martes, 24 de febrero de 2015

¿OTRO LIBRO SOBRE IGLECRECIMIENTO? ¡NO!




¿Estás bromeando? ¿Otro libro sobre iglecrecimiento? Ya tengo varios en mi
biblioteca, y no los he leído todos. Ni siquiera he comenzado a implementar los
pasos, principios y métodos que se recomiendan en ellos. ¿Para qué
coleccionar más libros sobre el crecimiento de la iglesia? Lo cual me recuerda
otro asunto que me perturba. ¿Cuántos pasos, claves y principios pueden
existir? Un autor enumera tres, otro siete o diez o doce. ¡Es para morirse! Ya
he cubierto pasos suficientes para subir la torre Eiffel, y ¿qué tengo como
resultado?
Por cierto, el asunto está un poco enredado. Un escritor nos asegura que las
células son la ola del futuro, otro fomenta las escuelas dominicales, mientras
otro promueve patrones en el culto de adoración que atraen a los inconversos.
Un autor aboga a favor de la predicación de sermones bíblicos y expositivos,
mientras el otro recomienda los sermones cortos que tratan temas que ofrecen
soluciones a las necesidades inmediatas de los oyentes.
Uno me dice que debo organizar a los miembros para una campaña de
visitación mientras que otro afirma que el evangelismo personal y la visitación
son fósiles de una generación pasada. Un conferencista cita las estadísticas para
probar que la mayoría de los que son ganados vienen por medio de los cultos
de adoración. Dicen que la adoración es la “puerta principal” de entrada, pero
otros insisten en que ahora la gente quiere entrar por una “puerta lateral”,
refiriéndose a las actividades que llenan otras necesidades de la gente. La
verdad es que a veces me es difícil hasta encontrar la puerta de mi propia
oficina.
Esto me lleva a otra queja. ¿A quiénes están hablando estos “expertos”?
Hablan de cultos que atraen a los perdidos por medio de dramas, canciones de
alabanza y luces de teatro. ¡Deben de estar bromeando! ¡Sería una gran
bendición si al menos pudiera encontrar a alguien para ayudarme a preparar el
boletín semanal! ¿Luces de teatro y sistemas de sonido de último modelo? Me
quedaría contento con reponer unas cuantas bombillas fundidas y con utilizar un
micrófono que no fuera una reliquia. Y, hablando de sistemas de sonido, el
poseer uno nuevecito no dará ningún resultado positivo mientras el sordo de
don Tomás esté manejando los botones de control. Es el presidente de los
diáconos, pero siente que su llamado es manejar los controles del sistema de
sonido en la iglesia. Creo que necesita unos botones con que entretenerse
mientras estoy predicando. ¿Cuántas veces será necesario ajustar los controles
del micrófono mientras yo estoy predicando? ¿Cuántas variedades de chillidos
puede producir un solo hombre con los controles?
Pensé que por fin había encontrado el anuncio de una conferencia que me
ayudaría. Se titulaba: “Enfocando a los ‘boomers’.”f1 Armado con la convicción
de que esta táctica cambiaria el rumbo de nuestra iglesia, fui en busca de estos
“boomers” en mi pueblo. Puesto que el censo mostraba una población de
apenas seiscientos, decidí engrandecer mi escala de acción para incluir a todo
el municipio. Esto me daba un total de cuatro mil como esfera de acción.
¡Ahora podría darles duro a los “boomers”! Primero, hice un estudio de las
estadísticas demográficas. Descubrí que había 397 “boomers” en el municipio,
y la mitad de ellos viven al lado opuesto del pueblo, lo que significaría un viaje
de treinta y cinco minutos en coche. Me dije: “Eso no es problema; soy un
pastor amigable, agresivo y ansioso de ver a mi iglesia crecer.” Principié mi
encuesta telefónica con gran entusiasmo. Tomé esa idea de una conferencia
sobre “teléfonos para ti”. (Iba a utilizar el correo directo, pero la máquina
copiadora de la iglesia manchó las hojas. Pensé en las carteleras publicitarias a
los lados de las avenidas, pero ya estaban ocupadas con anuncios políticos.)
