viernes, 30 de octubre de 2015

Entre la aceptación y el rechazo


Raudel García Bringas

 Batabanó, 27 de octubre del 2015

A: Todos quien en cuestión pueda ser de su interés.

Creo en Dios Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor;
Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
Nació de María Virgen;
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
Fue crucificado, muerto y sepultado;
Descendió a los infiernos,
Al tercer día resucitó de entre los muertos;
Subió a los cielos y está sentado a la Diestra de Dios Padre;
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo;
La Santa Iglesia Católica,
La comunión de los Santos;
El perdón de los pecados;
La resurrección de los muertos; y la vida eterna. Amén”
                                                SIMBOLO APOSTOLICO


                  

                   En estos últimos meses los cubanos hemos sido testigos de acontecimientos que durante muchos años se han esperado con ansias por gran parte del pueblo cubano dentro y fuera de su patria.
Primero, el descongelamiento entre las relaciones de los Estados Unidos con Cuba que tuvo como principio, el intercambio de prisioneros que se mantenían cautivos por cada uno de los gobiernos en cuestión; las comisiones de diálogos donde se pudo llegar a varios acuerdos de flexibilización en aspectos políticos – comerciales aunque; de acuerdo a las noticias más recientes, se ha podido apreciar una amplia repercusión sobre los llamados disidentes que permanecen en Cuba; dándose valores sumamente altos de arrestos comparados con otros años lo que debe ser motivo de preocupación. Hemos visto la reapertura de dos embajadas que nunca debieron de estar cerradas cuando en el marco de la “Guerra Fría”, la política de aislamiento, marginación y de tensiones mutuas de NO DIALOGO, contribuyó a profundizar el anterior y ya mencionado aislamiento.
Fueron justamente estos los métodos que prevalecieron ante lo que se entiende, hubiese sido lo mejor, aun cuando se trata de países vecinos; con intereses similares y donde para ese entonces ya habitaban en los Estados Unidos un número de cubanos importantes; inferior por supuesto, a los números que las estadísticas pudieran hoy arrojar a nivel mundial.
Hemos sido testigos de actitudes decididas a fin de apostar por un nuevo comienzo como de otras actitudes tibias con el objetivo de mantener un conflicto que no tiene razón de ser. Hemos escuchado y leído frases similares, entre estas en relación a “una disidencia ordinaria” y a “ser dueños del destino de nuestro país”.
Hay cuestiones que son inevitables reflexionar. La negación desde muchos aspectos es una forma de reconocimiento. Hace varios años atrás, aun con el conocimiento extraoficial; nunca se hubiera hablado de una “disidencia elocuente o ignorante”, nunca se hubiese mencionado tales grupos aun en contra de la voluntad de muchos. El inevitable hecho de que hoy se mencione a este grupo independientemente del adjetivo con el que se le identifique, es de facto, un reconocimiento.
Es innegable además del reconocimiento de los mismos; el hecho de que sus postulados, aceptables o no, a la vista del gobierno; hayan tenido espacio y repercusión en la voz internacional quien, en respuesta a estos preceptos mantenidos por estos grupos, siempre marginados por las autoridades cubanas; han encontrado apoyo en gran parte de naciones que siguen en sus esfuerzos de proporcionar los presupuestos constitucionales democráticos que entienden, es lo mejor para sus pueblos.
Alguien dijo con muy acertada veracidad: “Un pueblo que no progresa, regresa, y, al no avanzar, retrocede; si la infancia no da paso a la madurez, se cambia en infantilismo, lo que es una forma de senilidad”.
De aquí cabría entonces cuestionarnos, ¿Hasta dónde son de negativos lo que este grupo disidente proclama? ¿Cuán lejos de la verdad estarán los principios proclamados de estos grupos que quieren hacerlos valer aún desde los rincones donde se encuentran? No merecerían ellos; al contarse como un grupo social más de los que existen, reconocidos o no por las autoridades; un espacio, una tribuna, o quizás; la oportunidad en un espíritu de UNICIDAD y no se entienda toda vez, UNIFORMIDA; ¿de exponer con respeto sus ideas y después darle o darnos, la oportunidad de reflexionar al respecto?
Como cubano que soy; un cubano que ha vivido las partes buenas y malas de mi Cuba de hoy; es para mí totalmente imposible sentirme ajeno a la situación, el curso o el destino; ya sea este, acercándonos a pasos gigantescos a un precipicio o, en el sentido contrario; dando pasos sólidos en lo que se espera, es el bien de nuestro pueblo.
No es posible sentirse ajeno a esta realidad.
¿Qué sentido o fuerza puede trasmitirle a un cristiano como lo soy de confesión y práctica, el término “disidente”? Cuando reflexiono al respecto es innegable que cualquier cristiano comprometido con su fe y con su historia; no puede dar la espalada a la identificación en cuestión. Hay una realidad; La iglesia cristiana ha sido históricamente una iglesia disidente. La iglesia Cristiana Católica (esto es, Universal) de la que me siento parte; ha sido y siempre será disidente.
Ahora ya no se trata de un sistema o de presupuestos democráticos constitucionales. Más bien es el compromiso con Jesús de Nazareth, con sus enseñanzas éticas; con los conceptos de justicia y derecho que entendemos a la luz de las Sagradas Escrituras; con la preocupación de la salvación o perdición del mismo hombre, lo que nos identifica en toda época y sociedad como disidentes.
