viernes, 1 de noviembre de 2013

La inmensidad celestial.



                                              Aimée Cabrera.
Cuando se conversa con quienes aman y respetan a Dios pero no lo conciben dentro de una imagen, tienen razón.
El Dios Padre es descrito en el Antiguo Testamento con títulos sustitutivos como El Altísimo, El Creador, El Señor,  El Padre o El Todopoderoso. Algunos de estos títulos son utilizados también en el Nuevo Testamento y, a modo general se ve la diferencia entre creyentes cuando no le dicen al Supremo Dios sino El Señor.
De todas formas, es bueno reflexionar sobre este tema porque sin proponérselo unos u otros tienen la tendencia de caer en la intolerancia o en el fanatismo. Los que piden a un Santo porque lo veneran y no piden que éste interceda ante Dios o El Señor,  es tan reprobable como el que se cierra a entender que lo importante es tener en la vida al Omnipotente como el Creador, como lo más importante. Atrás deben quedar cuestiones de índole doctrinales que no deben desunir y si acercar a todos los creyentes, si bien El no los juzga y desde el momento que los creó, los ama.
La imagen del Padre es, más que algo necesario para algunos, algo rutinario. Quienes lo veneran con respeto, lo llaman en momentos en que no pueden recurrir a las tan criticadas imágenes entonces, en ese momento puede venir cualquier pensamiento junto al poder de la oración, o ante el solo pensar que se conversa con Él; los pesares desaparecen y el desesperado se reconforta.
En ese grupo están los que oran mientras caminan por las calles, temerosos de lo peor cuando se encaminan a un hospital, o a una casa para ver a un enfermo grave o, cuando tienen otros problemas de difícil solución, ellos han tenido la experiencia de mitigar el pesar con solo mirar  parte de la Creación.
Las flores, las plantas en general, los animales, los adultos con los pequeños, el mar o el cielo son indicadores de que Él está junto a nosotros y nos muestra algo de lo hermoso que nos rodea para que  sepamos que está ahí donde quizás, no habíamos tenido tiempo de reparar,  inmersos en la impaciencia y en las  tensiones diarias.
Hasta fenómenos destructivos como pueden ser la lluvia o el viento excesivos, el desbordamiento de las aguas o un fuego en el bosque pueden tener su encanto en el momento en que se aprecian o pasado el mal momento cuando se ve una foto, porque pertenecen a la naturaleza que es Divina.
Dios, que es similar a decir el Señor,  no ha dejado de estar presente en cada ser humano, crea o no en Él. Su presencia yace en el corazón de cada ser humano capaz de recrearse en las bellezas de la Madre Naturaleza que es, sin dudas, Él creador, quien  es capaz de vivir en cada persona a través del Amor, por eso es perfecto en su grandeza, por eso no cabe en una imagen, he ahí su inmensidad.  

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