miércoles, 6 de febrero de 2013

DIVINO OASIS












Por: Pr Manuel A Morejón Soler El Vedado, La Habana.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 Cruzando el árido desierto voy,
De la vida en su rudo batallar,
Fervoroso prosigo con acierto
Hacia el Reino de gozo singular.

Espejismo falaz ya se levanta
Excitando mí sed abrasadora,
Más de Dios el Oasis se abrillanta
Con el Agua que anima y corrobora.

De la Fuente que salta eternamente,
Produciendo ese gozo inigualable.
La que imparte la vida verdadera
La que hace la existencia placentera
Con su alcance eficaz y permanente,
En el viaje a la patria duradera.

No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.
Porque como hierba serán pronto cortados y como la hierba verde se secarán.
Salmo 37:2

Cuando la gente justa sufre una desgracia y ve al mismo tiempo que muchas personas malas prosperan y viven felices, se pregunta dolorosamente si es verdad que Dios gobierna el mundo con justicia.

Este poema, lo mismo que el libro de Job y que los salmos 37 y 73, tratan de responder a este inquietante problema.

Dos argumentos profundos fluyen en estos libros: la prosperidad de los impíos, dejando a la gente fiel preguntándose por qué tienen que preocuparse por ser buenos, porque la riqueza del impío parece ser tan tentadora que hasta quizás los fieles quieran estar en su lugar. No obstante, estos dos temas finalizan de una manera sorprendente ya que la riqueza del impío pierde de repente su poder en el momento de la muerte y las recompensas del bueno sin pensarlo adquieren un valor eterno. Lo que parecía riqueza, ahora es desperdicio, y lo que parecía no valer la pena, ahora perdura para siempre.

No desee ocupar el lugar de los impíos para obtener su riqueza. Algún día ellos desearán tener el suyo y poseer su riqueza eterna.

Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades.
Deja la ira y desecha el enojo, no te excites en manera alguna a hacer lo malo. Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, heredarán la Tierra.
(Salmo 37:8-9)





No hay comentarios: