viernes, 4 de diciembre de 2015

Religiosos cubanos relatan sus vivencias en las UMAP

Una decena de creyentes de diferentes congregaciones religiosas relataron sus experiencias en unidades de trabajo forzado que albergaron a más de 20.000 jóvenes entre 1965 y 1968.


Reverendo Alberto González Muñoz: “Evitar las verdadesprolonga los malestares”.
Foto: IPS-Cuba
Cárdenas, Cuba, 29 nov.- “Es mejor encarar los errores, que enterrarlos, solo así lograremos la sanación individual y colectiva”, afirmó a IPS Cuba el reverendo Alberto González, en referencia a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), creadas en la década del sesenta del pasado siglo.
Por primera vez de manera pública, hombres y mujeres de distintas congregaciones religiosas rememoraron uno de los capítulos más tristes en la historia reciente de la nación caribeña, durante un encuentro desarrollado en elCentro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba, ubicado en la ciudad matancera de Cárdenas, a 150 kilómetros de La Habana.
Pese a la distancia en el tiempo, la emoción distinguió el intercambio de experiencias en el foro “En busca de una memoria positiva. A 50 años de la UMAP”, efectuado del 24 al 26 de noviembre.
En las UMAP, que funcionaron entre noviembre de 1965 y junio de 1968 en la provincia central de Camagüey, fueron recluidos homosexuales, religiosos, intelectuales, delincuentes comunes, drogadictos y algunos jóvenes cuyas familias se habían marchado del país y los dejaron solos.
“Aquello fue un error, pero lo más fuerte ha sido el silencio, pretender que esos lugares no existieron e intentar borrarlos de la historia”, agregó González, de 72 años.
Por el camino del diálogo
El Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba, ubicado en la ciudad matancera de Cárdenas, a 150 kilómetros de La Habana, se creó en 1991, dirigido desde entonces hasta hace unos años por el reverendo Raimundo García.
Su misión consiste “en fomentar la dignidad humana, la reconciliación y la paz por medio del estudio, la reflexión, el diálogo, la incidencia, la solidaridad, la oración (…) y por más de dos décadas se ha convertido en espacio para concertar puntos de vista sobre la realidad nacional entre personas con distinta fe, clase y posición política”.
Desde 1971 cuenta con un boletín impreso titulado “Reflexión y diálogo”.
El religioso, quien encabezó la Convención Bautista de Cuba Occidental de 2002 a 2007, afirmó que “evitar las verdadesprolonga los malestares”, aunque en su caso haya perdonado.
En su opinión, los sucesos acontecidos en estos centros de rehabilitación hay que contarlos.
“Pero además, si vivo en Cuba y soy feliz después de las UMAP, también debemos celebrarlo”, refirió el autor del libro “Dios no entra en mi oficina”, donde relata sus vivencias durante los casi tres años que estuvo recluido en varias unidades.
Wilfredo Suárez, por su parte, manifestó que en su corazón “no hay odio ni resentimiento”.
No obstante, consideró que “aún los desaciertos más grandes de la gente o de un país hay que encararlos para no dejar cuentas pendientes”.
Los meses de octubre y noviembre de 1966 marcaron un antes y un después en la vida de muchas personas y familias.
“Yo estudiaba en el seminario teológico y cuando recibí la citación creí que era para el Servicio Militar Obligatorio como todo cubano. Mi idea era que iba a ver jóvenes como yo y nada más”, comentó el reverendo Alberto González.
Para él, no fue fácil darse cuenta de que “en lugar de un servicio militar era algo diferente y desconocido”.
Según evocó “lo que más sentimos fue incertidumbre al ver soldados con armas largas escoltando en el tren, demasiada seguridad para simples reclutas”.
Otros sí supieron hacia dónde irían, como fue el caso de Moisés Machado Jardines, quien había aprobado los exámenes para estudiar mecánica de aviación.
“Todo iba bien hasta que en una entrevista mostraron especial interés en mi vocación religiosa y al concluir me llamaron enemigo de la Revolución y sujeto altamente peligroso”, contó.
Aunque un gran número de los recluidos en las UMAP se marcharon del país, otros permanecieron en la nación caribeña pese a ser estigmatizados por muchos años. 
Aunque un gran número de los recluidos en las UMAP se marcharon del país, otros permanecieron en la nación caribeña pese a ser estigmatizados por muchos años.
Varios relatos coinciden en lo fuerte y humillante de la experiencia, que comenzó con el traslado a las UMAP en camiones y trenes, la división en grupos de 120 hombres, la llegada a sitios sin acondicionamiento para alojar personas y entonces allí recibieron la primera explicación.
“Después de recorrer muchas provincias y adentrarnos en un lugar desconocido nos dijeron que estábamos allí por nuestra conducta errada en la sociedad, que estábamos entrando y no había fecha de salida a menos que cambiáramos nuestra forma de pensar”, afirmó González.
También contó que “la unidad estaba a medio construir, la barraca no tenía piso, no había cama. “La primera noche dormimos todos tirados en el suelo, porque nos dieron una hamaca, pero sin lugar donde ponerla”, apuntó.
“Hacíamos todo tipo de trabajo agrícola, pero lo esencial fue cortar caña y recoger frutos menores, muchas veces con un horario excesivo, en ocasiones desde las cuatro de la mañana hasta las 12 de la noche”, acotó.

Desde la otra orilla

Sobre las relaciones entre reclutas y los militares, las historias coincidieron en que un trato mejor o peor dependía más de los valores humanos que del rango de los militares.
“Llegué a tener buenas relaciones con algunos oficiales que intentaban hacer su trabajo de la mejor manera, pero otros nos trataban como animales”, explicó González.
Otras caracterizaciones de los militares fueron menos condescendientes.
Moisés Machado, por ejemplo, refirió que el jefe de su unidad “tenía psicosis de guerra y se vivía un clima de cierto temor, porque ese hombre dominaba a la tropa utilizando el miedo”.ALBERGUE
Sin embargo, Idalberto Carbonell también advirtió que “a algunos militares se les notaba el malestar por aquello que estaba pasando”.
Precisamente desde la otra orilla vivió los sucesos Luis Manuel Castellanos, quien cumplió el periodo de Servicio Militar en varias unidades.
“No sabía a qué tipo de personas me encontraría allí, simplemente nos orientaron reeducarlas, reorientarlas para que pudieran ser útiles en la sociedad”, confesó.
Castellanos alegó haber conocido allí hombres de todo tipo, algunos tranquilos y decentes y otros con mal comportamiento social.
“Enfrentar eso no era fácil, porque cuando había motines o problemas de indisciplina debías ponerte fuerte, aunque cuando digo esto no justifico los excesos y abusos, que sobre todo cometieron con los homosexuales”, explicó.
En opinión de Castellanos, quien en aquel entonces tenía 19 años, en ocasiones se obvian las medidas disciplinarias tomadas contra los oficiales que violentaban o violaban a los reclutas UMAP o transgredían los reglamentos.
UMAP en contexto
Las personas participantes en el encuentro convinieron en que los años sesenta fueron de mucha tensión en la sociedad cubana, y atribuyeron mucho de lo sucedido en las UMAP a la fuerte influencia de la Unión Soviética.
Según el sociólogo Rafael Hernández, también presente en el intercambio, suponer que las ideas soviéticas marcaron el surgimiento de la UMAP pudiera ser un error histórico.
“Achacarle a otros problemas y causas que son nuestros es una práctica extendida en el país. La Unión Soviética dejó de existir hace 25 años y todavía la culpamos de muchos de nuestros conflictos actuales y pasados, cuando realmente han sido cuestiones creadas por nuestra manera de juzgar, pensar y actuar hace 50 años”, argumentó el director de la revista Temas.
“No era un relajo, porque allí conformaban tribunales militares para juzgarnos con sanciones que iban desde amonestaciones hasta separación definitiva del ejército”, expresó.
Asimismo, aseveró que “también hubo gestos humanos, porque en más de una ocasión se evitaron violaciones y abusos de los delincuentes sobre el resto de los muchachos”.
Compartió que entiende el dolor de quienes pasaron por las UMAP de manera forzada.
“Es cierto que estábamos juntos, comíamos lo mismo, dormíamos con las mismas condiciones y a veces nos incorporábamos al trabajo junto a ellos. Pero la diferencia era que yo cumplía con una tarea de forma libre y voluntaria y ellos estaban obligados, se sentían recluidos y eso era muy triste”, sentenció.

