viernes, 21 de febrero de 2014

Cuando se hizo posible en Cuba ser religioso y miembro del Partido Comunista.


Había que quitar el cuadro de la sala. No porque fuera muy grande o porque quizás ya estaba un poco viejo por el tiempo que llevaba en ese lugar. La bisabuela lo colocó hacía muchos años atrás y allí se mantenía a pesar de los años, resistiendo la pátina del tiempo. Era como una reliquia para toda la familia y como eso era venerado: con la imagen de ese cuadro se conversaba y se le pedía, y el Sagrado Corazón de Jesús les miraba benevolente.
Pero ahora, tener ese cuadro en medio de la sala era un verdadero problema. Ernesto había entrado en el Partido y su hijo estaba siendo procesado para la Juventud Comunista, y el "dúo" podía venir a visitar la casa en cualquier momento...
El pueblo cubano siempre había sido un pueblo mayoritariamente religioso. No sólo profesaba la religión católica, sino también otras. Estaba presente, además, el sincretismo. De una forma u otra, todos creíamos.
Imagen gigante del Sagrado Corazón de Jesús
 que se puso en la Biblioteca Nacional,
 Plaza de la Revolución, Cuba
 en ocasión de la visita del Papa (1998)
El artífice de la ingeniería social del siglo XX había decretado que "la religión era el opio de los pueblos" y que debía ser erradicada allí donde imperara la dictadura del proletariado. A esa tarea había que darse. Y se dieron.
Muchos sacerdotes tuvieron que marcharse, las iglesias quedaron casi vacías, en las planillas donde se ofrecía empleo aparecía una pregunta obligatoria e intranquilizante: ¿Tiene usted creencias religiosas?
Quizás los más perseguidos fueron los religiosos de la secta Testigos de Jehová, aunque ninguna creencia religiosa escapó por entero al acoso. Algún día quizás los Testigos puedan escribir y publicar su historia de esos tiempos. Leeremos cosas dramáticas e inconcebibles de extremismo y persecución.
Las fiestas y conmemoraciones religiosas fueron también condenadas al ostracismo. Cientos de miles de personas tuvieron que esconder su fe y su libertad para creer, para poder trabajar y mantener a sus familias. Esa situación duró décadas enteras.
Pero un día, ¡maravillas de la dialéctica!, lo anterior cambió: era posible ser religioso y miembro del Partido Comunista.
¿Y los sufrimientos? ¿Y el acoso? ¿Y la marginación?
Olviden todo eso, se ha decretado borrón y cuenta nueva. Cuál fue la realidad que obligó a esa metamorfosis, alguna vez también la sabremos en toda su crudeza.

* Abogado, economista, profesor, ensayista y politólogo. Dirige la Asociación Jurídica Cubana. Reside en La Habana, Cuba.

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