Los “boomers” con quienes logré hablar ya estaban asistiendo a la iglesia
central de su sector. Me pregunté: ¿Cómo puede una iglesia pequeña como la
nuestra apelar a los “boomers” que están acostumbrados a todos los lujos de
una iglesia grande? Tal vez nuestro destino es permanecer pequeños. No
importa. La mayoría de nuestros miembros dicen que están felices con el
compañerismo íntimo de nuestra iglesia. Así podemos conocernos por nombre.
Pero no me di por vencido. Determiné probar con una conferencia más sobre
el crecimiento de la iglesia. El seminario sobre la demográfica me sonó
atractivo. No estaba seguro de su significado, pero el título me impresionó.
Descubrí la razón por la que mi pequeña iglesia no estaba creciendo. Era que
nos habíamos equivocado en nuestra estrategia de mercadeo. Eso era noticia
nueva para mí, puesto que no teníamos ninguna estrategia de mercadeo.
Primero sería necesario hacer un estudio del medio y determinar las
características de mi comunidad y sus intereses con referencia a la iglesia. Al fin
capté el significado del término “la demográfica”. Aprendí por medio del
método de “prueba y error” que la meta de enfocar solamente a los “boomers”
en el municipio era demasiado pequeña. Pero este conferencista habló de
términos raros usados en “la psicográfica”. No entendí ni una palabra de lo que
decía. Parece que uno necesita ser científico espacial para saber cómo hacer
que una iglesia crezca hoy en día. No sentía el llamado para ser un ejecutivo;
simplemente quería ser pastor.
De verdad, me alegro de no haber entendido lo que decía el conferencista
porque no podría haber soportado más rechazo de parte de mi iglesia.
Descubrí que el mayor problema no era encontrar un método que diera
mejores resultados que el método que ahora ni siquiera teníamos; más bien el
problema era que cada sugerencia mía trajo la misma respuesta: “Ya probamos
eso. No dio resultados.” A veces escucho el segundo refrán: “Aquí no solemos
hacerlo así.” No entiendo esto. Si no podemos intentar nada que ya hemos
probado y no podemos hacer nada que no haya sido intentado, ¿QUE
PODEMOS HACER? Esta es una pregunta retórica. Y sé la respuesta. Es lo
mismo que hicimos el año pasado y el año anterior, y el siglo anterior, y nos
dará los mismos resultados. ¡Nada de crecimiento! ¿Una iglesia para el siglo
veintiuno? Debe de estar bromeando. ¡Me encantaría ser pastor de una iglesia
que reconociera que estamos en el siglo XX!
He sido pastor aquí durante cinco años y realmente debiera saber que es mejor
no ofrecer nuevas ideas. El asunto fundamental es que los miembros de mi
iglesia no quieren crecer. La última vez que hubo crecimiento, hace viente años,
tuvieron que construir un edificio educativo. La mayoría de los miembros no se
han recuperado de los efectos de haber tenido que dar dinero extra para ese
edificio. Además, sería difícil tener que adaptarse a gente nueva. Algunos de los
nuevos querrían ocupar puestos de liderazgo, y ya todos los mejores puestos
están ocupados. El organizar nuevas clases es traumático. Siempre alguien se
ofende cuando se dividen las clases y yo no quiero herir a nadie.
Al fin y al cabo, ¿qué tiene de extraordinario el crecimiento de una iglesia? La
única razón por la que los pastores se entusiasman sobre el tema es la de
alimentar su ego. Quieren ver sus nombres en los boletines de informe de la
asociación. A mi no me interesan los números. Me interesa la calidad. Conozco
a todos en mi iglesia. Si se unieran más personas, tendría que sacrificar ese
contacto personal con cada miembro. Ahora visito a los enfermos, entierro a
los muertos y caso a los enamorados. Soy bien respetado en mi comunidad.
De todas maneras, no tengo tiempo para asistir a ninguna más de esas
conferencias sobre el crecimiento de la iglesia.
¿No le suena esto vagamente familiar? Representa un resumen de las quejas y
comentarios que he escuchado mientras he dirigido conferencias sobre
iglecrecimiento en varios sectores de mi país. Las caras son distintas, pero las
reacciones son muy parecidas Muchos de los participantes en las conferencias
salen más desanimados que cuando llegaron. Los conceptos que se presentan
no encajan con su situación especial. Los que sirven ya han sido utilizados
anteriormente en sus iglesias. Un pastor no puede soportar tanto rechazo.
Muchos pastores ya están cansados de los métodos nuevos que prometen
tanto y dan tan pocos resultados. Saben que necesitan alcanzar a sus
comunidades, pero no piensan que sea posible, y sinceramente, muchos no
están seguros si quieren intentarlo siquiera.

¿ESTAMOS CRECIENDO?
“Iglecrecimiento” ha llegado a ser un campo de estudio, un tópico de interés
considerable y de debate, un negocio grande. Conferencias sobre el tema han
sido patrocinadas por virtualmente todas las denominaciones cristianas, a varios
niveles, enfocando desde la iglesia local hasta convenciones nacionales.
Abundan los centros para el crecimiento, y seminarios y universidades están
siguiendo la moda con cursos especiales. Abundan libros, cintas
magnetofónicas, videos, estudios de mercadeo y modelos sobre el tema. Más
personas están asistiendo a más conferencias y comprando más materiales que
en cualquier tiempo en la historia de la iglesia. Sin embargo, se detectan pocos
resultados visibles. Ciertamente algunas iglesias están creciendo. La
“megaiglesia” ha llegado a ser “la historia de la cenicienta” de esta década.
Cada día se añaden a la lista más iglesias. Pero, ¿será cierto que La Iglesia
verdaderamente está creciendo? ¿Se estará añadiendo gente al reino de Dios
por medio de todas estas actividades? Esta es otra pregunta que tenemos que
encarar en forma sincera.
No podemos mostrar un crecimiento substancial. La verdad sin tapujos es que
el crecimiento de la iglesia no está manteniéndose al mismo paso del aumento
de la población. La membresía total en los Estados Unidos de América
aumentó un 28 por ciento entre 1960 y 1990, mientras la población aumentó
con un 39 por ciento. Si la membresía hubiera quedado a la par de la
población, habría un aumento de doce millones más de miembros en el país hoy
(ver gráfica).
Tampoco el aumento en el número de iglesias ha alcanzado en el nivel de
crecimiento de la población. El número de iglesias en los Estados Unidos
aumentó un 7 por ciento desde 1960 hasta 1990. Si el número de iglesias
hubiera aumentado en la misma proporción de la población, hay día habría
otras 96.000 iglesias.
Otros autores y expertos en estadísticas han llegado a las mismas conclusiones.
En un artículo en Christianity Today, Ken Sidey reconoció que parece que
nuestros principios de iglecrecimiento no están dando resultados. Los
estadísticos como Gallup y Barna han documentado fiel y consistentemente los
pobres resultados de los esfuerzos penosos de la comunidad evangélica para
alcanzar a los estadounidenses inconversos. Estos resultados han llevado a
algunos a concluir que el movimiento de iglecrecimiento simplemente no está
dando resultados positivos. Mientras hay cierta validez en este juicio, tenemos
que preguntarnos: ¿Cuál sería el estado de la iglesia si no hubiéramos celebrado
conferencia alguna sobre iglecrecimiento ni producido ningún libro para animar
y ofrecer ideas nuevas?

¿CUÁL ES EL PROBLEMA?
¿A quién echamos la culpa? ¿Será que las estadísticas que mencionamos
previamente comprueban que el movimiento de iglecrecimiento no está
funcionando? Por consiguiente, ¿es justo echar la culpa a los conferencistas y
especialistas?¿Será que todavía no han descubierto los métodos correctos para
alcanzar y conservar a una nueva generación que aparentemente no responde a
los métodos que dieron resultados en generaciones pasadas?
¿Es justo echar la culpa a las estructuras denominacionales y al personal de la
denominación? Después de todo, ellos han sido pagados para desarrollar
programas y materiales que den como resultado el crecimiento en las iglesias.
¿No es así? Si estos siervos denominacionales no fuesen tan anticuados,
nuestras iglesias experimentarían el crecimiento. Además, su interés único es
vender materiales y programas, no hacer crecer las iglesias. La verdad es que
algunos analistas del futuro piensan que las denominaciones están en vías de
extinción. Tal vez debiéramos brindarles un “adiós” cariñoso, ya que ellas
forman el corazón del dilema de iglecrecimiento.
No podemos dejar sin censura a los seminarios. Después de todo, su tarea es
entrenar y equipar a ministros para desarrollar iglesias conscientes de su
responsabilidad de la Gran Comisión. Seguramente que una parte de la culpa
por la indiferencia actual de la iglesia debe cargarse sobre el personal en los
seminarios. Son irremediablemente anticuados, según mi pensar. El énfasis es
demasiado académico y teológico. De todas maneras, los “boomers” no
quieren teología. ¿Por qué los seminarios no nos enseñan lo que realmente da
resultados?
En un nivel más fundamental podemos culpar al pastor local. Es la única
persona que realmente puede motivar y traer cambios a su iglesia. Los pastores
de hoy simplemente no sienten un verdadero compromiso con su llamado. No
están dispuestos a pagar el precio como los gigantes de generaciones pasadas.
Están tan sofisticados que no quieren “ensuciarse las manos” con tareas como
la de iglecrecimiento. Están buscando alguna fórmula fácil que dé el crecimiento
instantáneo. Quieren una salida fácil, una manera de hacer que su iglesia crezca
sin que les cueste demasiado trabajo. Han perdido su pasión por el ministerio y
la evangelización. ¡Ellos tienen la culpa!
Mientras estamos echando culpas, no podemos dejar fuera a los miembros de
las iglesias. La mayoría de las iglesias estaría creciendo si los miembros no
fuesen tan indiferentes y faltos de consagración. No quieren ni dar, ni visitar, ni
enseñar, ni ofrecerse como voluntarios para nada. Simplemente no tienen
interés. Están más adaptados a las comodidades que al evangelismo. Nosotros
los ministros anunciamos y promovemos programas de visitación, pero
solamente unos pocos fieles llegan para participar. Personalmente, estoy harto
de rogar a estas personas para dar y para ir. ¿Para qué trabajar tanto para
alcanzar a personas en la comunidad, cuando los miembros ni los hacen sentir
bienvenidos a los cultos? La gente de hoy quiere recibir todo “en una fuente de
plata”, sin tener que hacer ningún esfuerzo. Quieren tener a su disposición todos
los servicios sin costo alguno y sin compromiso de su parte. Simplemente
quieren entretenimiento y diversión.
Por supuesto, podríamos culpar al mundo. Ya no estamos viviendo en los
“buenos tiempos pasados”, cuando la gente asistía a la iglesia sin falta. En aquel
entonces, ningún hombre de negocios que se respetara a sí mismo pensaría
siquiera en dejar de asistir al culto de adoración el domingo por la mañana. El
no hacerlo significaría un suicidio profesional. Pero ya no es así. Hoy día se
llevan a cabo negocios en cualquier parte los domingos en la mañana. Estamos
viviendo en una sociedad secularizada. A la gente en general no les interesa ni
los asuntos espirituales ni la iglesia. No van a sacrificar su día de recreo y
descanso para participar en las actividades de la iglesia. No nos engañemos.
Estamos viviendo en una época post-cristiana, y hay que acostumbrarnos a tal
hecho. Las cosas andan mal para la iglesia, y van de mal en peor.
¡Huy, me alegro de haberme desahogado sobre este tema! Es muy fácil
distribuir la culpa, ¿no es cierto? Tal vez mostró su asentimiento a las
declaraciones expuestas. Por otra parte, tal vez se enojó o se ofendió por
alguna de ellas. Examinémoslas de nuevo, pero esta vez sin el propósito de
echar la culpa.
¿Qué acerca del movimiento del crecimiento de la iglesia, de los autores y los
conferencistas? Muchos de ellos han sido utilizados por Dios para inspirar a sus
iglesias a crecer. La mayoría de ellos son gente sincera y solamente desean
ayudar a otras iglesias a experimentar el crecimiento bíblico y balanceado. Lo
que hacen, lo hacen con un sentido de llamamiento. Una vez más podemos
preguntar: ¿Cuál sería el estado de la iglesia hoy en día si no fuera por los
pastores, profesores, y estadísticos levantados por Dios, quienes se dedican a
la búsqueda de los métodos que dan resultados y después los comparten con
otros?