La familia

La otra arista de las UMAP estuvo relacionada con el impacto de esa experiencia en las esposas, madres, padres y amistades.
“Los primeros meses fueron de ausencia de noticias casi total”, relató Miriam Daniel, de 70 años y esposa del reverendo Alberto González.
“Lo otro bien duro de enfrentar fue que pensábamos casarnos y de momento todos los sueños se fueron al piso”, dijo.
Sin embargo, contó que decidieron retomar la idea de casarse y la concretaron el 19 de junio de 1966, durante uno de los pases que González recibió en la unidad.
Alicia Torres, entretanto, recordó que su esposo Sergio Santos estuvo recluido los dos años y siete meses que duraron las UMAP.
“Imagínate que él no conoció a su hijita hasta los seis meses, porque se lo llevaron estando yo embarazada”, evocó.
Narró además que su hija mayor también sufrió con la ausencia del padre, tanto que “en la primera visita no lo conoció y se negó a darle un beso, porque estaba muy flaquito, casi no parecía él mismo”, acotó.
Las UMAP desaparecieron en junio de 1968 tras fuertes críticas y presiones por parte de un sector de la intelectualidad cubana y de organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos, sobre todo, activistas por los derechos de las personas homosexuales.
Algunos de los testimoniantes confesaron que tras las traumática experiencia de las UMAP pensaron irse del país, sin embargo, a cinco décadas del suceso aún permanecen en Cuba.
“Pensé irme y en un momento le dije a mi esposa, te vas adelante y después yo te sigo, pero ella no quiso”, rememoró González.
A mediados de 1968 él se consideraba un hombre sin rumbo y decepcionado del país.
“Me juzgaron mal pese a formar parte de una familia revolucionaria, que aportó a la lucha clandestina y tener un padre que militó en el Partido Comunista de Cuba”, manifestó.
Agregó que no emigró “porque había una ley que prohibía abandonar el país a los menores de 27 años y por mi madre, que había quedado dañada por la partida de sus hermanos a Estados Unidos”.
No obstante, el tiempo pasó y “en 1980 visité los Estados Unidos y enseguida me ofrecieron quedarme para trabajar como pastor en una congregación, pero yo vine para Cuba”.
Después de ese momento se sintió más libre, pues “ya la opción de irme de Cuba no me lo impidió una ley o cualquier otro impedimento externo, sino que fue una decisión propia y consciente de querer estar en mi país”, concluyó.
Por su parte, Ernesto Ruano Pruneda no pensó abandonar el país, aunque se lo aconsejaron varias amistades.
“Yo no pensé en irme ni al salir de la UMAP ni en los años ochenta, cuando el gobierno de Estados Unidos dijo que nosotros podíamos ser considerados presos políticos y nos dejaban llevarnos a toda la familia”, expresó.
En la actualidad, y a los 73 años de edad,Pruneda confesó que siente satisfacción al “ver que hay un grupo numeroso de cristianos que 50 años después están en Cuba y recuerdan el momento con dolor, pero sin resentimiento”. (2015)

jueves, 3 de diciembre de 2015

Impresionante Milagro Captado Por Un Conductor (No Quites La Vista Del Auto Blanco)


Levántate y Sé Valiente!
     
Jueves 3 Diciembre, 2015
Un Acto de Honestidad y Jamás se imaginaron
lo que sucedería luego :)
No hay manera de qué esto no te llegue.!
La gente HONESTA siempre sale ganando.  Ver más!
 