La iglesia Cristiana Católica lo fue en los tiempos del imperio Romano; lo fue en el surgimiento de los movimientos monásticos que buscaban apartarse de un mundo corrupto; lo fue desde muchos aspectos en lo que conocemos como la edad oscura de la historia medieval y la historia moderna, identificada por la Ilustración y el Racionalismo. Los Bautistas lo fuimos cuando surgimos de los sectores Puritanos y Separatistas de la Iglesia de Inglaterra donde fuimos perseguidos en muchas ocasiones ante los conceptos de Libertad que nos identificaban y proclamábamos entre otros. Lo fue la Iglesia Confesional cuando decidió separarse de la iglesia que defendía el antisemitismo y la crueldad de los Nazis haciéndose llamar “Cristianos Alemanes”; Lo fue Martin Luther King cuando llevó a cabo su campaña por el fin de la segregación racial en los Estados Unidos; lo es todo cristiano que hoy disiente de las injusticias sociales independientemente del medio donde se encuentre, y decide firmemente no formar parte ni tener que ver con tales decisiones.
A la luz de estos hechos entonces la palabra disidente cobra un nuevo sentido y a la vez, arroja al ethos contemporáneo (tradición ética), un nuevo mensaje de reflexión y comprensión. ¿Qué es o qué representa la Iglesia Cristiana?, ¿Qué puede aportar la Iglesia Cristiana a nuestra sociedad en medio de las incomprensiones e intolerancias de sectores intransigentes o radicales? ¿Hasta dónde tiene que ver lo que sucede en nuestro medio directamente con mi fe cristiana? Aunque la cultura laica rigurosamente racional ocupa un papel preponderante y se concibe a sí mismo como el elemento unificador, lo cierto es que la comprensión cristiana de la realidad sigue siendo una fuerza activa. A veces estos dos polos opuestos están más cerca o más lejos entre si y más o menos dispuestos a aprender el uno del otro o a rechazarse recíprocamente. La Iglesia Cristiana en todo tiempo ha de concebirse a sí misma como una fuerza de curación, reconciliación y salvación. Este propósito entonces es quien nos acerca al ministerio, mensaje y sentido que las Sagradas Escrituras nos impelan a creer y enseñar hasta los lugares más distantes e inhóspitos de nuestro mundo.
En medio de la Aceptación y el Rechazo; la iglesia debe ser un puente que lleve a la reconsideración y autoevaluación de cada parte en conflicto. Hoy con alegría vemos como se ha corregido y aun se hacen marcados esfuerzos por sustituir el arcaico concepto de UNIFORMIDAD por el de IGUALDAD DE CONDICIONES. Hemos sido testigos de los resultados que la Iglesia Católica Romana ha tenido en su diálogo con las autoridades. Estamos observando, a pesar de acciones radicales e inaceptables; la voluntad en algunos sectores de perseverar en una dirección donde un día puedan palparse resultados mucho más sólidos que serán consecuentemente en bien para nuestro pueblo, sin embargo; que bueno sería si llegado el momento, el gobierno pudiera sentarse en una mesa de diálogo con los hoy maltratados, marginados y rechazados disidentes. Qué bueno sería si la iglesia fuese el medio, el puente, el intercesor para que estas partes puedan encontrarse; puedan dialogar; se puedan presentar postulados con respeto; y proposiciones en lo que se entiende, la búsqueda del bien de nuestro pueblo cubano que es, al fin y al cabo, lo que todos en una manera u otra, buscan. Es algo entonces que se tiene en común. Qué bueno que en un momento crucial pudieran desaparecer los calificativos ya de ambas partes y se puedan considerar a todos como cubanos, sin necesidad de adjetivos o categorizaciones sobrantes. ¿Pudiera ser una utopía lo que hoy escribo?, quizás pudiera ser para algunos; sin embargo, recuerdo la frase de un cristiano que desde su púlpito expresó, “los materiales para construir puentes y muros suelen ser a menudo los mismos; es nuestra elección que es lo que construimos con ellos”.
Quisiera terminar con algo que leí hace algún tiempo y me pareció no solamente extraordinario sino, de ejemplo y lección para todos aquellos que aun cuando difieren en sus ideas, se proponen buscar un bien superior al de ellos mismos.
“Hemos dado, efectivamente, una excesiva importancia al pensamiento y la inteligencia, que no son ni lo único ni lo decisivo en el hombre. Por fortuna, el ser humano es más ancho que su cabeza. Y, sobre todo, más ancho que sus dogmatismos. Porque con frecuencia no sólo exigimos que los demás coincidan con nuestras ideas, sino incluso que lo hagan con nuestras propias formas y maneras de pensar.
Cuando alguien intenta amar a sus enemigos, empieza por descubrir que no son enemigos, sino adversarios; pasa a entender que también ellos tienen parte de razón; sigue comprendiendo que sus ideas no son en el fondo tan diferentes de las de su competidor y termina enterándose de que puede colaborar con él por encima y por debajo de sus diferencias.
Muchos que creen combatir los dogmatismos y posiciones extremistas terminan ellos mismos por ser extremistas, solo que de distinto color. A mí me encanta la gente que ama, aunque yo no comparta sus ideas. Porque sé que el amor es la única carta que llega siempre a su destino, aunque tenga la dirección equivocada. En cambio, la verdad sin amor, por muy verdad que sea, pronto se convertirá en una espada, en un trágala, en un aceite de ricino, en una caricatura de la verdad.”
Yo apuesto y apostaré siempre por este diálogo y tipo de relación. Pienso que es inviable y a la vez necesario, si se busca la armonía, prosperidad y reconciliación que sería lo mejor e ideal para nuestra Cuba. Entonces el día en que todos puedan sentarse a reflexionar en conjunto; a presentar con respeto las proposiciones que se entienden, son necesarias en la búsqueda de lo mejor para nuestro país; aún entre la aceptación y el rechazo de los sectores extremistas; estaré convencido que vamos avanzando en lo que un día será, una nueva Cuba.

Raudel García Bringas



No hay comentarios: