
Costado que da a la calle C del antiguo colegio de La Salle, erigido en 1910 en el Vedado, La Habana. Foto de 2012.
En una manzana del Vedado, la que forman las calles 11, 13, C y B,
fue construido en 1910 el colegio La Salle. Allí cursó mi abuelo la
enseñanza elemental, desde finales de los años 20s hasta principios de
los 30s, y debe haber sido grande su amor por “su escuela” pues, siendo
ya un joven médico, escogió la capilla de ésta para casarse antes Dios
con mi hermosa abuela.

Años después de la boda de mi abuelo, el niño que una vez fue el
profesor Manuel Calviño también pasó por esas aulas. Y de su amor por
“su escuela” salió el texto del que a continuación se reproducen
fragmentos (
ver texto completo aquí, en formato PDF, con fotografías del autor).
Mi escuela
…………..
La barriada del Vedado se privilegiaba con aquella edificación que se
levantaba sólida y resplandeciente. Orgullo de un poderío económico de
clase media ascendente, pero sobre todo de un poderío educativo,
intelectual, formativo. Los Hermanos “De La Salle” habían consagrado,
inequívocamente, su vida a la Educación. Con una profunda convicción
católica, y avanzadas ideas acerca del modo de “preparar hombres para la
vida”, ejercitaban su vocación para el magisterio de manera
excepcional, con compromiso cívico, cultivando el alma cubana.
……………………
Tengo un gran vacío documentario sobre lo que sucedió. Mi vocación no
es de historiador. Solo soy un narrador de sentimientos. Mis vivencias
las llevo al papel. De modo que lo que conservo es que en abril de 1961
fue mi última salida del Edificio de mi Escuela. Fue por la puerta
trasera. Nos llevaron apresuradamente al sótano a tomar los ómnibus. Una
vez adentro nos instaron a agacharnos en nuestros asientos, a no
exponernos en las ventanillas que deberíamos tener cerradas. Se sentía
el nerviosismo de los hermanos, ecuánimes en apariencia, pero muy
preocupados. Cuando salimos a la calle 11, atemorizados por la inusual
emergencia y el desconocimiento de lo que pasaba, alcanzamos a oír
gritos que venían de la calle: “Pin Pon fuera. Abajo la gusanera”, “Que
se vayan los bitongos”, “Curas asesinos”, “Nacionalización”. Una rápida
mirada desobediente tropezó con carteles enarbolados por un grupo
numeroso de personas que, parapetados en la calle, obstaculizaban el
paso de las “guaguas”, e inundaban el silencio de la tarde con la misma
expresión: “Curas asesinos”. No podía, ni podré entender nunca, aquellas
palabras.
…………………
La Escuela quedó un largo tiempo abandonada. Habitada quizás por ecos
de su historia, quizás por espectros de sotanas negras, camisas azules,
pantalones de caqui beige. La erosión se imponía sobre sus fachadas. La
acción destructiva sin contraposición constructiva laceraba desde todas
partes las estructuras y fachadas del edificio. Mi Escuela no era una
prioridad para los que definían lo que sí y lo que no. Probablemente,
para muchos, ella representaba un pasado que lejos de ser historia a
recuperar, se pensaba, equívocamente, como una suerte de ignominia a
olvidar. “Todo al fuego” en una pésima interpretación de la sabía
afirmación martiana. Ninguna Escuela católica se salvó del pie forzado.
Ninguna Escuela privada.
…¿Cómo no entendimos que la historia no es el cuento que los doctos o
los profanos hacen, sino los sucesos reales que dejan marcas indelebles
en la vida real de las personas, de las ciudades, de las naciones?…
………………
Así cómo “la diferencia entre el desierto y un jardín, no está en el
agua, sino en el hombre”, la diferencia entre el edificio de mi Escuela,
aquél que glamoroso ilustraba la producción cultural de una época con
aciertos y desaciertos, y el destruido inmueble que a duras penas se
mantenía allí en pie, no estaba en el tiempo, sino en el hombre. No fue
el tiempo quien convirtió en semi ruina lo que parecía ser una
irreductible edificación. Fue el hombre.
Las paredes del Edificio ya gemían cuando una sabia decisión
reconvertiría al gigante en una edificación con fines educativos.
Tocaría el turno a un centro de enseñanza técnica. Se podrían aprovechar
condiciones propias del inmueble. El sótano trasero se transformaría en
taller de mecánica. El patio lateral, con vista a la Calle C, sería
techado para tener más espacio protegido de la inclemencia de las
lluvias tropicales. Le llegó también el turno a la Capilla. Allí donde
buena parte de los lasallistas habaneros hicimos nuestra Primera
Comunión, y algunos hasta la Confirmación, los nuevos estudiantes harían
su primera disección de un motor. Donde otrora, junto al magnífico coro
escolar, yo entonaba el “Cristus Vinci”, ahora resonarían
ensordecedores choques de metales, de instrumentos de labor, contra la
maciza construcción de estructuras férreas y armazones de hormigón de
todo tipo. Cada época se construye a sí misma. En altares, en talleres.
En cualquier lugar. En todos los lugares. Pero siempre el gran
constructor: El ser humano. Con una vocación u otra. Cuando son buenas,
cuando son auténticas, se interconectan. Y solo cuando son falsas, se
excluyen.
………………..
Desde cuando se viene gestando una ruptura de ciertas normas
elementales de conducta ciudadana, cívica, es algo que no logro
precisar. Inicialmente me preocupó, luego me dolió y ahora me molesta.
Los modelos relacionales se han desvirtuado. Tanto en las dimensiones
espirituales, en el ámbito de las relaciones interpersonales, cuanto en
lo que se refiere al respeto y cuidado del mundo material. Desde este
desastre planetario que amenaza con precipitar al mito del Armagedón,
hasta la falta de cuidado para con la expresión material de cualquier
tipo de creación espiritual humana: una ciudad, un libro, una escultura,
un jardín, un veterano edificio, una joya de la cultura nacional. No
hay consciencia del esfuerzo humano objetivado en cosas que más que
material, son riqueza espiritual objetivada. No hay consciencia de la
necesidad de cuidar la obra humana, porque es así que se cuida lo humano
en nosotros mismos. El alma cubana corre el riesgo de aparecer
amancillada por la falla educativa. También mi Escuela cae en las redes
inhóspitas de tal desidia.
………………..
Manuel Calviño
Diciembre de 2010
(Texto enviado por el autor)

Costado que da a la calle C del antiguo colegio La Salle. Foto de 2012.

Detalle del costado del antiguo colegio La Salle. Foto de 2012.
En la página de la
Asociación de Antiguos Alumnos de los Colegios de La Salle en Cuba pueden encontrarse imágenes, testimonios, y otros documentos.
Ver también
Diario de Cuba:
Los colegios fantasmas:
Algunos, irremediablemente perdidos, unos pocos dedicados
a otros fines con mejor suerte, otros en situación de derrumbe, y la
mayoría en avanzado estado de deterioro acumulado, los grandes colegios
privados de La Habana, tanto religiosos como laicos, existentes antes
del año 1959, constituyen una prueba irrefutable de irresponsabilidad y
desidia, con respecto al cuidado de los bienes nacionales.
La Salle del Vedado, los Maristas de la Víbora, los Escolapios de
Guanabacoa, de La Habana y de la Víbora, Baldor, el Instituto Edison,
las Ursulinas, St. George’s, Arturo Montori, Nuestra Señora del Rosario,
Nuestra Señora del Pilar y otros, tanto de varones como de hembras o
mixtos, sin años de mantenimientos ni de reparaciones o con reparaciones
de mala calidad y un poco de “colorete” en sus fachadas, son tristes
malos ejemplos a la vista de todos. Y algo similar ocurre con los
existentes en otras provincias.
Dedicados los principales recursos financieros a la construcción de
escuelas secundarias y preuniversitarios en el campo, y no una parte a
la preservación del fondo arquitectónico-docente existente, durante los
años de la fiebre por vincular a toda costa el trabajo agrícola y el
estudio, en una estrecha interpretación de un precepto martiano, los
grandes colegios privados, diseñados y construidos con todas las
exigencias docentes, son ahora viejos fantasmas dispersos por nuestras
ciudades. Fracasado el experimento agrícola-educativo, tanto desde el
punto de vista docente como productivo y económico, hoy también la
mayoría de esas secundarias y preuniversitarios en el campo se
encuentran abandonadas y en estado deplorable, o en proceso de
adaptación como viviendas y albergues para campesinos y obreros
agrícolas.
Despojados los grandes colegios privados de sus nombres originales,
rebautizados utilizando el santoral ideológico oficial y transformados
totalmente, no precisamente para bien, en instituciones grises, han
perdido su personalidad y tradiciones, logradas en años de ejercicio de
la docencia. Además de estas pérdidas, también ha desaparecido el
vínculo generacional donde abuelos y abuelas, padres y madres, hijos e
hijas y nietos y nietas estudiaban en el mismo centro, convirtiéndose
profesores y alumnos en una gran familia, a la que se pertenecía de por
vida. Ser graduado de La Salle, de los Maristas, del Edison, de Belén o
de las Ursulinas, por citar solo unos pocos ejemplos, formaba parte de
la identidad personal y se proclamaba con sano orgullo.
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IVO SI ESA ES TIA CONSUELO COMO TODOS LES DECIAMOS ESTABA CASADA CON EL DR LEOPOLDO ARUS IZNAGA QUE ES EL HERMANO DE CONCEPCION ARUS IZNAGA QUE FUE LA MAMA DE MI PAPA,,QUIEN PUSO LA FOTO COMO SE LLAMA Y DONDE VIVE SI LO PUEDES SABER DIMELO PARA DARTE MAS DATOS DE SUS HIJOS,,NIETOS LUGAR DONDE VIVIA AQUÍ EN CUBA,,ELLA NACIO EN PLACETAS SI MAL NO ME EQUIVOCO,TAMBIEN TENIA OTRA HERMANA QUE SE LLAMABA ROSA CARABALLOSA GALVEZ Y QUE YO SEPA TENIA TRES HIJHOS UN VARON QUE SE LLAMABA MARINO QUE TRABAJABA EN ALGO DE GATRONOMIA OTRA HIJA QUE SE LLAMABA MERCEDITA Y LA OTRA HIJA ES TULA QUE ESTABA CASADA CON EL DR LEOPOLDO ARUS GALVEZ,,,QUE ES HIJO DE GERTRUDIS CARABALLOSA GALVEZ Y DEL DR LEOPOLDO ARUS IZNAGA HERMANA DE MI ABUELA LA MAMA DE MI PAPA
DE LA VEGA ARUS, ME GUSTARIA VER FOTOS DE MIS ABUELOS, DE CONCEPCION Y SU ESPOSO FELIPE DE LA VEGA-
Maria Antonia