viernes, 6 de marzo de 2015

Comienzo y fin en bendición



Aimée Cabrera.
El sábado 28 finalizaba el segundo mes del año y, hacía pocos días había empezado el mes de Adar, duodécimo del Calendario Judío, por lo que las integrantes del Ministerio, “Mujer No Dejes Tu Lugar” se dieron cita, junto a sus familiares en el Cristo de la Habana, ubicado en los altos del pueblo de Casablanca, cercano a la bahía de La Habana.
Con este encuentro familiar que dejó de celebrarse el último sábado de cada mes, por diversas razones, ajenas al deseo de compartir el alimento implícito en La Palabra y lo que cada una puede llevar de alimento, multiplicados ambos en el amor a Dios y al prójimo, su coordinadora y facilitadora Nancy Alfaya expone la importancia del mismo.
Este tiempo que incluye además, a otros familiares da la posibilidad de meditar , orar, dar testimonio y tratar temas que llegan muy de cerca al cubano medio, dados por las carencias materiales existentes que se incrementan ante la falta de valores y de comunicación que convierte en indolencia y agresividad, muchos de los comportamientos  entre las personas.
Nancy Alfaya quien es también facilitadora de  este Ministerio y realiza junto a otras hermanas de fe, un trabajo comunitario especial en varias barriadas pertenecientes al municipio Habana Vieja así como en otras provincias, comenta cuán importante es poder hacer estas reuniones familiares que tienen a su vez un cariz religioso.
“Teniendo en cuenta que Dios tiene un propósito para nosotros y que, cada uno tenemos nuestros propios propósitos, queremos entonces que se cumplan con éxito; pero a veces esos propósitos en lo personal, familiar y social quedan solo como sueños, tenemos muchos deseos de que se cumplan y no sucede así, qué hacer: desistir o luchar hasta lograrlo”, destaca.
Para ello sugirió, en el primer tiempo, la lectura del Salmo 138 que, en su versículo 8 dice: “El Señor cumplirá su propósito en mí. Tu misericordia, Jehová, es para siempre; ¡no desampares la obra de tus manos!” y a continuación  plantea que “vemos que existe un deseo en Dios de cumplir el sueño del hombre, aunque sea a veces difícil conseguirlo: la decisión más fácil es rendirse”, apuntó.
En el caso de las mujeres, razón de ser de su proyecto, Nancy manifiesta que “algunas mujeres no logran sus sueños y propósitos por falta de identidad, carácter, valor, otras sufren violencia doméstica, manipulación  control y dominio, por su pareja, limitando su desarrollo personal, familiar, y social”.
Ella hace un llamado a la mujer y la exhorta a “que no deje su lugar de reina por el cual ha sido creada y que se vea como un regalo de Dios, haciendo valer su espacio de madre, esposa, estudiante o trabajadora dentro de la sociedad donde vive”, señaló.
Mientras que para la figura masculina de la familia, Nancy dijo que “el esposo y padre de familia como cabeza, tiene la responsabilidad de ser un ejemplo, proveedor y guardián de los regalos que Dios le entregó, cuidarlos más que a  su propia vida”.
A modo de resumen en este primer tiempo en el Cristo de la Habana, la coordinadora resume que “cada  familia debe asumir el rol que le toca con orden, amor y respeto, la comunicación es una base que ayuda a mantener la familia unidad, la mujer debe ser virtuosa, sabia para ser una buena edificadora, administradora de su hogar, también proveedora con igualdad de derechos y  responsabilidades”.
En el segundo tiempo, después de orar y alabar a Dios con acciones de gracia, se analiza la carta del apóstol Pablo a los Efesios, en su capítulo 5 “Someteos los unos a los otros”, en cuyos versículos del 21 al 33 se habla de la sumisión como base de respeto mutuo, no como forma abusiva.
Para esta parte, Nancy expresó que para lograr la estabilidad en la pareja, estas  necesitan tener mente abierta en cuanto a fe y a amor para que aspectos tales como la fidelidad, el respeto, la consideración, entre otros se consoliden como bendiciones no solo para el matrimonio sino para la familia también.
“El esposo y la esposa deben ser recíprocos en todos estos valores que deben primar siempre en el testimonio que dan como cristianos a la familia, a su comunidad y a la sociedad en general. Para obtener estas bendiciones debe existir sabiduría de ambas partes, saber escuchar, ser humildes y solidarios uno con los otros.
Las hermanas Mary e Isabel guiaron las alabanzas que fueron cantadas por todos los asistentes. Entre las mujeres, se destacaron con sus testimonios, las hermanas Julia y Roberta quienes explicaron formas sabias de comprensión por parte de las mujeres para con sus esposos, familiares y todos con quienes deben mantener relaciones sociales.
Por la parte de los hombres, fueron valiosas las palabras dichas por los hermanos Tomás, Jorge y Yoán; ellos opinaron que “la mujer debe ser respetada y valorada, que es necesario hacer un llamado al sexo masculino para respetar los derechos de las mujeres, teniendo en cuenta que ellas son fuentes de vida y que sin su presencia la vida no sería posible en esta tierra”.
Entre todos, compartieron sus  meriendas y al culminar la oración final, todos regresaron a sus hogares con el beneplácito de haber estado reunidos en el Espíritu y haber recibido enseñanzas que los unirán más a sus familiares, hermanos en fe y conciudadanos.




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