Más aún, mi experiencia personal es que la gran mayoría de los obreros
denominacionales son gente dotada de gran integridad, quienes están sirviendo
a Dios en sus puestos actuales por su pasión por ayudar a las iglesias locales.
La gran mayoría busca estar al tanto de los últimos métodos para ministrar. Es
cierto que a veces las estructuras denominacionales obstaculizan el crecimiento,
especialmente el cambio rápido, pero aún esa dificultad puede asegurar la
estabilidad y la estructura. No creo que el denominacionalismo esté
agonizando. Si acabáramos con las estructuras denominacionales, nuestra
necesidad de la cooperación y el cuidado mutuo, especialmente para las iglesias
más pequeñas, (las cuales son la gran mayoría), demandaría que volviéramos a
construir las estructuras denominacionales ministeriales en forma parecida.
Podríamos hacer algunos comentarios sobre los seminarios y sus profesores.
La gran mayoría está sirviendo con gran sacrificio personal, motivados por un
sentido de llamamiento divino. Muchos seminarios están trabajando
diligentemente para tratar los asuntos tanto prácticos como teológicos que
conciernen el crecimiento de la iglesia.
Los pastores, por supuesto, reciben su porción de la culpa, especialmente en el
nivel local. El enfoque del crecimiento de la iglesia, específicamente la
dimensión del crecimiento numérico, ha creado presión inimaginable sobre
algunos pastores para producir resultados numéricos o buscar otro puesto de
servicio. En algunos casos el pastor es visto como el único responsable por la
falta de crecimiento visible. No nos sorprende el hecho de que el promedio de
tiempo que pasa el pastor en una iglesia es solamente cuatro años. Ciertamente
hay algunos pastores apáticos sobre el crecimiento numérico y se contentan con
recibir un sueldo. Pero por cada pastor que cae en esta categoría hay
centenares que tienen pasión por el crecimiento de su iglesia y por los perdidos.
La verdad es que muchos de los pastores indiferentes han llegado a este estado
por estar tan desanimados con los pocos resultados de sus grandes esfuerzos,
que casi se dan por vencidos, no sólo en cuanto al crecimiento de su iglesia,
sino en cuanto a su ministerio. Muchos de estos pastores, llamados por Dios,
podrían ser restaurados a un ministerio ardiente si percibiesen una chispa de
deseo de los miembros y un rayo de esperanza para el crecimiento de su
iglesia.
Muchos pastores que están desanimados quieren echar la culpa a los laicos por
el lamentable estado de crecimiento de las iglesias que se ve en muchas partes.
Y es verdad que hay laicos que temen y resisten los cambios que acompañan el
crecimiento de la iglesia. Las personas carnales (o quizá no verdaderamente
cristianas) que tienen puestos de liderazgo pueden hacerle contrapeso al pastor
que siente el compromiso de la Gran Comisión. Prefieren “jugar a la iglesita” en
vez de ser una iglesia. Mi experiencia ha sido, sin embargo, que en toda iglesia
de todos los tamaños habrá lacios, hombres y mujeres, comprometidos con una
pasión profunda y perdurable porque sus iglesias crezcan y para alcanzar a los
inconversos en la comunidad. Muchos han estado orando por un avivamiento
de esta magnitud en sus comunidades durante años. Este remanente fiel es
como la leña que está esperando la chispa divina de un incendio espiritual que
traerá un despertar divino.
Es cierto que hoy en día hay más secularismo que en épocas del pasado. El
asistir a la iglesia ya no está de moda, como era en el pasado: pero este hecho
puede resultar más una bendición que un mal. Los “cristianos culturales”
perdidos son más difíciles de ganar que los inconversos. Muchos se creen
cristianos porque han sido criados en una cultura o en un medio con influencias
del cristianismo. El secularista no pretende ser cristiano. Por eso, la iglesia del
siglo XXI posiblemente puede encararse con una oportunidad mucho mayor de
alcance evangelístico que la iglesia actual en este siglo. Para aprovechar tal
oportunidad, la iglesia necesita cambiar. ¿En qué sentido debe cambiar y cómo
puede hacerlo?

¿ESTAMOS TRATANDO SÍNTOMAS?
Si nuestro enfoque del crecimiento de la iglesia está basado solamente en
métodos, modelos y estrategias de mercadeo, estaremos tratando meramente
los síntomas de la enfermedad que está robando a la iglesia de su vitalidad. No
estamos tratando la verdadera fuente de la enfermedad. Mientras estemos
hablando sólo de los síntomas, persistiremos en el error de pensar que
podemos sanar la enfermedad con otro nuevo método, programa, o
modelo. Estos, sean tradicionales o no, proveerán solamente el alivio temporal
para los males que de verdad son graves. Si queremos sanar los problemas
que están impidiendo el crecimiento de la iglesia, tenemos que
profundizarnos más todavía. No es tanto que nuestros programas, métodos y
estrategias de mercado sean anticuados; más bien el problema fundamental en
las iglesias es de naturaleza espiritual.
El crecimiento de la iglesia no es producido por medio de un programa, un
plan, o una estrategia de mercadeo. La mayor necesidad de su iglesia no es una
comprensión más profunda de asuntos demográficos; es una comprensión más
profunda de Dios. El crecimiento no es algo que logramos o producimos en la
iglesia. No es resultado de ningún plan ni programa. El crecimiento es el
resultado de una relación correcta con el Señor de la iglesia. El crecimiento
de la iglesia es por definición una actividad sobrenatural y por eso es realizada
en la iglesia por el mismo Señor. Cuando Jesús fundó la iglesia, prometió que él
mismo la edificaría (<401618>Mateo 16:18). Pablo, haciendo un recuento de su
ministerio en Corinto, declaró: “Yo planté, Apolos regó; pero Dios dio el
crecimiento” (<460306>1 Corintios 3:6).

¿CUAL ES LA SOLUCIÓN?
No se encontrará la solución el los métodos, modelos, ni en estrategias de
mercadeo. No es que estos elementos no sean importantes; simplemente no
son los primarios. El movimiento que enfoca del crecimiento de la iglesia puede
haber producido, sin querer, una cierta actitud carnal, creando así la ilusión de
que el crecimiento será resultado de la implementación de ciertos métodos o
programas. Tal manera de pensar es equivocada y carnal. “ESO”, refiriéndonos
a cualquier programa, modelo, método o estrategia de mercadeo, no va a hacer
crecer su iglesia. Las Sagradas Escrituras nos enseñan en forma clara e
insistente que Dios es el único que puede hacer crecer su iglesia. El intento de
producir el crecimiento por medio de la utilización de ciertos métodos es querer
hacer lo sobrenatural por medios naturales. Esto ha producido una gran
confusión en muchas congregaciones, donde han utilizado una serie de métodos
para avivar estas iglesias estancadas, pero sin resultado positivo. En algunos
casos se han amontonado fracaso sobre fracaso, a tal punto que algunas
iglesias sienten rechazo hacia el término “iglecrecimiento”.
Antes de que su reacción sea extrema, o antes de que usted piense que la mía
lo es, quiero aclarar que no estoy hablando en contra de los métodos, modelos
y estrategias de mercadeo, ni de programas. Dios no es un Dios de confusión.
El obra por medio de la instrumentalidad humana, y utiliza la estrategia y la
organización. Las Escrituras están llenas de ilustraciones donde Dios obra en
forma sobrenatural por medio de personas que tenían una estrategia muy clara.
Simplemente estoy diciendo que el programa no es asunto primordial ni central
para lograr el crecimiento. La gran variedad de métodos y programas que se
utilizan en todas partes con resultados positivos es un testimonio poderoso de
esta verdad. El asunto crítico es la investidura sobrenatural del poder de
Dios en la iglesia, lo cual ocurre cuando la iglesia permanece en una
relación correcta con su Cabeza, Jesucristo.
Por lo tanto, este libro constituye la base para los otros libros sobre la
metodología de crecimiento de la iglesia. Trata la cuestión céntrica: “¿Cuál es el
carácter de la iglesia que Dios ha escogido como instrumento por el cual va a
obrar?” Durante mucho tiempo hemos reconocido y enseñado que es el
carácter del individuo que al fin y al cabo determina sus acciones y su
efectividad. Creo que es igualmente verdadero que el carácter de la iglesia

determinará finalmente su capacidad para crecer.

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