miércoles, 21 de noviembre de 2012

LA GRACIA Y LA DESGRACIA











Por Pr Manuel A Morejón Soler El Vedado, La Habana. 

¿Cree que por no ser suficientemente bueno Dios no lo salvará? ¿Piensa o siente que la salvación es para todos menos para usted? Entonces este texto está especialmente inspirado en Ud.
Si Dios entregó a su Hijo por usted, ¡no va a quitarle la salvación! Si Cristo dio su vida por usted, ¡no va cambiar de opinión ni condenarlo!
La epístola de Romanos, más que una explicación teológica de la gracia redentora de Dios, es una carta de consuelo y aliento dirigida sobre todo a aquellos los que no conocen que la generosa gracia de Dios es superior a cualquier pecado.

La gracia divina
En teología cristiana se entiende por gracia divina o gracia santificante un favor o don gratuito concedido por Dios para ayudar al hombre a cumplir los mandamientos, salvarse o ser santo, como también se entiende el acto de amor unilateral e inmerecido por el que Dios llama continuamente las almas hacia Sí.
En el Antiguo Testamento implica en primer lugar una actitud generosa de benevolencia gratuita por parte de Dios que se concreta luego en los bienes materiales que el beneficiado de tal gracia obtiene. Es decir, señala por un lado la humildad del receptor y la gratuidad del don. De ahí expresiones del tipo: “si he hallado gracia ante tus ojos…” (Génesis 34:11; Éxodo 3:21; 11:3; 12:36; Números 32:5, etc.). En otras ocasiones incluye la recompensa (Deuteronomio 28:1-2) aunque el favor de Dios sigue considerándose no obligado y gratuito. 
 
La desgracia mundana
Muchas personas han elaborado el concepto erróneo de que si Dios existe es un Dios implacable producto de las miserias de este Mundo y que está solo a la espera de que le desobedezcan para enviar un juicio devastador sobre las personas, asimismo otros creen que su juicio será por méritos y no por el hecho de si has creído o no en él.
Las peores desgracias ocurridas al Mundo provienen de aquellos que han intentado hacer del Mundo un lugar mejor sin cambiar el corazón del hombre, de los que han querido transformar el medio y la sociedad a través de la fuerza y la imposición sorteando la Gracia Divina, sin cambiar el gruñir de una obligación en un servicio amoroso y entusiasta, ni tampoco las lágrimas y la culpabilidad de nuestros fracasados esfuerzos por la emoción y la alegría eterna de los placeres ofrecidos por Dios.
Sin una verdadera relación con Dios es imposible conocer su gracia y su carácter inmutable y amoroso lo que hace que valga la pena vivir la vida.
Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? Romanos 8:31



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