Reflexiones – Dios no tiene Límites
En 1939 las tropas soviéticas entraron y anexaron los estados del Báltico, incluyendo a Latvia.
El vicecónsul estadounidense en Latvia, capital de Riga, vio lo que estaba pasando y le preocupaba que los soldados soviéticos saquearan la sede de la Cruz Roja Americana.Se comunicó con el Departamento de Estado para pedir autorización para izar la bandera de los Estados Unidos más alta que la bandera d... Leer más!

 
Estoy Malgastando Mi Vida?
“Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida.”Arthur Schnitzler
Vivimos en una época donde los días son malos y es necesario saber aprovechar bien el tiempo. El tiempo es vida y muchas veces lo malgastamos en cosas que no nos aprovechan o benefician.
Ahora no solamente malgastamos nuestro tiempo, también lo hacemos con nuestros talentos y nuestro dinero. Y lo mas t... Leer más!

 
La respuesta que un vendedor de globos le dió a este chico,
me dejó pensando todo el día!
Hace varios años, un vendedor de globos vendía su producto en las calles de Nueva York. Cuando el negocio bajaba, soltaba un globo, al flotar en el aire, se reunía una nueva multitud de compradores y su negocio se fortalecía por unos minutos.
Alternaba los colores, primero uno blanco, luego uno rojo y después uno amarillo. Al cabo de un tiempo, un pequeño niño negro le jaló la manga del saco, miró al vendedor a los ojos y le preguntó: \"S... Leer más!

 
Levántate y Sé Valiente!
Levántate y Sé Valiente!
Yo aumento tus fuerzas, éste día es para tí. Levántate y sé valiente.
Joel 3:10 Diga el débil, fuerte soy.
Joel 3:10 Forjad espadas de vuestras rejas de arado y lanzas de vuestras podaderas; diga el débil: Fuerte soy.
Salmos 91:2 Diré yo al SEÑOR: Refugio mío y fortaleza mía, mi Dios, en quien confío.
Proverbios 18:10 El nombre del SEÑOR es torre fuerte, a ella corre el justo y está a sa... Leer más!

 
Impresionante Milagro Captado Por Un Conductor.
No Quites La Vista Del Auto Blanco.
Todo los días agradezco la oportunidad de poder vivir pero cuando veo este tipo de video lo hago aún más. No sé en que crean las personas que van en este auto; lo que si sé es que tienen un angel guardian.
Mira el video y no pierdas de vista el auto blanco.
Salmo 91:11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. Mira el Video
 

Visita Nuestro Sitio

...y cambia tu vida para siempre.
 

Suscríbete Aquí

 
   
   
   
   

EL VIDEO DE HOY Esposo devoto cuida a su amada esposa que sufre de demencia

Luz Mundial

EL VIDEO DE HOY
Esposo devoto cuida a su amada esposa que sufre de demencia
EL DEVOCIONAL DE HOY
¿Quién quiere polvo?
EL VERSÍCULO DE HOY
Lamentaciones 5:19
Haz clic aquÌ para ver el video 
de hoy Haga clic aquÌ para ver el 
devocional de hoy Haga clic aquÌ para ver el 
versÌculo de hoy

GUÍA BÍBLICA PANORÁMICA - diciembre 1
 
Apocalipsis 5 y 6
Preguntas
 
(A)  Apoc. 5:1-4: ¿Por qué lloró Juan? ___________________________
___________________________________________________________
(B)  Vs. 5-7: ¿Quién pudo abrir el libro? _______
___________________
(C)   Vs. 8: Las copas de oro llenas de incienso son __________________
de los _________________.
(D)  Vs. 8-10: ¿A quién alaban los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos?
________________________
(E)  Apoc. 6:3-4: El segundo sello: “…poder de quitar la _________
de la tierra.”  
(F)  6:7-8: El cuarto sello: “…potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con __________________, con mortandad, y con las fieras (bestias salvajes) de la tierra.”
(G)  6:12-17: El sexto sello:  ”…hubo un gran ________________; y el __________ se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como  _____________;
(H) y las _________________ del cielo cayeron sobre la tierra…”
 



Sólo un Minuto
con Dr. Charles F. Stanley

Escuchar


Tarjetas Electrónicas Gratis Más Tarjetas Electrónicas
 
Pues de su plenitud todos hemos recibido
 
 
La felicidad es...
 
 
¡Me la pasé súper bien!
 
 
Nunca me avergonzaré de mi fe
 
 
Lea acerca de Luz Mundial  |  Cancelar Suscripción


© 2015 Luz Mundial. Derechos reservados
4880 Santa Rosa Rd.
Camarillo, CA 93012

Este correo no le es enviado sin antes haberlo solicitado. Recibió este correo porque su correo electrónico, alianzacristiana777@gmail.com, ha sido registrado para recibir boletines informativos, noticias y ofertas especiales de Luz Mundial.

Nuestros Sitios:

Religiosos cubanos relatan sus vivencias en las UMAP

Una decena de creyentes de diferentes congregaciones religiosas relataron sus experiencias en unidades de trabajo forzado que albergaron a más de 20.000 jóvenes entre 1965 y 1968.
 

Cárdenas, Cuba, 29 nov.- “Es mejor encarar los errores, que enterrarlos, solo así lograremos la sanación individual y colectiva”, afirmó a IPS Cuba el reverendo Alberto González, en referencia a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), creadas en la década del sesenta del pasado siglo.
Por primera vez de manera pública, hombres y mujeres de distintas congregaciones religiosas rememoraron uno de los capítulos más tristes en la historia reciente de la nación caribeña, durante un encuentro desarrollado en el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba, ubicado en la ciudad matancera de Cárdenas, a 150 kilómetros de La Habana.
Pese a la distancia en el tiempo, la emoción distinguió el intercambio de experiencias en el foro “En busca de una memoria positiva. A 50 años de la UMAP”, efectuado del 24 al 26 de noviembre.
En las UMAP, que funcionaron entre noviembre de 1965 y junio de 1968 en la provincia central de Camagüey, fueron recluidos homosexuales, religiosos, intelectuales, delincuentes comunes, drogadictos y algunos jóvenes cuyas familias se habían marchado del país y los dejaron solos.
“Aquello fue un error, pero lo más fuerte ha sido el silencio, pretender que esos lugares no existieron e intentar borrarlos de la historia”, agregó González, de 72 años.
Por el camino del diálogo El Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba, ubicado en la ciudad matancera de Cárdenas, a 150 kilómetros de La Habana, se creó en 1991, dirigido desde entonces hasta hace unos años por el reverendo Raimundo García.
Su misión consiste “en fomentar la dignidad humana, la reconciliación y la paz por medio del estudio, la reflexión, el diálogo, la incidencia, la solidaridad, la oración (…) y por más de dos décadas se ha convertido en espacio para concertar puntos de vista sobre la realidad nacional entre personas con distinta fe, clase y posición política”.
Desde 1971 cuenta con un boletín impreso titulado “Reflexión y diálogo”.
El religioso, quien encabezó la Convención Bautista de Cuba Occidental de 2002 a 2007, afirmó que “evitar las verdadesprolonga los malestares”, aunque en su caso haya perdonado.
En su opinión, los sucesos acontecidos en estos centros de rehabilitación hay que contarlos.
“Pero además, si vivo en Cuba y soy feliz después de las UMAP, también debemos celebrarlo”, refirió el autor del libro “Dios no entra en mi oficina”, donde relata sus vivencias durante los casi tres años que estuvo recluido en varias unidades.
Wilfredo Suárez, por su parte, manifestó que en su corazón “no hay odio ni resentimiento”.
No obstante, consideró que “aún los desaciertos más grandes de la gente o de un país hay que encararlos para no dejar cuentas pendientes”.
Los meses de octubre y noviembre de 1966 marcaron un antes y un después en la vida de muchas personas y familias.
“Yo estudiaba en el seminario teológico y cuando recibí la citación creí que era para el Servicio Militar Obligatorio como todo cubano. Mi idea era que iba a ver jóvenes como yo y nada más”, comentó el reverendo Alberto González.
Para él, no fue fácil darse cuenta de que “en lugar de un servicio militar era algo diferente y desconocido”.
Según evocó “lo que más sentimos fue incertidumbre al ver soldados con armas largas escoltando en el tren, demasiada seguridad para simples reclutas”.
Otros sí supieron hacia dónde irían, como fue el caso de Moisés Machado Jardines, quien había aprobado los exámenes para estudiar mecánica de aviación.
“Todo iba bien hasta que en una entrevista mostraron especial interés en mi vocación religiosa y al concluir me llamaron enemigo de la Revolución y sujeto altamente peligroso”, contó.
Aunque un gran número de los recluidos en las UMAP se marcharon del país, otros permanecieron en la nación caribeña pese a ser estigmatizados por muchos años. 
Aunque un gran número de los recluidos en las UMAP se marcharon del país, otros permanecieron en la nación caribeña pese a ser estigmatizados por muchos años.
Varios relatos coinciden en lo fuerte y humillante de la experiencia, que comenzó con el traslado a las UMAP en camiones y trenes, la división en grupos de 120 hombres, la llegada a sitios sin acondicionamiento para alojar personas y entonces allí recibieron la primera explicación.
“Después de recorrer muchas provincias y adentrarnos en un lugar desconocido nos dijeron que estábamos allí por nuestra conducta errada en la sociedad, que estábamos entrando y no había fecha de salida a menos que cambiáramos nuestra forma de pensar”, afirmó González.
También contó que “la unidad estaba a medio construir, la barraca no tenía piso, no había cama. “La primera noche dormimos todos tirados en el suelo, porque nos dieron una hamaca, pero sin lugar donde ponerla”, apuntó.
“Hacíamos todo tipo de trabajo agrícola, pero lo esencial fue cortar caña y recoger frutos menores, muchas veces con un horario excesivo, en ocasiones desde las cuatro de la mañana hasta las 12 de la noche”, acotó.

