viernes, 30 de marzo de 2012

CAPITULO 4 LOS AJUSTES DENTRO DEL MATRIMONIO


El matrimonio exitoso y feliz es un arte y una tarea. Es un arte porque se basa

en pericias que la pareja aprende al atenderse y cuidarse conscientemente el

uno al otro. No es algo accidental. Por consiguiente, es una tarea que exige la

vida para aprenderla, especialmente cuando se consideran las diferentes etapas

que ellos experimentarán juntos: comenzando la familia, cuando los hijos son

adolescentes, los años de madurez y la vejez. La pareja no queda igual, sino

que está siempre cambiando aunque sea lentamente.

Para entrar de lleno en el matrimonio en el sentido exitoso, los esposos deben

estar pendientes de varios aspectos de los ajustes que inevitablemente van a

experimentar o que ya están experimentando y no los entienden. El primer

elemento que todo el mundo piensa que entiende (lo cual no es necesariamente

cierto) es el amor. Nuestra comprensión del papel que juega el amor en el

matrimonio es de suma importancia. Otro aspecto que puede ayudar en los

ajustes en el matrimonio es el de tener algún conocimiento de las diferencias

entre los hombres y las mujeres.

Una de las primeras etapas que la pareja tiene que superar es el ajuste a sus

papeles dentro de la relación conyugal. Algo que puede aclarar algunos

problemas fundamentales en los ajustes es lograr una verdadera intimidad entre

los cónyuges. Este capítulo termina con cuatro claves de compañerismo que

facilitarán un mayor sentido de éxito entre los esposos.

EL AMOR: ¿ES ALGO QUE CRECE Y MEJORA?

El amor es un gran bien que motiva la mayoría de los grandes logros en las

relaciones humanas. Sin embargo, por sí solo y como una emoción humana, no

basta. La realidad es que en una proporción muy alta de los matrimonios el

amor no crece, ni tampoco la comprensión, sino al contrario. Así dice David

Mace:

Como pasan los años del matrimonio, la tendencia es que la pareja no

halla más satisfacción en su relación conyugal, sino un disgusto

creciente.

Es más que lógico que los ajustes requieran su tiempo para tomar su curso para

que los miembros de la pareja no funcionen solos, sino en equipo. En la medida

que se conozcan mejor y ganen confianza, pueden entrar en la primera etapa de

la vida matrimonial, la de la comunión y los conocimientos incipientes. Pero

deben recordar que “el forjar un nuevo estilo de vida y partir de nuestros

diferentes trasfondos culturales exige tiempo y paciencia”.

La verdad es que el amor puede y debe crecer entre la pareja penetrando y

convirtiendo a cada faceta de su relación en una verdadera felicidad y

comprensión. La fórmula de aquella esperanza quizá sea la de Roberto Elliot

Fitch cuando dice:

El amor va entrelazado con el valor, atemperado por el deber, probado

en el sufrimiento, endulzado con la ternura, fortalecido con la

felicidad.

El amor es aquel aspecto sentimental y sicológico de la relación conyugal que

tiene la capacidad de profundizarse, y que debe crecer de atracción a afecto y

eventualmente llegar a ser admiración. No hay una mejor descripción de aquel

amor que tiene la capacidad de crecer y mejorar que la de (1 Corintios 13:4-8ª):

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es

jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo,

no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza

de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo

soporta. El amor nunca deja de ser.

Es bueno revisar regularmente estas cualidades del amor. Mejor aún si uno las

expresa en una forma personal: “El amor mío es sufrido, es benigno...”. Alguien

ha sugerido que es un tanto más relevante si pone su propio nombre en la

lectura: “(su nombre) es sufrido, es benigno...” Cuando una pareja se encuentra

en disgustos o en malentendidos, les servirá de mucho bien el leer, meditar y

aplicar estos versículos a su relación que, supuestamente, se basa en el amor.

Primordial en la relación de los consortes cristianos es su relación con Dios,

porque si han experimentado su precioso amor en sus vidas también han

recibido una capacitación, por la obra del Espíritu Santo, para poder amar

ampliamente a otros. Fíjese en Romanos 5:3-5: Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; (todo esto) porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el

Espíritu Santo que nos fue dado.

Otra vez vemos la diferencia que Cristo hace o puede hacer en la vida conyugal

y también familiar. Las parejas que no se llevan bien precisan ser guiadas a este

punto elemental: ¿conocen el amor de Dios que el Espíritu Santo derrama en

sus corazones al invitar a Cristo a entrar, morar y señorear en sus vidas?

