesional".
"El gran problema es que Castro estaba acostumbrado a dos tipos de persona: los que lo adulaban y los que le tenían miedo. Yo ni lo adulé ni le tuve miedo", comentó.
El exembajador calificó el incidente como "la acción más importante que tuvo la diplomacia peruana en favor de los derechos humanos". Dijo que mantuvo silencio hasta ahora porque se comprometió "a no difundir las cosas hasta la muerte de Castro", ocurrida el 25 de noviembre. "Ahora que eso pasó, voy a publicar el libro".

MUERTE DE FIDEL CASTRO

Duras críticas a Ségolène Royal por alabar a Castro y poner en duda las violaciones de derechos humanos

AGENCIAS | París | 4 de Diciembre de 2016
La ministra de Ecología de Francia, la socialista Ségolène Royal, ha sido este fin de semana blanco de duras críticas en su país por defender desde Cuba el legado de Fidel Castro, a cuyas honras fúnebres asistió, reporta EFE.
La derecha, el centroderecha y también facciones de la izquierda francesa han atacado vehementemente a Royal, miembro destacado del Gobierno de François Hollande, por haber ensalzado la figura de Castro y haber relativizado las violaciones de los derechos humanos en la Isla diciendo que hay "mucha desinformación".
Royal dijo en Cuba que gracias a Castro "los cubanos recuperaron su territorio, su vida, su destino".
"Siempre hay aspectos positivos y negativos en la historia pero (...) se sabe que aquí, cuando se piden listas de presos políticos, no hay. Entréguenme listas de presos políticos, en ese momento se podrá hacer algo", afirmó el sábado la política francesa.
El domingo, tras las críticas, intentó matizar y dijo que "son los historiadores los que deben hacer el balance" del régimen y que el problema de las violaciones de los derechos humanos "debe ser solucionado, efectivamente".
El escritor cubano exiliado en Francia Jacobo Machover, quien dijo a la radio France Info que está "dispuesto a darle una lista de inmediato" a Royal.
"La señora Royal está completamente enceguecida o fanatizada por la propaganda cubana", agregó el escritor, quien mencionó a "miles de presos" condenados "por nada", "fusilados", así como a todos los muertos en el mar cuando trataban de escapar del "paraíso socialista" descrito por Royal.
Los Republicanos, el principal partido de centroderecha en Francia, reaccionó a través del senador Bruno Retailleau, hombre próximo a François Fillon, el candidato favorito a vencer las presidenciales de 2017, reportó EFE.
El Gobierno ha cometido "un error" enviando a Royal a Cuba, pues Francia no debe "rendir tributo a las dictaduras", ni la ministra tiene el derecho a "pisotear los derechos del hombre", dijo Retailleau.
"Se trata de un ataque contra los miles de cubanos que mueren en las prisiones cubanas (...) Una vez más estaría mejor callada", terció en la radio Franceinfo otro senador de Los Republicanos, Roger Karoutchi.
El número dos del ultraderechista Frente Nacional (FN), Florian Philippot, dijo que a la ministra de Ecología le "faltó lucidez y respeto" y recordó la persecución del régimen castrista a opositores políticos y otras minorías como los homosexuales.
"La izquierda para mí no es una izquierda que alaba a Fidel Castro", dijo al canal televisivo BFMTV Juliette Méadel, compañera de Royal en el Ejecutivo, pues ocupa la secretaría de Estado para la ayuda a las víctimas de los atentados terroristas.
El diputado ecologista François de Rugy pidió a Hollande que "desautorice" las palabra de la ministra, ya que son contrarias "a los valores" que defiende Francia.
El diputado socialista David Assouline, colega de partido de Royal, recordó que Francia ha destacado en la historia por "haber inventado la Declaración de los Derechos del Hombre" no por "respaldar a dictaduras" como la cubana.
Ségolène Royal, la "número dos" en la jerarquía después del primer ministro, Manuel Valls, es una destacada figura del Partido Socialista (PS). En 2007 fue candidata presidencial y perdió ante el conservador Nicolas Sarkozy.

POLÍTICA

'No hay democracia en Cuba, nunca ha habido', el Gobierno francés rectifica a Ségolène Royal