Desde la otra orilla

Sobre las relaciones entre reclutas y los militares, las historias coincidieron en que un trato mejor o peor dependía más de los valores humanos que del rango de los militares.
“Llegué a tener buenas relaciones con algunos oficiales que intentaban hacer su trabajo de la mejor manera, pero otros nos trataban como animales”, explicó González.
Otras caracterizaciones de los militares fueron menos condescendientes.
Moisés Machado, por ejemplo, refirió que el jefe de su unidad “tenía psicosis de guerra y se vivía un clima de cierto temor, porque ese hombre dominaba a la tropa utilizando el miedo”.ALBERGUE
Sin embargo, Idalberto Carbonell también advirtió que “a algunos militares se les notaba el malestar por aquello que estaba pasando”.
Precisamente desde la otra orilla vivió los sucesos Luis Manuel Castellanos, quien cumplió el periodo de Servicio Militar en varias unidades.
“No sabía a qué tipo de personas me encontraría allí, simplemente nos orientaron reeducarlas, reorientarlas para que pudieran ser útiles en la sociedad”, confesó.
Castellanos alegó haber conocido allí hombres de todo tipo, algunos tranquilos y decentes y otros con mal comportamiento social.
“Enfrentar eso no era fácil, porque cuando había motines o problemas de indisciplina debías ponerte fuerte, aunque cuando digo esto no justifico los excesos y abusos, que sobre todo cometieron con los homosexuales”, explicó.
En opinión de Castellanos, quien en aquel entonces tenía 19 años, en ocasiones se obvian las medidas disciplinarias tomadas contra los oficiales que violentaban o violaban a los reclutas UMAP o transgredían los reglamentos.
UMAP en contexto Las personas participantes en el encuentro convinieron en que los años sesenta fueron de mucha tensión en la sociedad cubana, y atribuyeron mucho de lo sucedido en las UMAP a la fuerte influencia de la Unión Soviética.
Según el sociólogo Rafael Hernández, también presente en el intercambio, suponer que las ideas soviéticas marcaron el surgimiento de la UMAP pudiera ser un error histórico.
“Achacarle a otros problemas y causas que son nuestros es una práctica extendida en el país. La Unión Soviética dejó de existir hace 25 años y todavía la culpamos de muchos de nuestros conflictos actuales y pasados, cuando realmente han sido cuestiones creadas por nuestra manera de juzgar, pensar y actuar hace 50 años”, argumentó el director de la revista Temas.
“No era un relajo, porque allí conformaban tribunales militares para juzgarnos con sanciones que iban desde amonestaciones hasta separación definitiva del ejército”, expresó.
Asimismo, aseveró que “también hubo gestos humanos, porque en más de una ocasión se evitaron violaciones y abusos de los delincuentes sobre el resto de los muchachos”.
Compartió que entiende el dolor de quienes pasaron por las UMAP de manera forzada.
“Es cierto que estábamos juntos, comíamos lo mismo, dormíamos con las mismas condiciones y a veces nos incorporábamos al trabajo junto a ellos. Pero la diferencia era que yo cumplía con una tarea de forma libre y voluntaria y ellos estaban obligados, se sentían recluidos y eso era muy triste”, sentenció.