Además, el esposo es instado a amar a su esposa con el profundo y significado

amor agape que Cristo mostró cuando se entregó a la muerte para santificar y

preparar a la iglesia para ser gloriosa. (Efesios 5:25-28.) Dios espera que

el hombre dé la pauta con un amor que no cejará. El ser cabeza del hogar

consiste esencialmente en vivir una vida del amor agape. Es un amor que

requiere la entrega verídica, los más altos motivos de santificar y bendecir su

objeto, la fidelidad y la constancia de estos altos propósitos. Por cierto, se

caracteriza este amor agape por iniciar la relación con un afecto desinteresado.

La naturaleza del hombre es ser el agresor en la relación matrimonial, pero su

iniciativa debe modelarse por Efesios 5:21-23, si quiere tener los más

felices resultados.

Quizá haya más señoras como la que dijo: “Yo no tendría ningún problema en

sujetarme a mi esposo si él me amara como Cristo amó a la iglesia”. Es

interesante que nunca se les manda a las mujeres amar a sus esposos con el

agape y sólo una vez (Tito 2:5) son instruidas a amarles con fileo que es

amor tierno entre madres e hijos; o sea, es un amor que responde a un objeto

que necesita el cariño y la atención. No es que la mujer no sea capaz de amar a

su esposo con agape, sino que sicológicamente (y bíblicamente también) la

esposa espera la pauta amorosa de su marido para devolverle el afecto y el

respeto. Estos conceptos del amor agape (de esposo) y fileo (de la esposa)

son la estructura sobre la cual pueden los cónyuges construir una relación

profunda como Dios realmente propone.

Con todo, el amor es algo que debe crecer y mejorar en nuestros matrimonios.

La Biblia nos reta a seguir el ejemplo de Cristo y la iglesia en su relación de

amor. Sin embargo, no siempre entendemos cómo vivir al tanto de su ejemplo.

Una razón por la que fallamos se halla en nuestra humanidad, específicamente

en que el hombre y la mujer son bastante distintos.

LAS DIFERENCIAS ENTRE HOMBRES Y MUJERES

El doctor Cecil Osborne recalca que hay diferencias ambientales, genéticas y

personales entre el hombre y la mujer, y cuando añadimos las grandes

diferencias emocionales existentes entre ellos ¡resulta sorprendente que haya

tantos matrimonios con éxito!f29 Pero la realidad es que hay muchos

matrimonios desavenidos porque no se comprenden. Son diferentes

especialmente en sus necesidades o esperanzas y en su composición

emocional.

1. Las Necesidades de las Mujeres

La mujer necesita ser protegida, acariciada, amada, pero a la vez desea la

libertad de ejercer sus papeles de ser una madre, una esposa y en algunos

casos una profesional. Ella busca profundamente frecuentes muestras de

reconocimiento, afecto y aprobación. Las pequeñas expresiones de cariño e

interés en ella significan mucho más para la mujer de lo que el hombre se

imagina.

A ella le agrada que se le recuerde, se le halague, se le hagan cumplidos

y se le escuche; quiere que se preste atención a sus sentimientos, aun

cuando a su marido le parezcan pueriles o fuera de razón. La mujer

necesita que le haga sentir su feminidad por medio de la protección, el

cuidado, las demostraciones de afecto sin mostrar deseo sexual y

especialmente siendo aceptada cuando ella se ve inaceptable a sus

propios ojos.

Es tanta la seguridad que ella anhela del varón que le regaña y hasta lo

machaca. Esta es su forma inconsciente para asegurarse de que es amada. En

resumen, la mujer desea en su esposo un tipo de “padre” que sea indulgente y

al mismo tiempo firme, delicado y prudente; un amante, un hombre atento y un

compañero (que sea amigo de primera categoría). Finalmente, y quizá no haya

un punto de más importancia ni que sea más sencillo de cumplir: ella quiere ser

escuchada y que le hablen. Cuando el hombre no toma interés en su mundo y

no le escucha, la mujer lo interpreta como una afrenta personal y se siente

rechazada. Osborne dice: “El hombre satisface la necesidad de la mujer escuchándola, sin discutir a cada paso para mostrarle sus equivocaciones, aun

cuando él sospeche que está equivocada”. Así muestra el hombre una sabia

comprensión a la mujer.