AGENCIAS | París | 5 de Diciembre de 2016
El portavoz del Gobierno francés, Stéphane Le Foll, subrayó este lunes que "Cuba no es una democracia y hay problemas de libertad desde hace tiempo", en una clara rectificación de las polémicas palabras de la ministra de Ecología, Ségolène Royal, quien había puesto en duda la existencia de presos políticos en la Isla, reporta EFE.
"No hay democracia en Cuba, nunca ha habido", afirmó Le Foll en una entrevista a la emisora France Info cuando le preguntaron por las palabras de Royal cuando asistía en Cuba a los funerales de Fidel Castro, que han generado numerosas reacciones de condena en Francia.
La titular de Ecología, que había acudido en nombre del Gobierno francés a los actos de homenaje de Castro, dijo que en Cuba "cuando se pide la lista de presos políticos, no hay".
Además, la que jerárquicamente es la "número dos" del Ejecutivo francés después del primer ministro, Manuel Valls, consideró que "hay mucha desinformación" sobre el régimen cubano, antes de puntualizar que tienen que ser los historiadores los que evalúen el legado de Castro y reconocer que debe solucionarse "el problema" de los derechos del hombre.
Le Foll enmarcó los comentarios de Ségolène Royal en el contexto del "duelo" por el fallecido Castro, pero no se privó de lanzarle un reproche al hacer notar que "podría haber esperado".
Sobre todo, el portavoz del Gobierno se esforzó en recordar la posición francesa, en el sentido de que "Cuba ha iniciado una transición frágil y todavía tímida", y que el presidente francés, François Hollande, ha manifestado su voluntad de "acompañar y apoyar ese proceso".
En esa misma línea, hizo hincapié en que la Unión Europea está negociando un acuerdo con La Habana y en ese contexto "la cuestión de los derechos humanos se planteará con claridad".
RELACIONES CUBA-EEUU

El senador Bob Menéndez espera que Trump apoye la democracia en Cuba

DDC | Nueva Jersey | 5 de Diciembre de 2016
"Espero que el próximo presidente, Donald Trump, diga a Cuba lo que el presidente Barack Obama dijo a Birmania: 'Liberen a sus prisioneros, celebren elecciones justas y libres y avancen hacia la democracia'. No sé por qué el pueblo de Cuba merece menos que el pueblo de Birmania", escribió este domingo el senador Bob Menéndez en NorthJersey.com.
Después de la muerte de Fidel Castro, el senador ve "la primera grieta" en el poder de la dictadura y la posibilidad de que Cuba "esté un paso más cerca de la libertad".
Así, espera que el Gobierno de Trump aproveche este momento "para desarrollar una nueva política hacia el régimen de Castro escuchando a los activistas y a los que continúan sacrificándose en su lucha pacífica por la libertad".
Dentro de esa nueva política estaría la revisión de las medidas tomadas por la Casa Blanca que, según Menéndez, solo han beneficiado "a Raúl Castro, su familia y los militares".
Llamó a repensar la política de Washington hacia La Habana: "Contrariamente a la idea romántica que algunos venden, las recientes concesiones desfasadas en la política estadounidense hacia Cuba no han dado lugar a cambios positivos en la forma en que rige el régimen ni en las vidas de los cubanos de a pie. Ahora es el momento de repensar esa posición".
También reclamó la posibilidad para los cubanos de tener las primeras elecciones libres desde 1959, la posibilidad de ser dueños de una empresa o de formar sindicato, y la libertad de expresión.
La muerte del dictador, anotó, "es más que simbólica", es "una oportunidad histórica para el cambio, para que los Estados Unidos persigan políticas completas que, en primer lugar, apoyen al pueblo cubano".
La Isla será "un mejor socio y vecino de los Estados Unidos". Los cubanos ya no tendrán que realizar ese peligroso viaje hasta las fronteras estadounidenses.
"Cuba ya no exportaría más su forma opresiva y desastrosa de Gobierno, un legado que se ha manifestado trágicamente en forma de crisis humanitaria en Venezuela", dijo sobre el proselitismo de los Castro.
Bajo unas nuevas circunstancias habría más probabilidades de que La Habana regresara a prófugos de la justicia estadounidense como Joanne Chesimard y trabajara con los Estados Unidos para procesar eficazmente a los narcotraficantes, explicó.
Asimismo, pidió ayudar a la oposición: "Debemos concentrarnos más en la participación activa de disidentes políticos y defensores de los derechos humanos, proporcionándoles herramientas para comunicarse abiertamente entre sí y con compañeros cubanos en la isla, sin interferencias gubernamentales".
Y señaló la importancia del diálogo con otros países exsocialistas para ayudar a la transición pacífica en Cuba "de la dictadura a la democracia".
"He hablado con disidentes cubanos como Coco Fariñas y Berta Soler, que confirman que la vida ha empeorado para ellos. En los últimos dos años, ha habido más persecuciones a periodistas, más activistas apresados, más represión".
"Estados Unidos y la comunidad internacional deben ponerse de pie y apoyar al pueblo cubano", exhortó.
 
DIPLOMACIA

El Gobierno español estaría valorando un viaje de los reyes o Rajoy a Cuba

DDC | Madrid | 5 de Diciembre de 2016
El Gobierno español estaría estudiando desde el pasado verano un viaje de los reyes Felipe VI y Letizia o del jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, a Cuba, informa el diario ABC.
Por ahora, se trata solo de una idea, pero ha cobrado una nueva dimensión tras la muerte de Fidel Castro, indica la publicación citando "fuentes solventes".
La última visita oficial de un gobernante español a Cuba la hizo hace 30 años Felipe González.
Los reyes Juan Carlos y Sofía estuvieron en 1999 en La Habana con el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, pero como participantes en la Cumbre Iberoamericana que se celebró en la Isla.
Cuba es la única nación iberoamericana que no ha recibido una visita de Estado de un monarca español, a pesar de la historia común y de los vínculos familiares que existen entre los habitantes de ambos países.

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