La familia

La otra arista de las UMAP estuvo relacionada con el impacto de esa experiencia en las esposas, madres, padres y amistades.
“Los primeros meses fueron de ausencia de noticias casi total”, relató Miriam Daniel, de 70 años y esposa del reverendo Alberto González.
“Lo otro bien duro de enfrentar fue que pensábamos casarnos y de momento todos los sueños se fueron al piso”, dijo.
Sin embargo, contó que decidieron retomar la idea de casarse y la concretaron el 19 de junio de 1966, durante uno de los pases que González recibió en la unidad.
Alicia Torres, entretanto, recordó que su esposo Sergio Santos estuvo recluido los dos años y siete meses que duraron las UMAP.
“Imagínate que él no conoció a su hijita hasta los seis meses, porque se lo llevaron estando yo embarazada”, evocó.
Narró además que su hija mayor también sufrió con la ausencia del padre, tanto que “en la primera visita no lo conoció y se negó a darle un beso, porque estaba muy flaquito, casi no parecía él mismo”, acotó.
Las UMAP desaparecieron en junio de 1968 tras fuertes críticas y presiones por parte de un sector de la intelectualidad cubana y de organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos, sobre todo, activistas por los derechos de las personas homosexuales.
Algunos de los testimoniantes confesaron que tras las traumática experiencia de las UMAP pensaron irse del país, sin embargo, a cinco décadas del suceso aún permanecen en Cuba.
“Pensé irme y en un momento le dije a mi esposa, te vas adelante y después yo te sigo, pero ella no quiso”, rememoró González.
A mediados de 1968 él se consideraba un hombre sin rumbo y decepcionado del país.
“Me juzgaron mal pese a formar parte de una familia revolucionaria, que aportó a la lucha clandestina y tener un padre que militó en el Partido Comunista de Cuba”, manifestó.
Agregó que no emigró “porque había una ley que prohibía abandonar el país a los menores de 27 años y por mi madre, que había quedado dañada por la partida de sus hermanos a Estados Unidos”.
No obstante, el tiempo pasó y “en 1980 visité los Estados Unidos y enseguida me ofrecieron quedarme para trabajar como pastor en una congregación, pero yo vine para Cuba”.
Después de ese momento se sintió más libre, pues “ya la opción de irme de Cuba no me lo impidió una ley o cualquier otro impedimento externo, sino que fue una decisión propia y consciente de querer estar en mi país”, concluyó.
Por su parte, Ernesto Ruano Pruneda no pensó abandonar el país, aunque se lo aconsejaron varias amistades.
“Yo no pensé en irme ni al salir de la UMAP ni en los años ochenta, cuando el gobierno de Estados Unidos dijo que nosotros podíamos ser considerados presos políticos y nos dejaban llevarnos a toda la familia”, expresó.
En la actualidad, y a los 73 años de edad,Pruneda confesó que siente satisfacción al “ver que hay un grupo numeroso de cristianos que 50 años después están en Cuba y recuerdan el momento con dolor, pero sin resentimiento”. (2015)