2. Las Necesidades de los Hombres

El hombre necesita que se le haga sentir que es competente, digno de confianza

y valioso. Puede ser que no sea tan capaz, pero necesita ser animado sin darle

lecciones. El espera tener una esposa-madre que le sirva pero que no le

domine; una amante que pueda satisfacerle y a quien él pueda hacer feliz. El

desea que la esposa cuide el hogar y a los niños mientras él se interesa más en

su trabajo y en los pasatiempos masculinos. En realidad, las quejas y los

regaños de la esposa tienen un resultado contrario al que ella espera —estos

sólo consiguen empujar al marido a que se encierre en el bar, con sus

pasatiempos o en un “castillo” de frialdad y silencio. El hombre responde

mucho mejor a la persuasión suave y al tratamiento seductor que a las

exigencias.A veces el hombre explota en una colérica reacción ante las

amenazas de la esposa. Puede ser que sienta que se está poniendo en tela de

juicio su autoridad varonil y su competencia.

3. Las Diferencias Emocionales de Ambos Sexos

La pareja no solamente difiere en sus necesidades (o lo que cada uno desea

para mantenerse equilibrado), sino también en su composición emocional, o

sea, la forma de responder emocionalmente a las circunstancias de la vida

cotidiana. Cuando se levantan estos elementos de contraste entre los

matrimonios, no estamos tomando posiciones dogmáticas, sino simplemente

señalando algunas de las tendencias diferentes entre los sexos opuestos,

reconociendo que hay bastantes excepciones a tales normas.

(1) Osborne muestra que una de las diferencias fundamentales entre los sexos

consiste en que los hombres son básicamente “hacedores” mientras que las

mujeres son “existentes”. El hombre normalmente manifiesta una agresividad en

su trabajo y aun en sus deportes y pasatiempos. Por el contrario, la mujer

tiende a poner más énfasis emocional en su estado de ser mujer, madre, ayuda

o compañera para el esposo, etc. Por la misma razón la mujer es más dada a

una mentalidad espiritual y a frecuentar los cultos en la iglesia. También,

generalmente es la mujer quien acude en busca de ayuda para salvar un matrimonio que se hunde; se frustra fácilmente con el esposo por su falta de

comprensión para el caso.

(2) El hombre es más dado a correr riesgos y asumir responsabilidades. Quizá

no haya una mejor ilustración de esto que en las formas distintas de manejar el

automóvil. Se reconoce que él es más dado a correr y a meterse en el tráfico,

mientras que ella es más cautelosa.

(3) El trabajo es una extensión del hombre mientras que el hogar es una

extensión de la mujer. Cada uno, naturalmente, admira al otro por sus

capacidades de efectuar sus oficios y trabajos. El hombre considera con

asombro y maravilla el nacimiento de los hijos y el cuidado y la paciencia que la

esposa muestra hacia las criaturas. Ella respeta al esposo su capacidad de

ganar el sostén y de proveer una seguridad para la familia. Sin embargo, esta

admiración con demasiada frecuencia queda callada. No deben guardar el

secreto de sus sentimientos. También, a menudo, surge un problema en la

relación interpersonal porque los dos se envuelven tanto en sus ocupaciones,

del trabajo y del hogar, que aquellos se convierte en sus “mundos” de tal modo

que no mantienen interés en las actividades y los problemas de sus cónyuges.

(4) Otra interesante diferencia entre el hombre y la mujer es la del hombre de

exteriorizar y de ella de interiorizar. El marido está acostumbrado a los

negocios, la industria, los sueldos, los hechos, etc., y encuentra la razón de la

vida en tales cosas “externas”; mientras que ella instintivamente espera sentir su

razón de ser por tener el hogar, los niños y la seguridad del amor y cuidado del

esposo. Esta diferencia de exteriorizar e interiorizar a veces se expresa por la

lógica del hombre y el sentimentalismo de la mujer. Por ejemplo, si acaso él

compra carne y la trae a la casa, cuando ella le pregunta, ¿dónde compraste la

carne? él responde normalmente dando el nombre de la carnicería o mercado

donde la compró. Pero si él le hace la misma pregunta a ella, su tendencia es

responderle, ¿por qué me preguntas? ¿no te gusta la carne?

(5) La tendencia del esposo de ser agresivo también afecta su relación con la

esposa. Su instinto es el de conquistar. La mujer se siente más agradada por las

atenciones del hombre. Ella normalmente desea ser conquistada pero con

suavidad y fortaleza. Lo interesante del hombre, aun siendo el agresor, es que

es vulnerable a cualquier amenaza a su capacidad o reto a su imagen varonil.

Esta sensibilidad del hombre es algo sorprendente para la esposa porque ella

imagina que él es lo que pretende ser, esto es, fuerte y capaz.

(6) Por último, hay una diferencia entre los matrimonios en la manera de mirar

al sexo opuesto. Los hombres tienden a ver a las mujeres como a mujeres, o

sea, en su forma física. Por eso su evaluación de las mujeres es a corto plazo.

La mujer tiende a mirar a los hombres en términos de maridos, o sea, de tener

relaciones a largo plazo.

Por cierto, hay otros elementos emocionales que distinguen a los hombres de

las mujeres, pero lo que aquí se ha presentado puede servirnos de alerta y para

estar prestos a considerarnos y comprendernos como pareja.

PAPELES EN EL MATRIMONIO

Uno de los primeros ajustes que encara la pareja cuando se casan es el de

aceptar su nuevo estado de esposo y esposa. ¿Cómo es ser esposo y tomar las

riendas de un hogar, dirigiendo las múltiples decisiones cotidianas? ¿Cómo es

ser cabeza del hogar? ¿Cómo debe sentirse como esposa? ¿Sumisa?

¿Obediente? ¿Contenta y cumplida? Sin duda esta es la primera etapa que la

pareja tiene que superar.

El ajuste requiere que los esposos tengan un sentido de identidad con sus

papeles masculinos y femeninos, de ser compañeros en una íntima unión y de

comenzar a actuar como un equipo. La cuestión primordial en cuanto a los

papeles es la del liderazgo ¿Quién dirige la empresa? Si el hombre es líder en la

relación y en el hogar, ¿cuál es el papel de la esposa? En la mayoría de hogares

se da por sentado que el hombre dirige la empresa y que la esposa le es

sumisa. Pero aun en este arreglo, el hombre generalmente depende de ella para

desempeñar las funciones de ser esposa, comprar los alimentos y criar los

niños. Con frecuencia el esposo le otorga bastante autoridad o libertad para

operar en su campo de responsabilidad y espera que lo haga.

Pablo enseña que debe existir una línea de autoridad en el hogar que comienza

con Cristo, pasa al varón y de él a la mujer (1 Corintios 11:2-12.) Por lo

tanto, la mujer debe vivir en sumisión al esposo, especialmente cuando Cristo

es la cabeza de aquel esposo. (1 Corintios 11:3.) En las ocasiones cuando

Pablo enseña que las mujeres deben sujetarse a sus maridos (Efesios 5:22,

24; Colosenses 3:18), se puede interpretar que Pablo usa la voz media;

esto quiere decir que las esposas voluntariamente se sometan a sus esposos.f35

En Efesios 5:21 Pablo sugiere un sometimiento mutuo: “Someteos unos a

otros en el temor de Dios”. Por cierto, Pablo enseñaba que una igualdad existe entre todos los que son cristianos: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni

libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”

(Gálatas 3:28).

El punto es que en Cristo los dos comparten una vida especial que les provee

mayores posibilidades de poder actuar como el mismo Señor que vino a servir

en vez de ser servido. Son responsables el uno al otro para cumplir sus papeles

como ya están bíblicamente establecidos. Pero también en Cristo hay una

igualdad que hace a cada uno considerar y honrar al otro con el fin de

edificarse en amor. Sería bueno para los dos referirse concienzudamente a las

descripciones de los papeles en Efesios 5:21-33 y 1 Pedro 3:1-7. En

el primer pasaje, el énfasis es sobre los papeles del esposo y en el segundo,

sobre los de la esposa. También el sometimiento muto da oportunidad para el

ejercicio de los dones que cada uno tiene. Es decir, que a cada uno se le debe

permitir funcionar al máximo de sus capacidades en reconocimiento de los

dones que el Señor mismo les dio cuando les salvó (1 Corintios 12:7-12;

1 Pedro 4:10.) Si la esposa tiene mayor capacidad en la administración de

fondos o del negocio, sería sabio tomarlo en cuenta en la división de

responsabilidades en el hogar. En vez de dejar que esta realidad sea una

amenaza para el esposo, basándose en las Escrituras, él puede gozarse en tener

una ayuda “idónea”.

LA INTIMIDAD EN EL MATRIMONIO

Un diccionario define la intimidad como la “amistad, cercanía, comunión,

familiaridad, lo que pertenece al ser más interno, (y) relaciones sexuales”. En el

hogar, la intimidad está estrechamente ligada a la disminución de nuestra

soledad, la satisfacción de nuestra “hambre del corazón” y la participación en el

maravilloso proceso de llenar la necesidad del otro. Tenemos que mantener en

mente que la intimidad es un camino y no una meta. Es un proceso, una forma

de actuar, un modo de pensar que reconoce lo beneficioso de guardar este

valor aun en medio de los cambios y las tensiones súbitas y normales de la vida.

Por cierto, hay aquellos momentos de cercanía que experimentamos, pero

mejor es cuando aquella cualidad tiene continuidad y estabilidad, porque hace

perdurar y endulzar las relaciones cercanas.

Howard J. Clinebell y su esposa, Charlotte, describen cinco configuraciones

comunes de la intimidad en las relaciones conyugales. La primera es aquella del hábito conflictivo, cuando pelear es casi el modo de vivir. El segundo tipo

es el sin vitalidad, cuando el ardor del amor se ha vuelto frío y ellos se resignan

a vivir en su “jaula de hábitos”, asumiendo que todos los matrimonios son así.

La tercera clase de matrimonio es el cordial y pasivo, en el cual no han perdido

el sentido de excitación porque desde el comienzo ellos han sido pasivos

cordiales y convencionales, compartiendo algunos intereses comunes. Sin

embargo, para ellos el sexo toma un lugar de poca importancia. El cuarto modo

es el vital, donde los consocios están intensamente absorbidos sicológicamente

en la vida que comparten, encontrando su razón de vivir en aquella relación. La

relación “total”, la quinta forma, se distingue de la vital en que simplemente hay

más áreas de acuerdo y de compartimiento entre ellos.

Las áreas de la intimidad incluyen lo sexual, lo emocional (sintonizando las

señales del otro), lo intelectual (cercanía en cuanto a ideas), lo estético

(compartiendo experiencias buenas y bellas), lo creativo (les gusta crear

juntos), lo recreacional (jugando y divirtiéndose juntos), el trabajo

(compartiendo tareas comunes), las crisis (cercanía para enfrentar problemas y

dolores), lo conflictivo (encarando y resolviendo dificultades y diferencias), los

compromisos (compartiendo mutuamente el cumplir de los deberes), lo

espiritual (la unidad que trae oración familiar y servicio a Dios) y la

comunicación (la fuente de toda intimidad).f38 Cada pareja puede y debe medir

el nivel de su intimidad reconociendo las áreas en que se sienten satisfechos y

aquellas en que sienten la necesidad de mejorar.

La intimidad es algo que puede crecer, pero también es algo que se puede

perder; o aún peor, morir. Los Clinebell señalan que no debemos concluir que

todas las parejas no pueden ni deben ser iguales, sino que cada una tiene la

opción de escoger lo que considera la forma óptima de intimidad para ellos

mismos. La intimidad es diferente para cada uno. En todos los matrimonios

experimentamos ciclos de acercamiento y de enfriamiento (o separación).

Algunas personas no pueden tolerar la cercanía de la otra persona, ni pueden

compartir sus pensamientos, ni su cuerpo, sino solo por períodos breves. Sin

embargo, casi todos deseamos más intimidad de la que hemos encontrado

hasta ahora. Todos hemos visto las paredes erigirse con mucha facilidad y

rapidez en las relaciones conyugales y familiares, y todos hemos sufrido

deseando que se achicaran o desaparecieran. Siendo esta la experiencia de casi

todas las parejas, hay esperanza para aquellos que realmente están dispuestos a buscar cómo desarrollar su máximum de gozo, placer y creatividad en su

relación matrimonial.

Los Clinebell dan cuatro sugerencias que contribuirán al crecimiento de la

intimidad.f40 Dicen que el crecimiento ocurrirá en la relación matrimonial bajo

las siguientes condiciones:

1. Cuando los esposos corran el riesgo de abrirse el uno al otro.

Se sienten culpables, o amenazados, o si sufren de poca estima personal,

tienden a esconderse detrás de una máscara de autosuficiencia o de

autojustificación. Pero fingir es levantar paredes.

2. Cuando ellos aprendan a estar emocionalmente presentes con el otro.

Quiere decir que prestan atención uno al otro, deseando escucharle. También

es el estar relajados y dar fácil acceso a otros.

3. Cuando ellos desarrollan un alto grado de interés uno hacia el otro.

Es el querer ver al otro feliz, creciente y edificado; el buscar la oportunidad de

hacerle bien y servir de complemento a su vida, reconociendo que la idoneidad

también corresponde del hombre hacia la mujer.

4. Cuando hay una atmósfera de confianza basada en un compromiso de

fidelidad y continuidad.

Cuando ambas partes dicen: “Esta es nuestra circunstancia y nuestra relación,

y juntos resolveremos el problema”, andarán muy adelantados hacia la

intimidad.

CLAVES DE COMPAÑERISMO

Para terminar este capítulo, se considerarán algunas claves de compañerismo,

las cuales sirven como conclusiones para los cristianos en la práctica de la fe en

los ajustes matrimoniales.

1. La Primera Clave Es Mantener el Noviazgo.

El esposo no deje de cortejar a la esposa. Elam J. Daniel recalca que el

noviazgo contiene tres elementos: (1) expresiones orales de amor;

(2) expresiones físicas (o mejor dicho, abiertas o tangibles) de amor; y

(3) la atracción física.f41

Fácilmente se ve lo práctico de todo esto. Los hombres harán mucho bien en

recordar que las pequeñas y frecuentes expresiones de cariño confirman la

necesidad de la esposa de sentirse segura del amor de su marido. El amor

nunca deja de ser. (1 Corintios 13:8.)

2. La Segunda Clave Es la Coparticipación

Como Pablo hizo hincapié con los corintios, a pesar de estar divididos, en ser

colaboradores de Dios (1 Corintios 3:9), también es esta una perspectiva

sana y sabia para la pareja. Pedro reconoció la importancia de funcionar juntos

en el matrimonio “para que no se estorben vuestras oraciones” (1 Pedro

3:7). El misterio de la idea de Pablo en Efesios 5:21, de que los dos se

sometan, el uno al otro, se explica por el hecho de vivir fomentando siempre un

respeto mutuo y de tomarse en cuenta en las decisiones y en el manejo del

hogar. La cooperación es un espíritu de edificación, honor, y de preferencia

para con el otro; en fin, es ver al compañero de la vida sumamente feliz en el

cumplimineto de su papel como cónyuge y pariente. (Véase otra vez

Efesios 5:21-33 y1 Pedro 3:1-7.)

3. La Tercera Clave Es la Sumisión de la Mujer al Esposo.

Es un verdadero misterio, pero es algo fundamental en el plan de Dios para el

ajuste adecuado en el matrimonio. Hemos de recordar que esto es voluntario

por parte de la esposa. La Escritura nunca hace de la esposa una esclava del

marido. La Biblia presenta a la pareja el ideal de una mutualidad (Gálatas

3:28; Efesios 5:21), pero siempre exige que el hombre dé la pauta,

originando una expresión sincera y sacrificial del amor. (Efesios 5:25-29.)

Empero, la sumisión de la esposa tiene una función única en el manejo feliz de la

relación conyugal.

Larry Christenson presenta la sumisión como un medio, no como un fin; es

decir, que no es un estado que se logra sino es la expresión genuina de la mujer

de ser el complemento para su marido. El dice que, en primer lugar, es un

medio de equilibrio social en el cual la mujer reconoce, espera y promueve que

el hombre tome la iniciativa y actúe responsablemente. El problema existe

cuando él abdica su autoridad para gobernar el hogar o cuando lo gobierna con un espíritu demasiado autoritario o con falta de comprensión. Peor aún es

cuando la esposa domina el hogar y al esposo formando dos cabezas sobre él,

creando un estado que por lo menos, es inestable e inefectivo. Lo mejor y lo

ideal de la relación conyugal es, para el hombre, asumir su responsabilidad en

dirigir el hogar. Así los hogares prosperarán y se gozarán proveyendo una

estabilidad en la sociedad.

También Christenson estima la sumisión de la esposa como un medio de

protección. Según la misma naturaleza física y sicológica de la mujer, es lógico

para ella querer tener un galán para protegerla, y a su vez es parte de la razón

por la que Dios puso al hombre como autoridad para ella. En el caso de las

mujeres solteras y viudas, la iglesia es mandada a ser protectora de ellas.

(Hechos 6:1;Santiago 1:27;1 Timoteo 5:3-16.) Las amenazas

físicas, los sustos, las causas de la confusión sicológica y moral abundan en el

mundo actual. Es el plan de Dios ayudar a que la mujer tenga un medio de

protección. Por cierto, el hombre que lleva continuamente el escudo de la fe

cristiana y la armadura espiritual (Efesios 6:10-18) es el más capacitado

para proteger a su esposa y a su familia.

En tercer lugar, y el más interesante de todos, las mujeres tienen en la sumisión

un medio de poder espiritual. Christenson recalca que la sumisión “es mucho

más que una forma externa: es una actitud interna;... es un corazón cubierto con

un velo de honor y reverencia por su esposo”.El espíritu o la actitud de

sumisión voluntaria es tan poderoso como lo fue para Cristo ante el Padre

celestial, quien lo usó para convencer al mundo de su profundo amor y de su

eterno deseo de salvar a todo aquel que en él crea. Pedro insinúa que la mujer

que está sujeta a su esposo tiene un poder de convencimiento sobre él. Como

él dice en 1 Pedro 3:1; “para que también los que no creen a la palabra

sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas”. La forma de servir

al esposo, de querer verle contento y cumplido, de apoyarle en palabra y

oración, de atenderle en sus dolencias y afanes, preocupaciones e intereses, lo

convence de su buena intención hacia él y le motiva a participar en este amor y

aun devolverle a la esposa algo del fruto de aquella buena y santa actitud. A

veces la mujer da la pauta por su ejemplo, desplegando así un poder espiritual

que no necesita palabra, pero en muchas ocasiones inquieta al otro para saber

la razón de la esperanza que hay en ella. (Véase1 Pedro 3:1, 15.)

4. La Cuarta Clave Es el Concepto Bíblico de Ser Siervos el Uno del Otro.

Cuando dice Pablo en Efesios 5:23 que el hombre debe ser cabeza de la

mujer como Cristo es cabeza de la iglesia, surge una pregunta: ¿Qué abarca

ese “como”? Pablo expone en el versículo 25 que Cristo se dio a sí mismo en

amoroso sacrificio para salvar y santificar a la iglesia. Esto es parte del como.

También, en el versículo 27, dice que el esposo debe hacer lo que santifique o

bendiga a la esposa, que la cuide de todo lo que pueda arruinar su vida (“sin

mancha”). También es parte del como. Debe amarla como a su propio cuerpo

(vv. 28, 29), y poner en función la regla de oro. (Mateo 7:12.) Lo

maravilloso de todo esto es que, sí, funciona; es decir, que cuando el esposo

actúa hacia la esposa como Cristo actúa hacia la iglesia, la vida conyugal

funciona mejor y produce los frutos gloriosos que el Señor mismo diseñó en su

plan maestro para las relaciones conyugales (véase Efesios 5:27). Dijimos

al comienzo de este punto que el servicio es un campo para ambos cónyuges.

La sumisión de la mujer es este mismo punto dicho en otra forma. Lo cierto es

que si el hombre mantiene un espíritu servicial hacia su esposa muy poco

problema tendrá ella en someterse a él.

Estos principios pueden frustrarnos grandemente, porque desde la niñez nuestra

experiencia no nos ha preparado para actuar según el concepto de que el

noviazgo, coparticipación y sometimiento sean medios para lograr el

compañerismo matrimonial, sino que nos ha enseñado a considerarlos como

meros deberes en sí.

Sin embargo, el esposo esta siendo retado y animado desde la misma Escritura,

a intentar actuar con la esposa y los suyos como Cristo actuó y actúa con la

iglesia. Sólo Cristo puede convencerle de que vale la pena vivir de este modo.

Algunos, especialmente los esposos, responden que todavía temen que estos

principios les restarán autoridad. Pero ¿perdió Cristo autoridad por morir en la

cruz? ¿Se sometió a la voluntad del Padre celestial porque era débil? Cristo

sabía, al darse en sacrificio, que iba a convencer a muchos del amor de Dios

para con la humanidad. (Romanos 5:8.) Juan 12:32 nos indica que

Cristo calculaba que por morir en la cruz él iba a traer a todos a sí mismo. Así

ha sido desde entonces. Es una paradoja de poder espiritual que el que quiere

ser el número uno (o rey o reina del hogar) debe ser siervo de todos. Si ha

servido este principio para que el Señor de la gloria se relacionara con el

mundo y para ganar nuestro aprecio, ¿no nos puede servir también para

guiarnos en nuestras relaciones más cercanas?

Cuando dice Pablo en Efesios 5:23 que el hombre debe ser cabeza de la

mujer como Cristo es cabeza de la iglesia, surge una pregunta: ¿Qué abarca

ese “como”? Pablo expone en el versículo 25 que Cristo se dio a sí mismo en

amoroso sacrificio para salvar y santificar a la iglesia. Esto es parte del como.

También, en el versículo 27, dice que el esposo debe hacer lo que santifique o

bendiga a la esposa, que la cuide de todo lo que pueda arruinar su vida (“sin

mancha”). También es parte del como. Debe amarla como a su propio cuerpo

(vv. 28, 29), y poner en función la regla de oro. ( Mateo 7:12.) Lo

maravilloso de todo esto es que, sí, funciona; es decir, que cuando el esposo

actúa hacia la esposa como Cristo actúa hacia la iglesia, la vida conyugal

funciona mejor y produce los frutos gloriosos que el Señor mismo diseñó en su

plan maestro para las relaciones conyugales (véase Efesios 5:27). Dijimos

al comienzo de este punto que el servicio es un campo para ambos cónyuges.

La sumisión de la mujer es este mismo punto dicho en otra forma. Lo cierto es

que si el hombre mantiene un espíritu servicial hacia su esposa muy poco

problema tendrá ella en someterse a él.

Estos principios pueden frustrarnos grandemente, porque desde la niñez nuestra

experiencia no nos ha preparado para actuar según el concepto de que el

noviazgo, coparticipación y sometimiento sean medios para lograr el

compañerismo matrimonial, sino que nos ha enseñado a considerarlos como

meros deberes en sí.

Sin embargo, el esposo está siendo retado y animado desde la misma Escritura,

a intentar actuar con la esposa y los suyos como Cristo actuó y actúa con la

iglesia. Sólo Cristo puede convencerle de que vale la pena vivir de este modo.

Algunos, especialmente los esposos, responden que todavía temen que estos

principios les restarán autoridad. Pero ¿perdió Cristo autoridad por morir en la

cruz? ¿Se sometió a la voluntad del Padre celestial porque era débil? Cristo

sabía, al darse en sacrificio, que iba a convencer a muchos del amor de Dios

para con la humanidad. (Romanos 5:8.) Juan 12:32 nos indica que

Cristo calculaba que por morir en la cruz él iba a traer a todos a sí mismo. Así

ha sido desde entonces. Es una paradoja de poder espiritual que el que quiere

ser el número uno (o rey o reina del hogar) debe ser siervo de todos. Si ha

servido este principio para que el Señor de la gloria se relacionara con el

mundo y para ganar nuestro aprecio, ¿no nos puede servir también para

guiarnos en nuestras relaciones más cercanas?

EJERCICIOS DE APRENDIZAJE

Cuestionario:

1. ¿En qué sentido debe crecer el amor entre los cónyuges?

2. Compare los hombres y las mujeres en sus necesidades; o sea, en lo que

cada uno espera en el matrimonio.

3. Compare las diferencias emocionales entre hombres y mujeres.

4. Mencione y explique brevemente las cinco configuraciones de intimidad

matrimonial que proponen los Clinebell.

5. ¿Bajo cuáles condiciones experimentarán los matrimonios un crecimiento en

la intimidad?

6. Mencione y explique brevemente las cuatro claves de compañerismo para la

felicidad conyugal.

Para la Dinámica de Grupo:

1. Haga que el grupo se divida en dos partes y que busquen en

Efesios 5:21-33 y 1 Pedro 3:1-7 los deberes de los esposos y las esposas. Un

equipo se encargará de los deberes de esposos y el otro de las esposas. Se

sugiere que los grupos sean mixtos de ambos sexos o que las mujeres busquen

los deberes de los esposos y que los hombres, los de las esposas. En

preparación para el ejercicio indique lo que usted encuentra en los dos pasajes.

2. Si usted tuviera que presentar una charla sobre los papeles de los cónyuges

en el matrimonio. ¿Cómo la presentaría? ¿Cuáles son los aspectos de ajustes en

relación con los papeles en el matrimonio?

3. Complete las oraciones:

a. Yo esperaba del matrimonio que...

b. Mi esposo/esposa deber ser/hacer...

c. Como esposo/esposa yo debo ser/hacer...

4. En el formulario que sigue haga un análisis de la compatibilidad de una

pareja. Al responder a ello, las parejas pueden compartir sus respuestas. A lo

mejor encontrarán algunas divergencias que pueden ser áreas en las cuales

deben mejorar su relación matrimonial. Como sea, no debe atacar más que un problema a la vez, y deben intentar modificar su conducta como pareja

comenzando con algo que ambos creen que sea fácil de lograr. El éxito

engendra más éxito. Después, pueden intentar un ajuste más difícil.


                                       ¿CUANTO NOS PARECEMOS MI AMOR Y YO?

                                                     (Análisis de Compatibilidad)



    Características                                  Muy Parecidos   Algo Parecidos   Algo Distintos   Muy Distintos

1. Antepasado social

2. Antepasado familiar

3. convicciones de lo bueno y lo malo

4. Ideales respecto al hogar y la familia

5. Educación (cuánto cumplida)

6. Fe religiosa

7. Deseos e intereses

vocacionales

8. Interés en el trabajo del otro

9. Deseo por y conceptos sobre los niños

10. Ambición por el dinero

11. Deseo de lograr una

“posición” en la sociedad

12. Aprecio por las

responsabilidades dentro del

hogar y con la familia

13. Aprecio por las actividades sociales dentro y fuera del hogar

14. El manejo del dinero

15. Hábitos personales como los

de comer, dormir, pasear, congregarse, etc.

16. Círculo de amigos

17. Intereses en la recreación

18. Temperamento

19. Capacidad y cantidad de

hablar

20. Disposición a escuchar

21. Tendencia a criticar

22. Tendencia a apreciar y dar

reconocimiento



CAPITULO 5 EL MATRIMONIO Y EL SEXO (Continuará)